Pedro Manzano restaurará a la Esperanza de Triana

La hermandad de la Esperanza de Triana ha celebrado cabildo general de cuentas en el último día del mes de enero de 2022 en la capilla de los Marineros, una cita donde los hermanos han ratificado por unanimidad la propuesta de intervención por parte del restaurador Pedro Manzano Beltrán. Se trata de la misma persona que ya restauró al Cristo de las Tres Caídas de Triana en 2017 y ahora hará lo propio con la dolorosa una vez finalizada la Semana Santa y el aniversario de la coronación canónica el mes de junio. Esta labor consistirá principalmente en realizar una limpieza en la encarnadura de la Virgen, un hecho que no sucedía desde 1989, es decir, hace 32 años.

La retirada del culto se estima a partir de los meses de verano y la imagen estará fuera de la capilla de los Marineros durante al menos cuatro meses.

En este cabildo de más de seis horas de duración, también se aprobó la restauración de la imagen de San Juan Evangelista por Isabel Rabadán del Saz y Juan Alberto Filter Peinado, se dio lectura y aprobación a las cuentas de 2021, del presupuesto de 2022, de la memoria y cuentas del centro de apoyo infantil, y modificación de otras de ellas.

La Esperanza de Triana es una dolorosa con las características del siglo XVII, sin embargo, ha tenido numerosas intervenciones a lo largo del tiempo. En 1816, debió sufrir una importante restauración, realizada por Juan de Astorga con motivo de la inauguración de la capilla. El 2 de mayo de 1898, se produjo un incendio fortuito en San Jacinto, donde estaba la cofradía. La imagen tuvo graves daños y desperfectos y la restauración fue realizada por Gumersindo Jiménez Astorga, siendo una de las intervenciones más determinantes en la configuración de las facciones de la Virgen que conocemos en la actualidad. José Ordoñez devuelve en 1913 a la dolorosa el antiguo esplendor que había perdido con el incendio de finales del siglo XIX y la posterior intervención. La corporación actuó debido a que los vecinos no se identificaban con la imagen. En la actuación, se le aplica de nuevo sombra a los párpados y a las cejas además de devolver matices más cálidos a la pátina de La Esperanza. Sus manos en la década de los años veinte se caracterizan por sus amplios dorsos y dedos escasamente flexionados.

En 1929 y debido a la Exposición Mariana que se celebró en el Salvador, Antonio Castillo Lastrucci le sustituye las manos, le refuerza los ensambles de la castigada mascarilla con telas encoladas y le aplica nuevos aparejos junto a una nueva policromía que intensificara los rasgos castizos característicos. En la última intervención realizada, Luis Álvarez Duarte resanó y consolidó la talla, eliminando los aparejos y yesos que le dio Castillo, y posteriormente pasó a reencarnarla totalmente y a la colocación de unas nuevas pestañas y lágrimas de cristal.

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