OPINIÓN: “Llega una nueva cuaresma, continúan los mismos desaciertos” – ‘Fajín de esparto’

Cuarenta días, cuarenta… Así
empezó el pregón del año pasado. Así nos recordaba E. Albarrán cómo se vive y
se siente en San Fernando las vísperas, esos cuarenta días que conforman la
Cuaresma. Cuarenta días, cuarenta, nos decía. De ritos; de via crucis y
funciones; de besamanos o besapies; de escaparates decorados, de olores y
sabores, de conciertos o ensayos; de traslados y montajes, y como no…. de
carteles.

Hay quién piensa que cuantos más
carteles mejor, que así se da mayor realce a nuestra Semana Mayor. Ya no sólo
lo editan las distintas cofradías o asociaciones cofrades consolidadas y de
larga trayectoria, sino que desde hace unos años, a esta moda cartelera se han
sumado bares o negocios que dentro de su programación especial cofrade incluyen
la impresión de su propio cartel. Los costes de impresión han decrecido tanto
que cualquier grupo de amigos pueden perfectamente hacer frente a la edición de
un cartel sin hacer un gran esfuerzo económico. Por tanto, hasta cierto punto
es lógico que este tipo de medio propagandístico se haya multiplicado y que
sean pocas las imágenes titulares de nuestras corporaciones las que se queden
sin salir en un cartel.

El problema quizás no esté en el
número, pues gracias a él podemos ver un elenco de enfoques o detalles de
nuestra Semana Santa. El problema los encuentro en otras cuestiones como por
ejemplo su difusión posterior, su diseño o los actos que llevan aparejados.

Empecemos por estos últimos. Si
echamos un vistazo al programa de cuaresma que ha editado la Concejalía de
Cultura, la gran mayoría de los carteles conviven con otro tipo de acto
complementario, más allá del descubrimiento del cartel. El más tradicional
suele ser la presentación del mismo. Pregoneros frustados o con ansias futuras
de subirse a un atril de mayor entidad que, desgraciadamente, entienden estos
actos como una oportunidad para sacar a la luz sus sentimientos más íntimos o
versar las bondades de los titulares de la hermandad que aparece retratada y no
enfatizan su discurso en la caracterización o análisis de lo representado. Por
otro lado, están aquellos actos en los que a continuación se organiza un
concierto de marchas procesionales. ¡Cuidado con los voceros que se prolonguen
más tiempo del deseado….! El público se empezará a impacientar porque el
gancho para que se llenara la iglesia o el lugar determinado para el acto no
era su presentación sino el concierto que le sucedía… Echo en falta más innovación
en este tipo de actos o directamente la valentía -como si hacen algunos- para
reducir el acto al simple descubrimiento del cartel. Y eso sí, habría que
intentar darle un papel más relevante al autor/a del mismo. Aún no he visto
ningún acto en el que el autor -ya sea pintor o fotógrafo- haya explicado lo
que quiso representar o captar. Desde mi punto de vista, conocer esas
sensaciones serían mucho más interesantes que escuchar los sentimientos de los
voceros. Aunque para gustos, ya se sabe…

Cuestión aparte me merecen los
diseños. Cada vez que veo un nuevo cartel, el fajín de esparto se me ciñe aún más, sufrimiento compartido por
algunas personas a las que se lo he comentado. Huelen a conocimientos de photoshop nivel usuario casero. Pocos
son los que son editados por profesionales de la edición digital, y muchos son
los que vuelven a cometer los mismos errores. Incluso, ya sea por
reconocimiento o episodios de egocentrismo, en los carteles aparecen los
nombres de los “diseñadores” al mismo nivel que el de los autores
que, reiteramos, son los verdaderos protagonismo del mismo. Tipografías
abigarradas, tonalidades no diferenciadas, colocación de logos y símbolos en
lugares no adecuados, que parchean, deslucen y empeoran el producto final. El
recuadro tradicional con el que nos tenía acostumbrado el cartel del Consejo
pasó a mejor vida por anticuado en el diseño. No obstante, de ese recuadro a
los diseños que estamos viendo un año sí y el otro también, hay un sinfín de
recursos y posibilidades que, con la máxima del menos es más, mejorarían la edición. Eso sí, hay que aplaudir que por
ahora no se están publicando carteles con montajes fotográficos de dudoso gusto,
como los que se pueden visualizar en redes sociales. Una cosa es difundir y
propagar la Semana Santa a través de la cartelería y otra jugar con el
ordenador en tus ratos libres con composiciones irracionales e incluso
ofensivas con imágenes que son sagradas y, para muchos, las entendemos como
herramientas fundamentales para llegar a Dios. Al menos a eso todavía no hemos
llegado.

Y por último, como tercer
ciriazo, la difusión. Carteles que, como el del Consejo, llevan desde enero
presentados y que, ¿por respeto a otras fiestas?, no se publicitan hasta la
llegada de la Cuaresma. Y entran en competencia con el del resto de hermandades
o asociaciones por poder colcoarse en el hueco que queda de un escaparate del
eje peatonal Real – Rosario – Colón – San Rafael. ¡Qué triste! ¿No habrá otros
formatos, otras posibilidades para que este medio de propaganda de la Semana
Mayor sea difundido cómo se merece? La soluciones no son nuevas, llevan años
demandándose y sólo es cuestión de aumentar el presupuesto de edición,
impresión y colocación para situarlos en vallas publicitarias, marquesinas, o
incluso en los autobuses urbanos u otros medios. Además de esos otros espacios,
habría otra posibilidad que desde la corporación municipal se podrían plantear
como fomento no sólo a la Semana Santa sino a cualquier fiesta o evento de la
ciudad. El ayuntamiento sigue en obras y la principal plaza de la ciudad
presenta una valla de obras que afea todo el entorno. ¿Y si esa valla se
reconvirtiera en espacio expositivo al aire libre? Con un fondo homogéneo y un
sistema eficaz para quitar y retirar las distintas exposiciones, se generaría
dinamismo y cultura, dando cabida a exposiciones fotográficas varias ya fuese
del año Camarón, de la feria, de la Constitución doceañista, de alguna
exposición itinerante o incluso de concursos fotográficos sobre la propia
ciudad. Crear cultura y difundirla, ya sea patrimonial o cofrade. Dudo mucho
que si no fuese por Islapasión, seríamos capaces de ver todos los carteles que
se editarán en este 2017. A lo mejor si se hubiese creado ese espacio
expositivo en la Plaza del Rey, se podrían haber expuesto en una impresión
especial en gran formato todos esos carteles.

Bueno, todos no. Lo siento, me
niego a poner en el mismo nivel el cartel oficial del Consejo con el editado
por un bar o una peña para anunciar una pseudo procesión ilegítima que, no sólo
no tiene razón de ser, sino que la entiendo como una ofensa para todo cofrade
comprometido.   

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