El pasado domnigo y dentro de la visita del Papa León XIV a nuestro país se desarrolló un encuentro, bajo el título ‘Tejer redes’, con más de 12 mil personas en el Movistar Arena de Madrid con parte del mundo de la cultura, la educación, la empresa y el deporte.
En este encuentro se reflexionó sobre el diálogo social, la dignidad humana y los retos de un mundo en transformación. Entre las distintas intervenciones destacó, por encima del resto, la del actor malagueño Antonio Banderas. En un discurso medido, en tiempo y forma, el malagueño confesó que su conexión con la realidad eclesiástica se basaba, desde sus orígenes, en la Semana Santa. Criado en una familia católica, vivió durante años alejado de la Iglesia. Instalado en Los Ángeles, buscó respuestas en las místicas orientales y en otras tradiciones. Sin embargo, un regreso a Málaga durante la Semana Santa lo cambió todo. «Me di cuenta de que no tenía que buscar demasiado, que había tenido siempre delante de mis narices esa posible conexión con lo trascendental».
Como esta, otras fueron las claves de su discurso, en el que concluyó que «Estoy aquí confesando haber sido víctima del hechizo de Dios».
Pero este comentario editorial no quiere entrar en el discurso completo de Antonio Banderas, sino lo que supone, siempre intentado llevarlo a nuestro ámbito cofrade más actual. Y es que Antonio Banderas está divorciado de sus dos exesposas, Ana Leza y Melanie Griffith, algo que es reconocido públicamente por el propio actor y productor. Y en esta condición habló, sin tapujo ninguno y sin ningún tipo de probelmas -como debe ser- ante el Papa León XIV. En un acto público, televisado por los grandes medios nacionales y con eco en todos los grandes medios internacionales. Vamos, con la máxima difusión posible. Y nadie tiene problema. Es más, no es que se tenga problema alguno, es que Antonio Banderas ha sido elegido por la propia Iglesia en nuestro país para intervenir en este momento, uno de los más cruciales de la visita del Santo Padre a España.
Y entonces esto nos lleva a una reflexión. La propia Iglesia propone a Banderas para este discurso pero… ¿Esa misma Iglesia es la que no deja que una persona separada o divorciada pueda dar un pregón de Semana Santa de un pueblo cualquiera? ¿Es la misma que no deja que pueda pertenecer a una Junta de Gobierno de una hermandad? La verdad es que suena un poco, solo un poco, contradictorio.
Y es que en nuestra ciudad, a golpe de manotazo en la mesa, no hace mucho tiempo un Arcipreste -de cuyo nombre no quiero acordarme- se cargó a personas por esta misma condición personal cuando a tan solo unos kilómetros de nuestra localidad, en la cabecera de la Diócesis, esto si se puede hacer en un pregón de Semana Santa por ejemplo delante del Obispo diocesano. Y como esta condición de separado o divorciado, otras más, de la misma índole. Y nada, apartados, anulados para la vida diaria de la Iglesia.
¿No será que como en todo, también en esto tenemos clases?
Me lo tienen que explicar. Que yo no lo entiendo.






