OPINIÓN: “La túnica sagrada” – ‘El cabildo’

Desde esta semana se
están repartiendo las túnicas en varias hermandades de nuestra ciudad como una
señal más de que la Semana Santa se nos acerca de forma apresurada. Túnicas que
para los profanos no será más que un trozo de tela carente de significado pero
que para los cofrades debe ser mucho más que eso.

Hace ya algunos años,
recuerdo haber oído al conocido y recordado cofrade sevillano José Ortiz Diaz
disertar sobre ella en varias conferencias y ponencias. Era especialmente llamativa
la pasión con la que hablaba y especialmente llamativa la enorme importancia
que le otorgaba a la túnica penitencial. Tanto es así, que incluso comentaba
convencido la posibilidad de que en las hermandades  se organizara una ceremonia previa a la Semana
Santa en la que bendecir los hábitos nazarenos que posteriormente se utilizasen
en las salidas procesionales.

Ciertamente, la idea
invita cuando menos a la reflexión, pues la túnica penitencial, como símbolo de
sacrificio, debería tener para cada cofrade carácter poco menos que sagrado, ya
que con ella nos negamos a nosotros mismos, perdemos nuestra personalidad
individual, nos entregamos a la voluntaria penitencia y bajo el anonimato que
ella nos presta, nos presentamos en las calles de nuestra ciudad para dar
público testimonio de nuestra fe.

Desgraciadamente,
estos nobles sentimientos hacia el hábito penitencial, no parecen ser
compartidos en nuestra ciudad por algunos hermanos de fila, en su mayoría
jóvenes, pues no es difícil ver en las recogidas de algunas cofradías, o una
vez acabadas las mismas, supuestos “cofrades” revestidos con la túnica, sin
antifaz y en actitudes poco acordes y nada apropiadas con el atuendo
penitencial y lo que este representa.

En el seno de
nuestras hermandades, deberíamos hacer lo posible para que actuaciones de este
tipo fueran cada vez menos frecuentes, inculcándoseles a los hermanos ese
cariño y respeto hacia lo que es algo más que un simple trozo de tela y
fomentar el orgullo que representa vestir una túnica.

Sin embargo, con
actitudes tan irrespetuosas como las anteriormente descritas solo conseguiremos
equipar nuestros hábitos penitenciales a simples disfraces. Y para disfrazarse
ya está el mes de febrero.

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