OPINIÓN: “Diez años de una Magna” – ‘El Cabildo’

Resulta curioso, chocante y hasta
paradójico que en esta cuaresma tan extraña y atípica como la que nos ha tocado
sufrir, y cuando nos acercamos a una Semana Santa en la que no habrá pasos en
nuestras calles, se cumplan diez años de aquel histórico Sábado Santo en el que
San Fernando pudo disfrutar, y de qué forma, de la Solemne Procesión Magna,
organizada como aportación de la Iglesia local y diocesana a los fastos del
Bicentenario de las Cortes. Caprichos del destino (y del coronavirus).

A pesar de haber pasado ya una década,
aún siguen frescas en nuestra memoria las numerosas estampas e imágenes
inéditas que nos ofreció aquella memorable jornada que nuestra ciudad vivió
intensamente desde tempranas horas. Nunca se vio a La Isla tan repleta de
cofrades, isleños y foráneos, que abarrotaron el extenso recorrido oficial y
acompañaron a las hermandades en sus traslados tanto de ida como de vuelta.
Nunca antes se pudo presenciar una mejor catequesis plástica conformada por mas
de veinte pasos en un mismo cortejo, perfectamente coordinados, cumpliendo
horarios de forma exacta y casi sin incidencias destacables (si las hubo se
solventaron de forma discreta para que su incidencia fuera mínima).

Por aquella época tuve la fortuna de pertenecer
a la Junta Permanente del Consejo de Hermandades y Cofradías, así que fui uno
de aquellos privilegiados que tuvimos la responsabilidad de organizar tan magno
acontecimiento, sin duda el hecho que más satisfacciones me ha producido en mis
años de dirigente cofrade y del que más orgulloso me siento. Un orgullo que se
ha ido acrecentando, aun más si cabe, tras haber podido asistir a eventos
similares en años posteriores en localidades vecinas y que habrán podido
resultar igual de exitosos, pero nunca más que nuestra Magna.

Como suelo afirmar cuando hablo con
alguien sobre este tema, el éxito de aquel día no fue fruto de la casualidad,
ni cuestión de buena suerte. El casi perfecto resultado, alabado por todos, fue
la recompensa a un trabajo concienzudo en los cinco años previos, durante los
cuales fueron  incontables las horas
invertidas en reuniones con el fin de tener previsto hasta el más mínimo
detalle, por insignificante que pareciese. Todo estaba estudiado y bajo control
(al menos teóricamente). Todo menos los imprevistos de última hora (que
surgieron y se solucionaron) y la climatología que, afortunadamente, también
quiso sumarse y contribuir al buen desarrollo de la jornada.

Clave en ese arduo trabajo fue el
conseguir reclutar a un magnífico equipo humano capitaneado por Manuel Muñoz
Jordán, que trabajó de forma ilusionada, incansable y coordinada, siendo capaz
de solventar los diferentes obstáculos que sobre la marcha fueron apareciendo
(y que no fueron pocos precisamente).

Y también es obligado mencionar y
destacar la participación decidida y entregada de todas y cada una de las
hermandades, verdaderas protagonistas en ese día; la colaboración incondicional
del Ayuntamiento (personalizada en el alcalde, Manuel de Bernardo y en Fran
Romero); el apoyo casi unánime del clero local (figuras clave fueron los
sacerdotes Salvador Rivera (q.e.p.d.) y Rafael Vez) y el sacrificio de las
distintas cuadrillas de cargadores que tuvieron que redoblar esfuerzos ante
tanta cantidad de pasos en la calle.

En definitiva y como resultado de la
aportación de todos, la jornada del 3 de abril de 2010 quedó marcada con letras
de oro en la historia de nuestra ciudad porque en esa fecha, ya mítica, el
sueño gestado algunos años antes  y que
parecía imposible, se hizo brillantemente realidad convirtiéndose en el acontecimiento
cofrade más importante jamás celebrado en San Fernando.

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