Manuel Esparragosa González: De todo esto que estamos viviendo saldremos reforzados

La tercera de las hermandades en salir en la jornada del Jueves Santo es la de la Misericordia desde la Iglesia de la Divina Pastora. Para conocer algo más sobre la forma en la que viven este día los hermanos de esta corporación lo hacemos de la mano de  Manuel Esparragosa González.

•¿Cómo estás llevando estos días de cuaresma?

Esta
Cuaresma, como todo el año 2020, está siendo muy especial, marcado por el
fallecimiento de mi amigo, de mi Hermano, Daniel Nieto el pasado 11 de enero,
tras una grave enfermedad. Ello provocó que su comienzo, ya fuera triste de por
sí, pues Daniel y el resto de mi grupo de amigos, la vivíamos muy intensamente
y con mucha complicidad, aprovechando cada hora, minuto o segundo, que esta
bendita época nos ofrece cada año. Aunque hemos intentado sobreponernos y en
homenaje a él, vivirla al máximo, su figura y su recuerdo han estado
permanentemente presentes, como no podía ser de otra forma. En mi caso, he
acudido con más avidez que nunca a mis ensayos de las Hermandades cuyos pasos
tengo el honor de sacar, que es lo que me suele ocupar más tiempo en estos
días, amén de a la multitud de actos que por esta fecha se prodigan. Pero nada
era, ni ha sido igual. Además y para colmo, cuando ya olía a azahar en mi Calle
Comedias y casi lo teníamos al alcance de la mano, esta pandemia, se ha llevado
consigo las poquitas ilusiones (cofradieramente hablando, claro está), que me
quedaban puestas en el 2020.

•¿Qué es lo que más recuerdas de estos días que no podemos vivir debido a la emergencia sanitaria?

Los ensayos
de las Hermandades, el olor a incienso en los dinteles de las Iglesias, los
nervios, las charlas interminables con mis amigos del alma, los planes, el
cuadrar los horarios con los itinerarios delante, mirar continua y
enfermizamente el WindGurú, la cara de mi hijo Manolo, la complicidad y el
aliento de mi mujer Yolanda, la túnica del Huerto de mi hija Candela ya colgada
y planchada, los roscos de mi madre, mis torrijas, a mi padre silbando marchas,
el lunes de traslados, los retranqueos, el ver a un niño del grupo joven con el
senatus por la calle, camino de su Iglesia, envuelto en papel de celofán, a mi
hermana diciendo que todavía no tiene guantes ni capirotes (Dani lo dice en su
pregón), a mi cuñado Arturo refunfuñando porque este año no puede salir en su
Cofradía, porque no le da tiempo a escribir la crónica, a mi hermano exclamando
en voz alta que este año no piensa ver ni una sola, a la Primita diciendo “sí
Tato”, a todo lo que le propongo, a la Cuqui, buscándome las cosquillas y
metiéndose conmigo cada 30 segundos, a los hermanos Portero, pidiendo los
tickets de los palcos, que esta Semana Santa no iban a pisar, la “rampla” de la
Iglesia Mayor, nuestras túnicas negras, con sus fajines azules y sus
escapularios, el comprar el bacalao para el Jueves Santo, las mercerías y
papelerías con decenas de conos puntiagudos de colores detrás del mostrador,
las manzanillas en la Gran Vía, los “hierros” de la Carrera Oficial
desparramados por la Plaza del Rey, el convertirme en un ser absolutamente insoportable
conforme avanzan los días, la Función Principal de mi Hermandad del Santo
Entierro el Domingo de Pasión y mi cirio color tiniebla, al final de la
Iglesia, al finalizar …..y sobre todo, sobre todo, la Ilusión.

•¿Cómo crees que recordarás esta Semana Santa?

Pues la
verdad que no lo sé. Sinceramente. Por mi profesión no es la primera vez, que
vivo una Semana Santa, sin Semana Santa. Es todo raro, muy raro e incluso
triste, muy triste pero sí puedo asegurar que guardo recuerdos entrañables de
esos años que pasé lejos de las aceras, del bullicio, y del espectáculo de
sensaciones de estos días Santos. Siempre habrá algo que nos marque y que
incluso recordemos con cariño y vivamos intensamente. Y una vez que llegue el
Domingo de Resurrección y todo haya pasado, la ilusión y la esperanza de cara
al 2021, renacerán con más fuerza aún. “Dios escribe recto, con renglones
torcidos”. De lo que sí estoy seguro, es que de todo esto que estamos viviendo,
los Cofrades saldremos reforzados.

•¿Cómo piensas que vivirás el Jueves Santo?

De forma
distinta, pero intensamente. Será la primera vez en los últimos 43 años,
quitando los años que estuve fuera, por motivos laborales, que no acompañe a mi
Cristo de la Misericordia y a mi guapísima Virgen de la Piedad el Jueves Santo.
El hecho de no ver ya túnicas negras y azules colgadas por todos los rincones
de mi casa, me desgarra el alma, pero es algo que acepto con resignación y con
la esperanza, de que el “sacrificio” (entrecomillado adrede, pues para
sacrificio el de los sanitarios en los hospitales, el de los transportistas, el
de los comercios de alimentación, el de los militares……) valdrá la pena y nos
reconfortará. Estoy convencido de ello.

•¿Piensas hacer algo especial ese día para recordar que es el día importante de la cofradía en la calle?

Pues seguiré
mi ritual, casi enfermizo de los Jueves Santo, pero sin vestir mi túnica. Los
años han escrito a fuego en mi corazón una serie de ritos e incluso “manías”
para ese día que pienso cumplir a rajatabla. El hecho de no salir, no me va a
quitar todo lo demás. Y eso me reconforta aunque no me llene. Afortunadamente,
mi Cristo y mi Virgen son los pilares de mi fe. Me acompañan siempre. Por
supuesto el Jueves Santo, pero también el día de nochebuena o en la playa, una
tarde agosteña de verano. Pienso en ellos y les rezo, me encomiendo a los dos a
diario, les encargo cosas, e incluso les “regaño” cuando todo no sale como yo
esperaba. Voy mucho a verlos y aunque sepa que la Iglesia vaya a estar cerrada,
les rezo a los azulejos, les tiro un beso y para mi casa. Por ello, el hecho de
que para mí sea Jueves Santo, todos los días del año, además del Jueves Santo,
me da cierta ventaja.

•¿Qué perderemos los cofrades al no ver este año la hermandad en la calle?

Como decía
más arriba, lo que vamos a perder, al menos yo, es la Ilusión. Ilusión de ver
los pasos montados, los hermanos camino de la Iglesia, las bandas afinando, las
puertas que se abren, los niños asomados, a los de la cámara buscando el cartel
del año que viene, los cirios encendidos, el Himno Nacional, Su Marcha, la de
Ella, mi familia alrededor de la Bandera de la Hermandad, la gente que Los
mira, a los que miran a los faldones, incluso a los que comen pipas y charlan,
charlan y charlan en voz alta, el olor del freidor cuando pasas por la puerta y
el hambre que me entra, la Calle Ancha y la esquina de mi tío Manolo, el verlos
recogerse, el bocadillo del final, la vuelta a casa reventado, pero con ganas
de Madrugá, la satisfacción del deber y de la tradición cumplida y una inmensa
paz interior.

Los estrenos
y novedades, también lo serán el año que viene. Son efímeros, no como los
sentimientos. Y pueden esperar…..

•¿Ganamos los cofrades algo con esta situación que estamos viviendo?

Totalmente.
También lo he comentado ya. Sobre todo a apreciar, a valorar y a no dar por
supuestas muchas cosas, que damos por hechas, pensando que tenemos “derecho” a
ellas, sin ser así o al menos sin que Dios quiera que pasen. También para
organizarnos y darnos cuenta que tenemos un potencial tremendo y que juntos
somos mucho, muchísimo más fuertes (la iniciativa “Trepá solidaria” de la que
formo parte, es una muestra de ello). Insisto, saldremos reforzados. Seguro.

•¿Cómo crees que vivirás la Cuaresma y Semana Santa de 2021 tras lo sucedido este año?

Pues con la misma ilusión (otra vez esta palabra mágica) y ganas de siempre.
Un año más “viejo”, pero con más fuerza que un joven, de levantar el Paso muy
muy al cielo, haciendo salirse los varales de sus tinteros con el bendito
estrépito que ello produce, acompañado de mi hijo Manolo. Ensayando, visitando
Iglesias, “pateándome” las calles, charlando con todo el que me encuentre,
escuchando los programas de radio y viendo los de la tele, mirando impaciente y
asustado por si el azul del cielo de cada día es de verdad azul o sólo un
espejismo, y en definitiva sintiendo que la Cuaresma y la Semana Santa son la
época más entrañable y bonita del año. Y decir cómo decía mi amigo Daniel
Nieto, de la manzanilla, “me gusta hasta la buena”…

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