En la jornada de ayer desde el Obispado de Cádiz se anunciaba un cambio sustancial en el órgano que aglutina a las hermandades y cofradías de la Diócesis. Un cambio sustancial por su estructura y diseño ya que del que hasta ahora había sido un Secretariado pasaba a ser una Delegación.
Para muchos puede parecer lo mismo, pero no es igual. Antes las hermandades se regían por este Secretariado que tenía como cabeza visible un Delegado Episcopal, es decir, un sacerdote que asumía las competencias delegadas por parte del Obispo en materia de hermandades y que presidía esta organización. Bajo su mandato estaba un grupo de laicos que encabezaba el Director del Secretariado, que hasta hace unas semanas ha sido el recordado Alfonso Caravaca de Coca hasta su fallecimiento. Caravaca tenía junto a él a un grupo de laicos con los que realizar lo que podríamos decir el trabajo diario, la burocracia.
Ahora esto ha cambiado. El Secretariado ya no es tal sino que es una Delegación. Se suprime la figura del delegado episcopal como sacerdote, y se pone al frente de la Delegación a un laico, en este caso designando a quien hasta ahora había sido Vicedirector de este organismo junto a Caravaca, Rafael Guerrero Pinedo.
Guerrero Pinedo que es, para poner también en situación, Prior de los Servitas de Cádiz. ¿Algo raro no? Es decir para ser Presidente de un Consejo de hermandades y cofradías no se puede ser Hermano Mayor. Pero para ser aquel que está por encima de los Consejos, ahora delegado episcopal de hermandades a la cabeza de esta Delegación, sí se puede. Consistencia no tiene mucha, que digamos.
Tampoco tiene mucha consistencia si ponemos sobre el papel la trayectoria que durante los últimos ocho años ha tenido el que ha sido delegado episcopal de hermandades, Juan Enrique Sánchez Moreno. Cuando llegó, en 2014, afirmaba que «las hermandades no pueden ser peñas ni las cuadrillas una forma de hacer deporte alejado de Dios«. No más lejos de la realidad, y para muestra el propio Secretariado, en el que muchos se han visto dejados de la mano de Dios.
Lo hizo cuando las hermandades más lo demandaban, en el año 2020, con el inicio de la pandemia, cuando su respuesta al resto de Consejos que no eran el de Cádiz capital fue «rezaré por vosotros». Quizás en esto de asumir cargos y tomar decisiones hace falta algo más que rezar.
Y es que las decisiones solo han ido encaminadas a perpetrar a sus cercanos, o a lo que ha interesado según cada momento. Por ejemplo. ¿Es raro que esta decisión llegue ahora en octubre y no antes? Desde la delegación episcopal encabezada por Sánchez Moreno se han modificado las normas diocesanas, si entendemos cambiar cuatro artículos como una revisión certera de una norma.
Una revisión que dejó de lado a los Consejos y a las hermandades, que solo se miró en los problemas que habían tenido en Cádiz capital y que, como gran error en las leyes, se legisló en lo particular y no en lo general.
Pero se cambió la norma para volver luego a utilizarla como ha venido en gana o según los intereses partidistas del delegado episcopal y sus cercanos. ¿A alguien le sorprende que el delegado episcopal se vaya ahora del cargo una vez coronada la Virgen de las Penas de la Archicofradía de la Palma de Cádiz con una prórroga sin fecha de un Hermano Mayor mientras que otras prórrogas se han descartado de raíz?
O como añadir en la normativa que si alguien se va de una Junta de Gobierno no podrá presentarse a otro cabildo en cinco años. Pero asalta el problema de la Hermandad del Huerto de Cádiz, repetimos, de Cádiz, y entonces me salto la normativa que yo mismo he creado en cinco minutos. Las hermandades están indefensas y ahora mucho más.
¿Más? Claro que más. Ayer en el comunicado del Obispado de Cádiz se anuncia la creación de esta Delegación de hermandades que nace con una normativa. ¿Qué normativa? ¿La conocen los Consejos? ¿La conocen las hermandades? ¿Se ha trabajado con ellos para esta normativa? ¿Se le da voz a los que luego sostienen estos entes? Pues no.
Los Consejos de hermandades de la Diócesis conocían ayer la noticia mediante el comunicado del Obispado y la réplicas en medios de comunicación. Ni una simple llamada. Ni una explicación. Nada de nada. Una despedida a la francesa de quien en su mochila guarda muchísimas más sombras que luces.
Las hermandades en estos últimos ocho años han ganado en obligaciones pero no se les ha escuchado, no se hace nada por ellas. Bueno sí, a las que son de Cádiz y el problema está en la puerta entonces sí.
Todo lo mejor para Rafael Guerrero en esta etapa que ahora comienza. Todo el mundo apunta a su amabilidad personal. Dificilmente el clero dejará que un laico pueda decidir algo, que no lo ninguneen, por tanto cuando vengan los problemas de verdad, los del día a día de las hermandades, habrá que esperar que sea el Vicario General o el propio Obispo quien resuelva. Por tanto, más retrasos, más problemas, más de lo mismo.






