OPINIÓN: “A los Magos de Oriente, mucho carbón e incienso de Los Tres Reyes”

Llegó un nuevo 5 de enero,
ya están por las calles las carrozas con los Reyes de Oriente y esta noche será
de intenso trabajo para muchos pajes que han de traer la ilusión a miles de
casas. El cartero ha hecho -como siempre- una labor encomiable haciendo llegar
a sus Majestades las cartas que ha ido recibiendo en estos últimos días de
tantos niños jóvenes y adultos que tienen Fe en la magia de la Navidad. Pero seguro
que, si le ha dado tiempo a leérselas todas, y como por su sangre también corre
el sentimiento cofrade, se habrá quedado entusiasmado con la de una niña
jerezana del barrio de Picadueñas. Este año, Laura no quiere juguetes sino la
túnica de su hermandad, para poderse vestir por primera vez de nazareno delante
de su Cristo de la Misión.

Ejemplos como éstos, en los que la Fe brota
desde la infinita inocencia de una niña son los que provocan que merezca la
pena todo el esfuerzo por seguir al pie del cañón día a día gestionando una
hermandad ya sea en cuaresma, verano o navidad. ¡Cuántos sinsabores se llevan
los miembros de las Juntas de Gobierno! ¡Qué fácil es poner los puntos sobre
las íes, pero qué difícil es escribir bien esa letra! Esa y todas las que
conforman el título de tu corporación, sea el que sea. Instituciones que
parecen que sobreviven al paso del tiempo sin esfuerzo alguno sólo por la
existencia de sus hermanos y el pago de sus cuotas. Sin hermanos no hay
cofradía. Está claro. Pero sin esos hermanos que como pajes o magos de Oriente,
se desviven y se preocupan por su hermandad cada día y no sólo cuando Baltasar
deja el incienso y uno empieza a quemarlo mientras los días comienzan a ganar a
las noches, esas hermandades no serían lo que son. Y eso lo saben tanto en
Picadueñas, ahora que están empezando o en la parroquia de San Joaquín de El
Puerto de Santa María, donde siente a su Vera Cruz desde hace más de cinco
siglos. O en la Castrense isleña, donde respiran Caridad desde hace 75 años
gracias a la labor incansable de generaciones de hermanos que se han ido
sucediendo en esa labor callada para y por su hermandad.

Y es que, si admirable es el trabajo de los
Magos de Oriente en Navidad, casi de magia podríamos caracterizar esa labor de
los que con su trabajo constante un año más y como si de un milagro se tratara
en estos tiempos que corren, cada hermandad pueda realizar su estación de
penitencia cuando llegue la Semana Mayor.

En pleno s. XXI y con un mundo cada más laico y
secularizado, ¿no es un milagro que existan jóvenes que prefieran estar en su
casa de hermandad antes que en cualquier otro tipo de escenario? ¿No es un
milagro que existan equipos de mayordomía que tengan preparadas las túnicas
para el inminente reparto o todos los enseres casi listos y en perfecto estado
para ir poco a poco montando los pasos procesionales? ¿O es que no es un
milagro que los tesoreros sean capaces de cuadrar el presupuesto de la salida
penitencial cuando ven como la cera, las flores o la música vuelve a subir un
año más?

Benditos magos que no sólo trabajan para rendir
culto a sus titulares y llevar el mensaje de amor y paz de Cristo por cada
rincón de nuestras tierras, sino también por hacer posible que hoy, 5 de enero,
todos esos niños como Laura sueñen más allá de juguetes y tengan en la túnica
de su hermandad el regalo más preciado. Con niños como Laura yo también quiero
seguir siendo rey mago.

¡Qué se mantenga viva la ilusión, bendita esa ilusión!

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