La lluvia, bendita normalidad

Cuanto le gustaría a este fajín de esparto tener tiempo y hacer un balance de la Semana Santa de esos de tertulia de varias horas con vasos anchos con hielo… de esos de los que empiezas hablando por la cuaresma y terminas ideando (e incluso llegándote a creer posible) la cofradía que te gustaría tener hecha. De esos en los que eres políticamente incorrecto y dices las verdades que muchos piensan, pero que ni los que le dan la voz o el lápiz para opinar al final terminamos diciendo por evitar herir sensibilidades. Porque lo cierto, por mucho que nos vanagloriemos (y éste que escribe así lo hace) que hemos vivido una gran Semana Santa, lo cierto es que algo falla cuando un Sábado Santo estás viendo cofradías y en una pequeña tertulia improvisada la gente joven, los adolescentes, esos que han nacido ya con las RRSS y el youtube a golpe de clic te dicen abiertamente que de los sietes, ocho o nueve días que tiene la Semana Mayor se quedan en San Fernando el día que sale su cofradía y quizás uno más. Y es que, éste que desgraciadamente por otras cuestiones este año ha podido ver poco (aunque bueno y selecto según siempre el prisma del esparto), lo que sí ha notado es que salvando a muchos que pintan canas y que ya también están hartos de semanas santas jerezanas, sevillanas o de otras poblaciones, o salvando a los cofrades de Islapasión o a los de Focois, pocas eran las caras que ibas encontrándote de cofrades isleños referencias en nuestras corporaciones. Y no solo me refiero en la calle Real donde el perfil de las personas es por lógica más heterogéneo sino en esos puntos con sabor que uno sabe que si quiere disfrutar de una cofradía debe estar allí para vivirlo. Por desgracia o suerte para ellos (todo según se mire) en ese día y hora muchos decidieron decir de los pasos en las calles, pero de otras ciudades.  Y cuando uno ha decidido irse fuera, te los vas encontrando en esos sitios. Algo hay, un run run se va haciendo paso que nuestra Semana Santa, aunque sea la más grande para nosotros y siga siendo con diferencia la semana no sólo más bonita sino más importante en todas sus dimensiones para la ciudad, anda algo aletargada. Algo tendremos que mirar en esos balances generalistas, algo habrá que hacer para intentar que esos adolescentes cofrades tengan al menos la duda para irse o quedarse viendo cofradías en la Isla.

Pero como ese sería un tema de tertulia de las que hablaba al principio y en la que también a modo de epílogo saldrían los top ten positivos y negativos de lo que hemos vivido solo me voy a quedar con uno; con mi top one positivo, la lluvia.

Y es que hay que reconocerlo. Este año por la lluvia no hemos disfrutado del lunes de oro, no hemos podido ver lo que los entendidos dicen que es el canon de cofradía expuesta en la calle que viene desde el barrio del Cristo; no hemos podido disfrutar de lo que quizás, patrimonialmente y colas aparte, pueda ser el cortejo más completo de nuestra Semana Santa y que sale desde la Iglesia Mayor ese día; y desgraciadamente no hemos podido disfrutar de lo que decían y supongo que seguirán diciendo es Roma en la Isla, y de esa preciosa cara sin lágrimas que reparte Salud a sus vecinos.

Y hay que reconocerlo. Este año por la lluvia ha habido tres cofradías que algo se han mojado. Que por suerte no estamos hablando de Amor y Sacrificio o La Candelaria con la mojá histórica del Lunes Santo de Jerez, pero que asumieron riesgos y que tuvieron o bien que modificar su recorrido o bien hacer un esfuerzo para completar su recorrido en dos horas menos sin descomponer sus cortejos.

Y hubo agua. Pero eso, simplemente agua. Aunque fuese unas gotas, un chispeo o el chaparrón que cayó justo en el momento en el que el paso de misterio de Prendimiento o el paso palio de Gracia y Esperanza ponían sus zancos en el mármol de sus templos, lo que cayó no era un líquido lleno de virus o de lejía. Era agua, simplemente agua.

Y lo positivo es que, por fin, después de dos años, en los balances de la Semana Santa se hablará de agua. Si mis hermanos de Estudiantes leen esto, entiendo que se molestarán y dirán que esa simplemente agua podría haber caído el lunes anterior y no el lunes más bonito del año. También es cierto. Pero dejando lo particular y entrando en la valoración general, lo positivo es que después de todo lo que hemos vivido, vamos a decirlo claro y perdón por la expresión, después de los dos años de mierda que hemos sufrido, por fin volvimos a celebrar la Semana Santa con pasos en la calle, como siempre nos la habíamos imaginados. Nos olvidamos por fin de veneraciones, qué decir de la de 2020 solo pudiendo salir a un balcón o una azotea y conformándonos con videos, rezos en tu propia casa y todo lo que poco a poco vamos olvidando y dejando atrás en nuestra memoria.

Por fin volvimos a la normalidad, a mirar al cielo y ver que en primavera, aunque no seamos Galicia, es normal que haya probabilidades de lluvia en nuestra tierra, que un cambio de viento provoque que lo que iba para Sanlúcar ahora venga hacia San Fernando.

Y es que, en definitiva, el simbolismo de la lluvia, es que hemos vuelto a llorar, es verdad pero también a valorar la sensatez cuando se intenta hasta la extenuación y al final se ve que no se puede por más que lo quieras por ti y sobre todos por todos los que representas. Y al día siguiente se ha vuelto a sentir la angustia, la intranquilidad, pero también en algunos casos la cara de felicidad de los más pequeños cuando se decidió salir a la calle, un aplauso atronador cuando se abrieron esas puertas de las iglesias cuando había incertidumbre, esos otros aplausos de ánimo para dar fuerza a los que estaban exhaustos ante el esfuerzo; y en lo personal, de ese abrazo que nos dimos cuando la puerta se cerró y vimos que se había arriesgado pero que, después de dos años, lo habíamos conseguido, y que, pese a la lluvia, habíamos vuelto a sentir lo que era revestirse con la túnica tras ese sueño horribilis que con nombre de pandemia de covid19 parecía que nunca iba a dejarnos volver a despertar.

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