OPINIÓN: “De refrigerios y otros cambios” – ‘La trastienda’

Uno abre cada día sus redes
sociales, va más allá de la portada de los periódicos, se interesa por conocer
lo que los informativos televisivos tienen en sus guiones, viaja por los diales
radiofónicos compaginando programas divulgativos, noticiarios, musicales… Todo
ello logra mantenerme con los pies en la tierra, aunque con lo que ésta ofrece
casi es mejor separarlos un poco.

Grecia y su corralito,
que le ha hecho una gracia al gallinero europeo que pa´qué.  La Junta de
Andalucía que sigue siendo ese reducto inasequible al desaliento, donde da
igual lo que se haga, porque tiene el beneplácito de un pueblo que, mientras no
sea otro, lo que haga está bien hecho, aunque esté mal hilvanado. Los
ayuntamientos y sus nuevos moradores, donde algunos quieren poner de revés lo
establecido, sin cambiar la quinta marcha –o la sexta- con la que han entrado
en ellos, con lo peligroso que eso puede ser.

El nuevo aire y mayor empuje que,
de momento,  a través de consistorios y
gobiernos regionales, quieren imprimir a determinadas simbologías
colectivistas,
y a ciertas políticas y pensamientos enfocados a mirar por el pueblo, ya
sea en balconadas y fachadas institucionales, o en las fotografías de sus perfiles,
–aunque no pocos de éstos estén enfoscados ya en adobe, y algunos de sus
defensores están hasta adobados-. Dicho  lo cual,
me parece muy correcto.  Reivindicar
derechos que permitan una sociedad tolerante y razonable, tanto como aceptar
que ésta es plural, y hay que respetar a la persona sin importar raza, sexo o
religión (aunque creo que la Constitución
Española
–esa tan asqueada en los últimos años- ya recoge algo así), pero
parece ser que no todos los símbolos son
válidos
para vivir en una comunión perfecta: sobran crucifijos e iglesias. Solo estos, ¿eh?

Para colmo, resulta que ahora don
Mariano
Rajoy
, da la cara y anuncia algo que prometió cumplir cuando llegó, con
mayoría absoluta, al Gobierno de España. ¿Lo recuerdan?

 Lo que prometió no…  Al tal Mariano, digo. Aquél  señor con barba, que culmina las palabras con
eses arrastrándolas, que lo ponen mucho para hacer chistes en los muros de
Facebook y Twitter, que la gente hacen sorna con su apellido (como Rajaostoy y cosas así)

Sí, hombre…  Ese que nos ha sacado de la crisis a base de
sacar de
la crisis a los bancos,
y ponernos a nosotros boca abajo. ¡¡¡Eeeeese!!!

Pues ahora va y nos suelta,
recién cogida la paga extraordinaria (quien la tenga), que las rentas bajas,
las que no superan los doce mil euros, ¡nos ahuyentan el
IRPF!

– 
¿¡Cóóóómo!?

– 
Palabrita del Niño Jesús

– 
¡No diga
usté eso, que le van a llamar facha, hombre de Dios!

Ahora que es válido el humor
negro, sin importar si la gracia la tiene o no, pero se ha perdido la
inteligencia y la integridad, e incluso hay defensores de tan dudoso ingenio,
estaría bien recuperar modelos de tortura para castigar a quienes aprovechan
las ideologías para defenestrar la convivencia pacífica y respetuosa.

¡Que noooo! ¡Por favor! ¡Que es humor
negro!

Ya que estamos en tiempos del todo vale
-que decía el maestro Burgos-, donde para demostrar que somos valedores de
aquello que reclamamos, se pueden justificar las burlas a las creencias ajenas
usando a
Cristo mismo como mofa en dibujos y en manifestaciones –total… Él ya está
acostumbrado, ¿verdad?-. Se puede atropellar el credo entrando en capillas
enseñando melonar, pero ocultando la vergüenza. Se puede atacar al católico,
pero defender al musulmán -por poner un ejemplo muy ilustrativo- aunque sus
exaltados degüellen, quemen, masacren…

– 
¡Eso hizo la Inquisición!

– 
… Y lleva
la Iglesia católica siglos pagándolo. Si hoy se arrepiente el Estado Islámico
(ISIS), verán qué pronto nos olvidamos. Alianza de civilizaciones le llamarían
(Perdón. Eso está ya probado, y se ve que no funcionó como se esperaba).

Pues ya ven, con la que está
cayendo –y aún tiene que caer-, es normal que queramos despegar un rato los
pies del suelo, como ya dije.  Así que qué
quieren que les diga, que
olé por la hermandad del Ecce Homo y su bolsa de caridad de la buena,
por hacer frente a las necesidades de los más pequeños de las familias que aún
padecen precariedades, sin importar si son creyentes o ateos; y, como el
escritor y
diestro capataz Alberto Salas,en el artículo para El Castillo de San Fernando, dentro de
su sección “Abriendo el compás”,  opino que también hay que optar
por renovar en el tema de los refrigerios bajo las andas. Que, en los últimos
años, hay más gente debajo de los pasos que haciendo penitencia bajo un antifaz
delante de ellos.

¡Una de alivio!

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