Faltaban seis minutos para las ocho y media de la tarde cuando la carreta con el Simpecado de la Hermandad del Rocío iniciaba los últimos metros dentro del Coto de Doñana culminando de esta forma un camino que se había iniciado en la jornada del lunes con al recorrido por San Fernando.
Con cara de evidente cansancio tras las tres jornadas de camino, se llegaba al cancelín donde esperaban decenas de rocieros que ya estaban instalados en el Rocío. Un aplauso a su llegada certificó el cariño que los rocieros que no hacen camino en una deseada espera donde se iniciaba la Romería dentro de la aldea.
Sobre el camino por el Coto la mayor noticia fue la normalidad, la falta de incidencias técnicas y únicamente las altas temperaturas que habían marcado las distintas jornadas, especialmente la propia del jueves desde que se realizaran los bautizos en la eucaristía de la mañana.
Tras el paso del cancelín y dejando atrás Doñana el camino hacia la casa de hermandad, en la calle Ajolí, se realizó un recorrido novedoso en comparación con años anteriores. Pasada la Avenida de la Canaliega el cortejo, formado por los romeros isleños, se adentró en la aldea buscando la calle Baltasar Tercero donde saludó a la Hermandad de San Roque. Desde allí siguió por un pequeño tramo de la calle Muñoz y Pabón para seguir por la Plaza Mayor y el Camino de los Llanos y de esta forma cruzar toda la calle Ajolí hasta la llegada a la casa de hermandad.
Allí, los cantes por sevillanas y el rezo de la Salve marcaron los últimos momentos del camino. Ya la hermandad en el Rocío se preparó para vivir una nueva Romería junto a la Santísima Virgen en su aldea.







