OPINIÓN: “En sus vísperas: A mis Esperanzas” – ‘La trastienda’

De entre los paisajes de esta tierra gobernada por azules que
confunden tierra y cielo, hay uno muy concreto que es capaz de dejar sin
aliento. De perfectas líneas que enmarcan un mar quieto que se desborda por sus
orillas y forman esteros.

Ríos de mar salada, que se adivinan en la tez que parece
aterciopelada de esta madre que lo es entre salineras estampas.

Y dirán que hablo de mi tierra, pero pienso en una promesa.
Un quejío en una mañana que andaba perdío, sin rumbo y sin sentío.

Llega ahora el momento de hacer buena la ofrenda que, en ese
día de tormentos, prometí si volvía a mí el aliento sentado en aquellos bancos de los lamentos.

En mi mente rondaba besar su mano cuando su talle tocase el
suelo un día de diciembre que se perfumará de inciensos; rezarle callado frente
a frente, que no hay mayor océano, ni mejores esmeraldas, como el agua de la
bahía, ni estanques con más salero, que los ojos de la Esperanza en sus barrios señeros.

– 
¿Esperanzas, compañero? ¿Sería una a quien
le suplicaste en aquél desespero?

Sí, amigo mío, estás en lo cierto, solo le pedí a una: la
que está en los Cielos. Y hoy que baja de aquél trono de ensueños, voy a darle
mil versos allá donde su nombre repiquen los campanarios isleños como hacía
cuando era pequeño.

Cien pasos separan mis oídos de esas campanas que resuenan a
Martes Santo, y me recorren la espalda los nervios de un penitente del Huerto
camino de cumplir su propio calvario de capirote y cirio cargado.

Los claroscuros se enredan con el humo que me retorna al mes
abrileño, y tras aquél cortinaje etéreo hallo el primero de mis anhelos. Mis
labios describen el momento al acercarme a su lado, y es mi beso una alabanza que
grito para mis adentros.

Verde manto de olivo, que refugia su cuerpo chiquito. Gracia de ese
rincón bendito. De la Pastora, Esperanza que anhelan tus hijos cuando rozan tus
dedos y te miran rogando tu auxilio.

Camino al compás de un inventado trío que teje notas al
abrigo de una triste luz. Y sin darme cuenta llego y allí la tengo:

Oculta en el oscuro momento, en las tinieblas de la noche, tras el
grito del Hijo que rasgó el velo del templo. Entre los muros franciscanos,
donde el hospicio, donde el patio de vecinos, donde el convento, tu nombre como
bálsamo del que espera el consuelo, callando y sufriendo por dentro: Esperanza del
Silencio.

De entre los paisajes de esta tierra gobernada por azules
que confunden tierra y cielo, hay uno muy concreto: tu rostro, Esperanza, que es capaz de dejar sin
aliento. Ríos de mar salada tus lágrimas, y tus pupilas que son mar quieto.

Ancla de nuestras vidas, que son barcos que muchas veces
naufragan, déjame que en vuestras manos deje mi alma varada.

Que en esta Isla donde tanto se clama pidiendo
por aquello que falta, que se siente dolida, engañada y maltratada, que no
falte tu nombre en nuestras gargantas: ¡ESPERANZA!
¡ESPERANZA! ¡ESPERANZA!

Desde este breve rincón desde donde reflexiono; esta Trastienda
que me ayuda a ser yo mismo desde las palabras, y a días de unas fiestas
nostálgicas siempre, os deseo feliz
Navidad
y que 2015 sea un año venturoso.

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