“Las hermandades no pueden ser peñas ni las cuadrillas una forma de hacer deporte alejado de Dios”

El Rvdo. P. Juan Enrique
Sánchez Moreno es un joven sacerdote de 37 años natural de La Línea de la
Concepción, donde en la actualidad ejerce de párroco en la iglesia de San Pedro
Apóstol. Actualmente también ejerce como director espiritual del Consejo de
Hermandades de La Línea y de la hermandad del Perdón de esa localidad, además
de ser miembro del Consejo del Presbiterio. 

Desde su nacimiento ha tenido
relación con el mundo de las cofradías y es hermano de las cofradías del
Silencio y de la Patrona de la Línea, del Traslado al Sepulcro de Ceuta, del
Carmen y Servitas de Cádiz y de la sevillana del Gran Poder.

Sánchez Moreno acude a la entrevista con ISLAPASIÓN como la
primera que realiza a un medio isleño desde su nombramiento como delegado
episcopal de hermandades y cofradías de la Diócesis de Cádiz y Ceuta,
nombramiento que Monseñor Zornoza realizó el pasado mes de mayo.

Se muestra afable en el trato y en todo momento no elude
contestar ninguna de las preguntas que le planteamos. A continuación
reproducimos la entrevista con el nuevo delegado episcopal de hermandades y
cofradías al que agradecemos su amabilidad 
con ISLAPASIÓN.

– 
Alguien que es cofrade desde la cuna ¿Cómo asume
el reto de ser delegado episcopal en este ámbito?

Como decía en la primera carta que mandé al mundo cofrade
diocesano, en general con ilusión y al mismo tiempo con temor.

Con ilusión ya que estoy convencido que el mundo cofrade es
una enriquecedora realidad pastoral de la Iglesia, con la que trabajaremos y
acompañarermos con paciencia y, a veces, también con exigencia.

Con temor por los problemas que a veces se dan en este tipo
de asociaciones cristianas de fieles y que no siempre son vividos desde la
eclesialidad.

Por ello, es necesaria mucha paciencia y que progresivamente
el cofrade viva el Evangelio y asuma su ser Iglesia en la parroquia en la que
esté radicado.

– 
Tras más de veinte años de su antecesor en el
cargo ¿Qué carencias ha podido analizar desde su nombramiento?

Todavía estoy aterrizando. Hasta ahora solo he visitado el
Consejo de Cádiz, el de Puerto Real –por una emergencia ya que no tienen
presidente y están en proceso electoral-, el de San Fernando con la toma de
posesión de su Junta Permanente, y el de La Línea.

Carencias como tales no he percibido, lo que existen son
distintos aspectos que, desde las cofradías, se pide que se revisen. De aquí a
diciembre lo que me planteo es ver, luego juzgar y por último actuar.

Evidentemente habrá algunas situaciones en las que haga
falta tomar parte, pero mientras tanto, mi cometido será escuchar y ver tanto
lo que demanda el mundo cofrade diocesano, como los sacerdotes que lo acompañan
como directores espirituales a las hermandades.

Quizás haya habido alguna problemática de comunicación, pero
con lo que es el Secretariado estamos prácticamente a diario en contacto, ya
sea telefónicamente, por correo electrónico o personalmente cuando ello sea
preciso.

Un tema que sí está sonando es el de la formación. Se trata
de un asunto que está sobre la mesa y en el que tenemos que trabajar. Hace poco
Sevilla ha creado una escuela de formación cofrade, pero claro Sevilla es una
realidad y Cádiz es otra. Tendremos que ver como lo articulamos aquí en la
Diócesis.

– 
¿Qué cambios van a suponer la entrada del nuevo
delegado episcopal para las hermandades a corto plazo?

No me planteo cambios concretos, voy a escuchar lo que se
está demandando. El otro día en mi reunión en Cádiz se constataba la llegada de
una juventud que no está formada eclesialmente, surge así la necesidad de una
formación básica que habilite para pertenecer a una Junta de Gobierno; que los
que vayan formando parte de las mismas tengan un conocimiento básico de
Sagradas Escrituras, de liturgia, de lo que es el Estatuto Base en concreto,
que muchas veces algunos ni lo han leído.

Son estos aspectos los que están requiriendo una primera
llamada de atención, así como el propio Estatuto Base Diocesano de 2002, al que
se le han advertido algunas lagunas, que no son grandes problemas en sí, pero
que es susceptible de ciertas delimitaciones o mejoras. Pero de momento, lo que
me planteo es ir recabando información al respecto.

– 
¿Cree que la falta de formación en el mundo de
las hermandades es uno de sus mayores lastres en la actualidad?

Sí, estoy convencido, ya que puedes encontrar a gente que
ronda los cuarenta años con una cierta formación, pero el joven de hoy en día,
que tiene acceso a internet y a medios de comunicación, pero –y hablo de la
zona del Campo de Gibraltar que es la que mejor conozco- con deficiencias en su
formación religiosa.

Tienen mucho conocimiento sobre costaleros, bandas de
cornetas y bandas de palio, capataces de Sevilla, etc, pero después no tienen
mucha idea de lo que es el Santísimo Sacramento, de como se debe comportar uno
en la Eucaristía, etc. Es entonces cuando encuentras un miembro de junta de
gobierno, que se supone que asume un compromiso, a la que la Iglesia le confía
una responsabilidad y resulta que esa persona ni es católica practicante, ni
tiene intención de vivir la fe en su parroquia, ni tiene intención de vivir los
valores del evangelio, entonces chirría la relación entre el supuesto cofrade
que quiere asumir una responsabilidad y la Iglesia que le ha confiado ese
encargo. Y como no se está haciendo bien, surge la problemática mencionada.

Será preciso, por tanto, formar a la juventud y no sé hasta
que punto también habría que revisar la formación de los miembros de junta de
gobierno, pues también existen algunos cofrades de cierta edad que también
tienen que mejorar en este aspecto, aunque la necesidad se haga más latente en
los jóvenes.

En San Fernando puede que no se aprecie, ya que es una zona
que tiene una forma muy particular de vivir la fe, muy próxima, pero si en
otras áreas geográficas de la Diócesis donde esas deficiencias se notan mucho
más. El joven se ve en otra onda y mira las cofradías como una afición pero no
como un compromiso de fe, un encuentro con Jesucristo, etc. Atrae más por el
aspecto estético o folclórico. 

– 
Tras más de una década de vigencia ¿Cree que las
normas diocesanas deben reformarse?

Deben concretarse en algunos aspectos sobre los que no esté
todo legislado o concretado. Pienso que habrá que iniciar un proceso de diálogo
con todos los consejos locales, con hermanos mayores, y en este sentido
convocar tanto la Permanente del Secretariado Diocesano como el Pleno.

Hace falta escuchar, dialogar, intercambiar impresiones y
sobre la base que ya está legislada, ver a que aspectos tenemos que ir dándole
otro matiz, o viendo situaciones de deficiencia o precariedad que se han
producido estos años atrás y que respuestas se le pueden dar.

– 
En este caso ya se ha comentado que se ha creado
una comisión desde el Consejo de Hermandades de Cádiz. ¿Esto va a ser así? ¿Van
a tener el poder de revisar y modificar solo los cofrades de Cádiz?

Probablemente se pida a todos. Don Rafael nos ha pedido que
se vaya trabajando sin prisa pero sin pausa. Supongamos que en enero haya
terminado la visita a los Consejos de toda la Diócesis, a partir de entonces
nos plantearíamos una convocatoria de la Permanente y después, para final de
curso, el Pleno. Y a lo mejor para el curso pastoral siguiente concretar muchos
aspectos, cosas que ahora mismo están en el aire y que no puedo definir de una
forma más concreta.

– 
¿El sistema actual deja a un lado la opinión de
los directores espirituales para dar más peso a instancias superiores a la hora
de un problema en una hermandad?

El director espiritual según el Estatuto Diocesano tiene una
función de acompañamiento, con voz pero sin voto. Lo que ocurre es que antes
que puentear e ir a instancias superiores, lo que hay que fomentar es la
comunión en la parroquia. Es algo recíproco, tanto de la hermandad como del
párroco.

El párroco tiene que ser un hombre de comunión que intente
acercarse y, evidentemente, en aquellos casos en los que se vea que existe una
insistencia pues dar un toque de atención.

Lo que me planteo, tras asumir este encargo del Obispo, es
estar en total contacto con mis compañeros y ver qué es lo que me piden, pero
sin dejarme llevar por un corporativismo donde se justifique lo injustificable.
Dar la razón a quien la tenga, puesto que una de las funciones del delegado
episcopal es ser puente entre los sacerdotes y las hermandades.

– 
En los últimos años se han dado excesivos casos
de miembros de juntas de gobierno que se dan de baja de la misma una vez toman
su cargo y pocos meses después participan en las elecciones de otra hermandad.
¿Se va a buscar que quien salga de una junta no pueda presentarse en otro proceso
electoral en un tiempo determinado?

Sí, es algo que he vivido de cerca en el Consejo local de La
Línea y es uno de los temas que no están legislados en nuestra Diócesis, pero
sí en otras cercanas.

Creo que hace falta diferenciar entre aquella persona que se
va por una situación personal o familiar concreta, ya sea de salud o
enfermedad, y el que se va por haberse enfrentado con la junta de gobierno o no
le hacen caso en un punto o se va por una rabia o una pataleta. Creo que son
dos cosas distintas. En el primer caso, no creo que deba existir ningún
problema para que se reincorporara a su junta o a otra, mientras que el segundo
caso sí debería regularse de algún modo.

Por ejemplo en la Diócesis de Asidonia-Jerez creo hay
estipulados cinco años de inhabilitación para poder pertenecer a una junta de
la Diócesis.

– 
Desde algunos sectores de la sociedad se acusa
al cofrade de vivir una religiosidad vacía, sin contenido. ¿De qué manera
tienen que mirar los cofrades su labor en el seno de la iglesia?

Vacía es desde el punto y hora donde la imagen a la que se
le da culto, y que debe ser un medio para acercarnos a Dios, a veces se
convierte en una especie de sucedáneo. Es conocida por la prensa rosa la
anécdota de la hija de la Duquesa de Alba que hablaba de su devoción al Señor
de los Gitanos, que a ella con eso ya le bastaba y no le hacía falta ir a misa.

Las Sagradas Imágenes desde que la Iglesia las autorizó,
después de todo el problema de la iconoclastia, son un vínculo de comunión con
Dios; pero si me quedo en el rezarle a la imagen y no acudo a la eucaristía, no
me encuentro con Jesús en el Sagrario o no me comprometo en la relación con los
hermanos, entonces se convierte en un ídolo y eso es algo con lo que tenemos
que tener mucho cuidado.

En nuestra Andalucía somos muy del culto a la imagen, pero
esa imagen no termina siendo un vínculo de unión con la divinidad. Y es en este
aspecto en el que tenemos que animar a la gente a que no se quede sólo en eso,
sino que descubra lo que es una religiosidad bien comprometida.

A veces el cofrade tiene el estereotipo, por su propia
idiosincrasia, de ser una especie de altar de culto efímero. Como dicen los
profetas “este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de
mi”, pues no, que el corazón esté cerca del Señor y que todo lo que vive la
religiosidad popular sea para que nos encontremos con el Señor y para que
vivamos la fe.

– 
¿Qué opina de la labor social de las
hermandades? ¿Cree que es suficiente?

Creo
que es importante y muy notable. Se escucha mucho que si una recogida de
alimentos solidaria, la participación en las Cáritas parroquiales, la entrega
del 10%, también algunas hermandades que tienen becas a instituciones o
congregaciones religiosas y eso es algo muy positivo.

Aunque
por desgracia lo que más suene es el aspecto de adquisiciones y todo lo demás
que es importante pero también hace falta dar a la gente un conocimiento de lo
que se está haciendo en el mundo cofrade y el compromiso solidario tan
importante que se está realizando en los últimos años.

Creo que en conciencia cada uno tendrá que ver que es lo que
hace. No son iguales los ingresos que pueda tener una hermandad que tenga un
referente devocional en una localidad concreta, a los que pueda tener una
hermandad de reciente fundación. Tiene que ser un discernimiento de  las Juntas de Gobierno con sus directores
espirituales.

Creo que no es cuestión de hacer unas tasas y unos baremos
sino de ponernos delante del Sagrario y pensar que es lo que nos está pidiendo
el Señor.

– 
A la hora de comunicar al exterior estas
acciones de labor social, ¿Es positivo que las hermandades lo anuncien?

Sí, creo que es positivo. Aunque es cierto que el Señor nos
dice que nuestra mano izquierda no sepa lo que hace la derecha, no tenemos que
hacerlo por tocar una campanilla sino como colectivo humano, que también en
muchos momentos ha sido criticado y muy juzgado de forma peyorativa. Que la
gente sepa que es lo que aportan las hermandades a la sociedad, a las
parroquias y a Cáritas.

Hoy en día que tanto se habla de esa cara solidaria, debe
saberse que las hermandades están bastante comprometidas en la Diócesis. Me
dieron unas estadísticas hace unos meses y era un porcentaje bastante alto.

Por lo tanto no tenemos que estar plenamente satisfechos,
pero sí decir que existe un compromiso notable de las hermandades de la
Diócesis en la dimensión social y de crisis que estamos viviendo en estos años.

– 
Hace muchos años que los grupos jóvenes de las
hermandades no aglutinan a la cantidad de adolescentes que solían formar parte
de estos movimientos ¿Qué hace falta para que los jóvenes vuelvan a las
hermandades?

La junta de gobierno debe de ofrecer a los jóvenes algo más
que utilizarlos  “de pringue”, es decir
limpiar metales, cargar, etc. El joven está pidiendo algo más que simplemente
ser “una mano de obra barata” y que tenemos que ofrecerle a Jesucristo que es
lo fundamental. Cuando el lisiado estaba en la puerta del templo, San Pedro y
San Juan le dicen “no tengo ni oro ni plata, te ofrezco lo que tengo a Jesús
Nazareno”, y creo que tenemos que ofrecer mucho más a Cristo.

Tenemos que ofrecer a Cristo ya sea en grupos jóvenes, o en
cuadrillas de cargadores o costaleros, que también creo que es un área muy por
trabajar. Por desgracia existe quien vive ese tema de la carga como un deporte,
y creo que eso no cabe en un mundo de asociaciones cristianas de fieles y hace
falta reorientar esa visión. Es verdad que mucha gente reivindica que eso está
dentro de la libertad de cada uno, pero aquí no estamos en peñas, sino que en
asociaciones cristianas de fieles y la tarea fundamental de la hermandad es
acercar a la gente a Dios. Y el que no quiera estar junto a Dios, pues igual
tenemos que invitarlo a que desarrolle su afición de otra manera.

– 
Otra de la problemática que se ha suscitado
últimamente es el de las llamadas procesiones ilegales, aquellas fuera del
ámbito de la Iglesia y que van aumentando en número. ¿Qué opinión le merecen?

Ese problema existió en Cádiz en la década de los noventa
del siglo pasado y fue un conflicto fuerte entre el Consejo, la Diócesis y el
Ayuntamiento. Creo que hace falta distinguir una cosa infanti, de otras
organizadas por gente adulta, que están quemadas o rebotadas de hermandades y
que se dedican a escudarse en jóvenes para sacar la procesión que quieren, a su
manera.

Tenemos que tener claro que la procesión es una
manifestación de fe y no es una cabalgata. Desde el momento en el que eso se
vive de manera paralela a la Iglesia entonces algo falla.

También es necesario ver el sentido de la creación de nuevas
hermandades en un lugar, por ejemplo como San Fernando, que ya tiene un número
notable de ellas y algunas de reciente creación. A la gente hace falta decirles
que se impliquen en las hermandades que ya existen, intenta reforzar o reformar
aquella que tiene más dificultad pero deja de jugar a las cofradías.

Una procesión ilegal es jugar a las cofradías, en el que
todo se limita a la salida externa pero sin el compromiso eclesial, que es lo
que se les pide a las hermandades que están reconocidas como tales en las
parroquias.

Por medio del diálogo, hay que hacer ver a esas personas que
reconduzcan su actitud y se integren en comunidades parroquiales y en
hermandades existentes, y no vayan jugando a cosas paralelas, a veces con
imágenes de escaso valor artístico, que más que la devoción fomentan la sorna o
la broma. Más grave aún es hacerlo escudados en gente joven, y viviendo una
pseudo-religiosidad, que no tiene nada que ver ni con Cristo ni con la Iglesia
ni con el Evangelio. O estamos con Cristo y la Iglesia o estamos “meando fuera
del tiesto”.

– 
¿Qué conoce del mundo cofrade de San Fernando?

Desde mi época del Seminario, al estar en la Bahía de Cádiz,
y al ser las hermandades y cofradías algo que me llama la atención y que vivía
como cofrade, pues siempre seguía tanto la vida cofrade de Cádiz como de San
Fernando. Mi amistad también con el padre Alfonso, arcipreste de San Fernando;
además conozco algunas de las hermandades de aquí, ya sea la Divina Pastora,
San José y la del Carmen, a la que hemos acudido en alguna efeméride con el
Seminario.

Y también gracias a vuestro medio, ISLAPASIÓN, que lo tengo
dentro de los favoritos en mi ordenador, estoy enterado de la vida cofrade de
San Fernando. Puedo decir que la conozco desde hace tiempo y que la vengo siguiendo
en la actualidad.

– 
Existe un caso en San Fernando de una hermandad
como es la del Carmen que participa del Consejo de Hermandades pero que no
realiza cabildos de ningún tipo –elecciones o ordinarios informativos- ¿Qué
opinión le merece al nuevo delegado episcopal?

Según tengo entendido tanto la hermandad del Carmen como la
Archicofradía del Rosario de Cádiz están dentro de lo que son las órdenes
religiosas que las amparan. En mi localidad tenemos la Archicofradía de María
Auxiliadora que no tiene nada que ver con el Consejo, pero luego pide ayuda al
Consejo y la llevan los padres salesianos.

Curiosamente en Cádiz la Archicofradía del Carmen está
dentro del Consejo y funciona como una más. Pero claro ahora entramos en una
problemática de derecho canónico ya que las órdenes religiosas dependen, no del
ordinario del lugar, sino de su superior y es algo que se nos escapa un poco de
las manos.

Desconozco la situación concreta del Carmen de San Fernando,
lo que hace falta intentar es, en lo posible , invitarlos a que funcionen como
otra hermandad más, ya que están dentro del Consejo de Hermandades.

No sé si serán intereses de los Padres Carmelitas o de las
propias personas que están llevando la hermandad, lo desconozco. Si esto supone
una gran problemática habrá que intentar entablar diálogo con las órdenes
religiosas y ver de que forma se articula para que tengan una vida como otra
hermandad cualquiera.

Esto debe venir también por una demanda de los propios
hermanos que forman la nómina de estas hermandades.

– 
¿Se ha abierto demasiado la mano a la creación
de nuevas hermandades en la Diócesis?

Creo que tal como está la Diócesis no es que se haya abierto
sino que se ha encauzado para que no haya ni una proliferación excesiva, ni
tampoco esté totalmente restringido. Ante todo, la creación de nuevas
hermandades debe responder a necesidades pastorales. Si no existe una necesidad
pastoral no tienen que crearse nuevas hermandades.

De todas formas existe una figura previa a la fundación de
las hermandades, que son las asociaciones parroquiales, de las que tenemos en
la Diócesis unas cuanta. En este sentido, son acompañadas por sus párrocos a
través de un proceso de maduración en el que, llegado el momento, corresponderá
al sacerdote dictaminar si es procedente su constitución como hermandad. Además
pienso que hace falta que tambiénvenga refrendado por el Arciprestazgo, para
que no sea simplemente la posición o postura de un sacerdote ,sino que el resto
de sacerdotes del entorno comprendan y refrenden que es verdaderamente
necesario en esa comunidad.

– 
En el caso de Coronaciones Canónicas ¿Es posible
que también haya llegado un momento de pisar el freno?

En nuestra Diócesis creo que el número de Coronaciones no ha
sido en excesivo. Con el anterior Obispo, Don Antonio, se coronaron las grandes
devociones, tanto de Patronas como de algunas imágenes dolorosas.

Hoy por hoy pueden ser una, dos o a lo sumo tres las que
pudieran iniciar el mecanismo necesario para la Coronación. Pero es necesario
un proceso de estudio y ver si verdaderamente la devoción es tan fuerte como
para ser reconocida con una Coronación Canónica.

Existen sitios, como la vecina Sevilla, en la que esta
distinción se ha devaluado. Lo que antes era un mérito o un honor de una
imagen, de una devoción tremenda, lo están teniendo hoy en día devociones que
no están a ese mismo nivel.

Aquí en la Diócesis están las Patronas más importantes tanto
Cádiz como San Fernando y de las grades áreas comarcales –La Oliva en Vejer,
Los Santos de Alcalá y La Luz en Tarifa-. Además casos como los de San Fernando
de la Divina Pastora o la Virgen de Gracia y Esperanza.

– 
¿Podríamos decir que tanto la creación de nuevas
hermandades como las Coronaciones pasan por un momento, como la sociedad
actual, de crisis?

Parece que en la década de los noventa hubo un boom que fue
incluso a nivel de venta de vídeos, tiendas cofrades, y se notó un notable
crecimiento que hoy en día podemos ver que existe un pequeño receso.

Creo que mi talante es de receptividad y diálogo pero hoy
por hoy en los porcentajes que tenemos en la Diócesis creo que no existen en
este sentido necesidades imperiosas.

– 
Muchas gracias Padre Juan Enrique por su
amabilidad y mucha suerte en su nuevo cometido.

Muchas gracias a vosotros y a vuestra disposición.
(ISLAPASIÓN). 

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