El Pregón de la Semana Santa 2016: la crónica de una semana anunciada



Un pregón diferente, pero muy cofrade, con una introducción novedosa en la que la imagen-no podía ser de otro modo siendo el protagonista de la mañana el periodista Eduardo Albarrán- acompañó a la palabra, y en el que brillaron los nombres propios, aquellos que desde la memoria del pregonero hacen su ser cofrade. Así fue la prosa y el verso en que se deleitó ayer el público que abarrotaba el Teatro de Las Cortes. No tuvo una estructura cronológica, día a día, de Domingo de Ramos a Domingo de Resurrección, pero la Semana Santa que anunciaba este hermano del Ecce Homo quedó dibujada desde muchos ángulos: la distancia de los que están lejos y viven con añoranza estos días, el poso dejado por muchos apasionados que ya no están con nosotros, el sentimiento del que acompaña como nazareno ya sea grande o pequeño, muy pequeño, o de la gente de abajo, la de la carga, o de las manos que prestan su talento en todas las facetas artísticas que tienen su hueco en esta pasión cofrade. No olvidó Albarrán ningún aspecto, ámbito o implicación que hacen de la semana que se acerca la Semana Grande de La Isla. 

Había definido el presentador del pregonero, el también periodista Arturo Rivera, a este joven isleño como perfeccionista. Se notaría en el texto preparado para la ocasión. En el recorrido que hizo por sus hitos puso el acento en otra cuestión que también describe el proceder de este cofrade, la innovación. Con 15 años, recordaba, puso en marcha Islapasión, un portal que se haría indispensable en el mundillo. Desde entonces todo acto cofrade quedaría reseñado en la mencionada web. No resulta extraño con esta perspectiva que el pregonero no dejara a un lado esta faceta cronista con motivo de la cita. Por eso, con sus primeras rimas ponía voz a las imágenes proyectadas en una pantalla que descendió sobre el escenario a una altura que aún permitía dejar a la vista a la presidencia del acto. Eran estampas de la Cuaresma, que ha llenado de citas para muchos ineludibles los días pasados y los días que quedan hasta el inicio de la Semana Santa. Con “cuarenta días, cuarenta/para soñarte despierto/y cuarenta voces en mi voz/para decirte: te quiero” culminaba ese tecnológico principio con tiempo para el reconomiento, pero también para la media sonrisa de los presentes por las imágenes de los albores de la jornada ya mezcladas en el montaje: el saludo unos minutos antes en la puerta con las autoridades y los anfitriones. 

Antes de pronunciar La vida en una semana, su pregón de Semana Santa, con una oración a la Virgen del Carmen cumplía Eduardo una vez más el encargo que recuerda de su padre, “y acuérdate de rezarle a la Virgen del Carmen por mí”, “las últimas palabras que me dijo”. 

Como si pretendiera contextualizar el momento, el pregonero recordó el aniversario que conmemora La Isla: el de la constitución de su primer ayuntamiento, que cumple 250 años. Celebración que le permitió ahondar en la vinculación histórica entre la ciudad y las cofradías. “Además de la Armada, las cofradías son las únicas instituciones propias que permanecen desde entonces en la ciudad”, pronunció. Más que eso, las convirtió en un “elemento identitario de la ciudad”. “No se entiende -y no entiendo- a nuestra ciudad desde sus orígenes sin la devoción a los titulares de sus hermandades y cofradías”, prosiguió. 

También quiso para enmarcar la situación que el primer pregonero elegido para esta Semana Santa, el padre Pedro, pudiera expresarse sobre el Teatro aunque fuera por carta sobre las razones de su renuncia. Y los asistentes escucharon en la voz de Albarrán Orte por qué ayer no era el otro quien se ponía tras el atril: “Un cúmulo de acontecimientos hace que no pueda recitar mis versos, y un exceso de trabajo pastoral no me permitió seguir adelante como hubiera sido lo deseado”. 

Cuando capítulo a capítulo el pregonero se acerca a la Semana Santa, a la que él ha vivido, la que él aguarda, opta por un relato no cronológico, aunque comienza con el Domingo de Ramos; sin detenerse hermandad a hermandad, aunque algunas sean mencionadas y todas en cierta forma reflejadas: a través de los recuerdos, de las descripciones de momentos y detalles, pero sobre todo y muy llamativo de personas, de los nombres propios que han construido ese mundo cofrade del que el pregonero forma parte, y al que también aporta su granito de arena. Por eso habla de la Salle, donde comienza su Semana, “en el mismo lugar que comencé mi transitar en la vida de estudiantes”. Y reflexiona sobre el momento de la juventud donde se vive con algo de desapego la pasión por las hermandades, porque ya se mira más allá de vestir la túnica a otras cuestiones de las cofradías. Por eso sin dejar el Ecce Homo se implicó con el Huerto para vivir “instantes increíbles para un cofrade” en alusión a la Coronación Canónica de la Virgen de Gracia y Esperanza. 


La Procesión Magna del 3 de abril de 2010 le sirvió a Albarrán para comenzar a pronunciar nombres de amigos; la memoria de la Semana Santa que fue, para recordar a buenos y grandes cofrades, algunos ausentes, otros fieles aún a su pasión: Juan Meléndez, Tito Collantes, Pepe Ponce, Joaquín Rodríguez Royo, Pepe Carelli, Ignacio Bustamante Quini, Eduardo Olmo, Pepe Macías, Sebastián Gago Chano, José Antonio Rodríguez Molina… y sobre todo Manolo Muñoz Jordán. “En ti, mi amigo aunque en generaciones no coincidamos, profeso la admiración de los jóvenes cofrades ante quienes no habéis entregado el mayor de nuestros tesoros, el mejor legado: la Semana Santa que tanto quisisteis y que tanto seguís queriendo”. Esa semana que anunció ayer Eduardo Albarrán, cuyo pregón cerró con estas palabras: “La vida es una semana/que vuelve por primavera/y para aliviarnos la espera/venimos esta mañana./ Los folios se van cerrando/que va tocando el adiós/abran ya el corazón/para que de Pasión se llene/y hasta el Domingo que viene/quedan ustedes con Dios. (DIARIO DE CÁDIZ).

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