He visto el cartel de la Semana Santa de mi pueblo de este año. Uno, el ajeno, lo mira y creerá estar viendo uno de esos de Zamora, Valladolid o de alguna localidad extremeña… Extraño, rancio (de excesivamente seco), algo sin gracia. Porque en esta zona de la baja Andalucía si no hay explosión visual no hay representación de nuestros sentimientos. Y es que ese 《ajeno》 al que me refiero no es sólo al foráneo, al que no le gusta o no entiende la Semana Santa… No. Ese 《ajeno》 también es el que no sabe ahondar en las cosas.
Sí, ha habido carteles horrorosos, hasta similares a este; carteles que parecían más un ‘collage’ de esos que hacíamos en clases de Dibujo (que era como se llamaba entonces a la asignatura de Educación Artística de hoy) a base de recortes. Carteles demasiado picassianos, demasiado surrealistas. Carteles demasiado ‘woke’ por último también. Hasta carteles que se han usado para ciertos activismos (como el de Sevilla del año pasado). Pero este de la Semana Santa de San Fernando tiene una base no estática y casi diría que no estética tampoco; se ha creado a partir de todos los sentimientos, costumbrismos y artes de nuestra Isla. Y ese detalle, que no es detalle sino el todo, es el que hay que vislumbrar primero para apreciar el resultado. Por ello, se hace imprescindible ver el vídeo promocional de la Semana Santa de San Fernando de este 2025 para comprender la sintonía de esta maravillosa obra: este cartel tiene truco.
Que sí, que no es un cartel llamativo. Que no es un cartel paisajístico deslumbrante como hemos llegado a ver en otras ocasiones y de los tantos que hoy se publican. Que puede, a pesar de ello, gustar o no. Que no es un cartel al uso. Es que tampoco nuestra Semana Santa es sólo eso; nuestra Semana Santa es, precisamente, todo aquello que este cartel refleja y Cristo, la Salvación, en medio de todo.






