OPINIÓN: “Pregón de Cuaresma” – ‘La trastienda’

Que a nadie confunda este
pregón con otro, que en este se exaltan cuarenta días solo. Cuarenta días donde renacemos de lo que
somos.

Cuarenta días de continuas prisas sin ver
siquiera la punta al cabo; cuarenta días eternos que pasan casi sin verlos; cuarenta días de
nervios que afloran en el pausado discurrir del calendario; cuarenta días mirando al cielo haciendo, de
cada uno soleado, un Domingo de Ramos.

Cuarenta días entre artesanas coronas de
canela y clavo, entre platos entorrijados. Cuarenta días de ayunos voluntarios,
que son muchas las debilidades que dejar a un lado.

Cuarenta días del perfume perfecto de
azahares e inciensos; cuarenta días de un solo tema de conversación y mil formas de
hablarlo; cuarenta
días de almohadas trabajadas sobre vámonos y quietos; de pentagramas de
devociones; de besapiés y besamanos y mil oraciones a flor de labios.

Cuarenta días de sueños que se sueñan
despiertos; cuarenta días donde regresan los recuerdos a la casa de los
sentimientos -corazón de cofrade viejo-.

Cuarenta días de túnicas dobladas
esperando; de cartones revestidos de antifaces rojos, negros, verdes, morados y blancos que
asoman a los escaparates y mudos anuncian que los cuarenta días están
terminando. Cuarenta días de sosegado ajetreo, dando vida a lo que yacía varado.

Cuarenta días suspirando
palmas y olivos; Dolores, Penas, Lágrimas, Amor, Salud bajo los palios.
Cuarenta días como las cuentas de un Rosario de Viernes Santo.

Cuarenta días, y el tiempo no sabe si
anda deprisa o se ha pausado; si el pulso se le para o se le ha acelerado; cuarenta días viviendo
lo que aún no ha llegado aguardándolo, este año, como luna de marzo.

Cuarenta días -¿quién
sabe explicarlos?- donde la cuenta atrás es el fin del
principio que un Domingo de Resurrección anhelamos los cristianos.

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