La noche cayó lentamente sobre Playa de las Piletas y, con ella, llegó uno de esos instantes que solo el Rocío sabe regalar: silencio, fe y emoción junto a la arena. La Hermandad del Rocío de San Fernando vivió ayer uno de los momentos más íntimos y esperados de su camino con el tradicional rezo del Santo Rosario, compartido además con la hermandad de Ceuta, antes del cruce hacia Doñana.
Las arenas sanluqueñas se transformaron en templo improvisado. A la luz tenue de las velas los peregrinos fueron situándose junto a los Simpecados para iniciar el rezo llegada la medianoche. Un rezo que fue iniciado por los sacerdotes que acompañan a estas dos hermandades.
El ambiente estuvo marcado por la emoción contenida de quienes saben que el camino entra ya en su tramo más simbólico. Familias enteras, jóvenes rocieros y veteranos romeros compartieron una estampa profundamente rociera junto a una candela, única que se podrá realizar en todo el camino.
Muchos fieles siguieron el Rosario en Piletas, creando un amplio círculo de devoción en torno al Simpecado isleño. Hubo momentos de absoluto recogimiento, especialmente durante el rezo de los misterios, entre los que se intercalaron varias sevillanas.
La jornada había comenzado horas antes con la llegada de la hermandad a Sanlúcar, tras el peregrinar por La Isla en un lunes de traslado renovado.







