OPINIÓN: “La ‘cosificación’ de la Semana Santa” – ‘El Cabildo’

Al igual que en los
últimos años, uno de los temas recurrentes de conversación entre los cofrades
tras la pasada Semana Santa es el del comportamiento poco adecuado de una buena
parte del público que presencia los desfiles procesionales.

Se
quejan, con razón, de su escasa cultura cofrade, del poco conocimiento de lo
que están viendo y de su respeto casi inexistente. Ciertamente, en nuestra
ciudad es prácticamente imposible que se guarde silencio ante determinadas hermandades de corte
fúnebre como Expiración, Desamparados o Santo Entierro; o
que se pueda oír y disfrutar de una
marcha por los gritos, conversaciones y comentarios de personas que parecen
ajenas a lo que ante ellas discurre; o que resulte casi una quimera el no
procesionar ante comedores compulsivos de pipas o grupitos de amigos  e incluso familias con vasos de cervezas y
otras bebidas en la mano.

Y
eso por no mencionar el cada vez menor respeto que se le tiene a los
integrantes de los cortejos (hermanos de fila, músicos, cargadores). Por
cierto, me gustaría recordar a los padres que, aunque ellos no lo crean, la
función fundamental de aquellos que van revestidos con una túnica y portando un
cirio no es la de divertir a sus hijos, sino la de hacer penitencia. 

Este hecho
que comento no es exclusivo de San Fernando, ni mucho  menos. Está  extendido  y  globalizado  y  circunstancias  semejantes  se producen en todas las Semanas Santas de
cierta importancia. Tan es así  que hasta la mismísima Sevilla ha perdido su
admirado y tradicional “saber ver cofradías”.

Buscando
las posibles causas sin duda la primera que se nos ocurre es que la Semana
Santa y el mundo de las cofradías no es más que el reflejo de esta sociedad sin
valores, que nos ha tocado vivir. En
ella prima el derecho a todo y el respeto a nada y de esto las hermandades no
se están pudiendo salvar.

Pero
por otra, también está la “cosificación” de la Semana Santa. Desde las administraciones, a veces desde las mismas hermandades, se ha pretendido
convertir estos días en un producto de consumo, en un atractivo turístico como
otro cualquiera y parece que se ha conseguido pero despojándolos de su esencia
y de su verdadero sentido de celebración religiosa.

Por
eso quizás haya mas cantidad de público que nunca en las calles viendo
cofradías pero con la misma actitud festiva que cuando se sale a presenciar la
cabalgata de carnaval, la de Reyes Mago o los fastos del 24 septiembre.

Lo
peor es que esta situación parece no tener remedio, al menos a corto plazo, por
lo que los cofrades tendremos que ingeniárnosla para buscar aquellos momentos
todavía poco conocidos y con cierto sabor con los que seguir disfrutando de la
Semana Santa, mientras se busquen soluciones. Cosas de los tiempos.

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