OPINIÓN: “Santa Indiferencia” – ‘El cabildo’

No descubro nada
nuevo al afirmar lo extremadamente fácil que resulta en estos tiempos criticar
todo lo relacionado con las hermandades y cofradías. Críticas que se han vuelto
demasiado virulentas y que suelen ser realizadas desde la más absoluta
ignorancia, estar basadas en tópicos, faltas del más mínimo respeto y que
provienen, por lo general, de personas o colectivos cuyos conocimientos en
cualquier tema cofrade suelen ser mínimos por no decir inexistentes.

Nos acusan, entre
otras lindezas, de centrar nuestra actividad en el día de la salida
penitencial; de vivir una fe no acorde con los tiempos y de que nuestros cultos
públicos, nuestras túnicas y nuestra liturgia carecen de sentido y pertenecen a
otras épocas.

Dicen de nosotros que
malgastamos el dinero en bordados, pasos e insignias con los que hacemos
ostentación de una supuesta riqueza que solo se la creen ellos.

Incluso se nos llega
a hacer responsables, rizando el rizo, de la poca respuesta de los isleños en
las otras fiestas de las que disfruta nuestra ciudad a lo largo del calendario.
Cuantas veces habremos oído eso de “en San Fernando lo que gusta es una
procesión”.

Pues fiel a nuestra
costumbre y a pesar de todas estas críticas, la respuesta de los cofrades será
la santa indiferencia mientras se continúa organizando ciclos de conferencias y
charlas de formación; se siguen montando Nacimientos para conmemorar la Navidad
y sacrificando jornadas de fiesta y disfrute durante una Feria que tendría
mucho menos ambiente si las hermandades renunciaran a montar sus casetas.

Santa indiferencia
mientras colaboramos, en la medida de nuestras posibilidades, ante cualquier
llamada de solidaridad que nos llegue, ya sea de hermanos, feligreses,
entidades benéficas, misioneros, conventos de religiosos o de cualquier lugar
del mundo en el que la tragedia y la necesidad se haga presentes. Eso sí, sería
conveniente que los tiempos de la excesiva discreción quedarán definitivamente
atrás y las obras de caridad de las cofradías se conocieran, guardando siempre
el anonimato debido cuando la ocasión así lo requiriese.

Santa indiferencia
mientras seguimos manteniendo a cientos de familias de artesanos en Andalucía
con nuestros encargos de pasos, bordados e insignias, que dicho sea de paso, se
hacen realidad gracias a donativos voluntarios de hermanos y devotos y en pocas
ocasiones a los fondos de las cofradías. No olvidemos que generar puestos de
trabajo posiblemente sea la mejor acción social en los tiempos actuales.

A pesar de tanta
crítica, poco constructivas por lo general, con santa indiferencia los cofrades
seguiremos dedicando cultos a nuestras imágenes titulares y adorando al
Santísimo Sacramento, verdadero sustento de nuestro fe. Y, guste o no,
continuaremos abarrotando las calles de la ciudad, cuando en la semana más
grande de esta Isla realicemos pública manifestación de nuestra fe, generando
riqueza y movimiento económico para beneficio de nuestros convecinos.

Y todo esto, que para
algunos no será suficiente, lo seguiremos haciendo con la ilusión y el
entusiasmo que nos infunde el saber que nuestro altruista y desinteresado
trabajo es única y exclusivamente por y para nuestras imágenes titulares y por
el afán de servir a la Iglesia a través de nuestras corporaciones nazarenas.

Defectos tendremos
muchos. Pero si la vigencia de nuestras hermandades alcanza ya los siete
siglos, digo yo, que algo bueno tendremos, ¿o no?

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