Cuando era pequeño escuchaba en un disco de vinilo llamado ‘A son de mar’ algunas marchas e himnos militares gracias al trabajo de la Banda de Música de la Agrupacion de Infanteria de Marina de Madrid. En su primer disco, en la cara A, comenzaba como primer tema el Himno de la Escuela Naval, con letra de José María Pemán y música de Germán Álvarez Beigbeder. Casi ná.
De aquel himno me llamaba la atención la referencia de su última estrofa, en la que encomendaba a España y a Dios el mandato del futuro de aquellos que formaban parte de la Armada española. Ayer, al ver pasar a la Virgen del Carmen Coronada, Patrona de la Armada española y de San Fernando por la calle Real, vinieron de nuevo las palabras que escribiera Pemán en el que también se ha denominado como Himno de la Armada española. Y es que ni España ni Dios, ahora manda el Trambahía.
A pocos meses de celebrar el 125 aniversario de la proclamación de la Virgen del Carmen -sí, la que salió ayer a las calles de La Isla- como Patrona de la Armada vimos una situación, cuanto menos distinta. El paso -sus cargadores- tomaron un ritmo que se podría asemejar al de desfile en el ámbito militar. Mientras sonaba una marcha militar de fondo ‘La Gloriosa’ de Enrique Busto. Quitemos elementos de esta eucación. ¿Puede tocársele marchas militares a la Virgen del Carmen? Pues claro, y además puede y debe ser hasta conveniente como ocurriera algunas horas después con ‘Ganando barlovento’. Sobre esto nada que objetar, evidentemente habrá composiciones que puedan pegar más o menos. Pero a la Virgen del Carmen claro que le pega una marcha militar, igual que un tanguillo como ha ocurrido en alguna ocasión, una sevillana o alguna plegaria cantada.
¿Es correcto el andar del paso como lo hizo ayer en este punto? Pues aquí ya entramos en consideraciones. Un cambio tan radical como este debe estar algo más medido, más planteado, y quizás por la falta de costumbre mejor ejecutado. Pero obviamente es algo que podrá qudarse o no con el tiempo. Es una opción, como pueden existir otras de insistir la hermandad en pasar por la calle Real en este tramo horario en el que en trece minutos se debe recorrer desde Manuel de Arriaga hasta Santísima Trinidad. Es un problema y las soluciones igual hace falta ir viéndolas con el tiempo.
Lo que no es de recibo es el trato a nuestra hermandades. Eso es lo que no debe ser aceptado. Y siempre con el Carmen, y después una vez asentadas estas imposiciones vendrán con el resto. Ojo, es la tercera vez. La primera llegaba con el cambio de itinerario hace dos años para el traslado de ida al Corpus, luego fue la suspensión de un concierto junto a la Iglesia del Carmen y el tercero fue ayer, reduciendo aún más ese tiempo de paso, dejando a la hermandad -o Archicofradía del Carmen, mejor dicho- en una situación complicada.
Se nos llena la boca luego de hablar de Patrona, de devoción más importante de la ciudad, de tantas y tantas cosas. Y en unos meses hablaremos de que el referente para la Armada y tantos otros adjetivos que nos llenarían la pantalla entera. Pero todo eso tiene que materializarse luego, no puede quedar en literatura. No puede ser que el Ayuntamiento de San Fernando publique en sus redes del área de Turismo una información hablando sobre la Patrona, en refrencia a otra imagen. No puede ser que el templo Castrense de la ciudad, cierre sus puertas al paso de la Patrona de la Armada por este punto y no sea recibida por un sacerdote para quien la que por allí transita es su Patrona. No puede ser que una procesión se vea descompuesta por el paso del Trambahía. No puede ser que nos dobleguemos a las tiranías de quienes quieren hacer más pequeño lo nuestro, pero sin ningún problema cortan el tráfico del tranvía para una cabalgata de Halloween de una repercusión ínfima comparado con la afluencia de público ayer y también con la historia y lo que representa.
Por eso, como la última de las piezas que en la cara B del segundo disco de aquel ‘A son de mar’ decía, que no era otra que la ‘Salve marinera’, hasta Tí nuestro clamor Virgen del Carmen para que no tengamos que contradecir a Pemán y reescribir aquello de ‘Y arriba el mandato de España, de Dios… y el Trambahía’.






