No somos cristianos de segunda

No, el titular no es original de este editorial. Es de un abogado sevillano, Joaquín Moeckel, que seguro que lo argumentaría y defendería mejor que en estas pobres líneas. Pero es una frase que cada día cobra más vigencia, especialmente en nuestra ciudad.

Y es que ya está bien… Ya está bien de considerar a los cofrades como cristianos de una categoría (o dos, o tres) por debajo del resto. Ya está bien de menospreciar su participación en la Iglesia (con mayúscula, de la que somos todos). Ya está bien de arrinconarnos y creer que solo estamos para la velita, el bordadito o la florecita (que también). Ya está bueno lo bueno.

Los cofrades debemos dar un paso al frente, sin complejos, para decir alto y claro lo que somos y el papel que tenemos. Pero para esto hace falta lo primero, no tener complejos. Y es que con el paso del tiempo los cofrades nos hemos acomplejado, hemos claudicado ante aseveraciones de quienes no han sabido interpretar lo que significan nuestras corporaciones o han querido con mala baba arrinconarnos sin que nos pasáramos de la raya en lo figurado y lo real -algunos lo entenderán bien-. Y lo han conseguido.

Han conseguido que nos veamos a nosotros mismos como aquellos que pasan por allí, montan -cuando les dejan- un altarcito, y pare usted de contar. Y por favor que vayan a un curso de formación que estos es que no saben nada. No tienen idea de nada. Eso sí, los directores espirituales de formación poquita, que me quita tiempo de otras cosas o de otros grupos que esos sí que saben y no estos cofrades.

Estos cofrades es que son los catetitos de los templos. Y antiguos. Vaya si son antiguos que usan esos ropajes que huelen a naftalina. Anda que se han quedado anticuados los cofrades estos, no como el resto, que avanzamos entre encíclicas y concilios. Supongo que es que eso no es para los cofrades. Creerán que no nos ha llegado. Es que seguimos mirando si la velita está recta o torcida y se nos han pasado los siglos mirando.

Pues sí, antiguos. O muy antiguos. Para eso los cofrades somos continuadores de la historia de la Iglesia local. Mantenedores de una tradición desde el punto de vista cultual. Son, nuestras corporaciones, algunas con más de tres siglos de historia, las que estaban cuando se construyeron los templos, las que en mucha medida los han mantenido, y las que han sabido entroncar y evangelizar de una manera más directa a ese pueblo de Dios que cada vez era menos de Dios.

Pero eso no hace tres siglos, sino en nuestro tiempo. O cuando nuestros pastores quieren sacar músculo frente a la sociedad civil ¿Qué hacen?. ¿Qué hicieron en el 2011 con la JMJ? Tanto a nivel nacional como diocesano. ¿Qué dice usted? Ah sí, sacar pasos. Pasos de las cofradías.

¿Y hace algo más de dos años para conmemorar el 750 aniversario del traslado de la sede apostólica a Cádiz? Espera. Un 7 de julio era. Ah sí, sacar pasos. Pasos de las cofradías. Y así puedes seguir contando una tras otra.

Las cofradías, cuando convienen. Pero mientras quédate en esa esquinita calladito sin alzar la voz. Que para hablar ya estamos el resto, los que sabemos, los formados. Vosotros a cursos de formación. Que os hace falta. Y pagadlos bien.

Pues fíjense en las hermandades y cofradías quizás es donde residan las personas vinculadas a la Iglesia con mayor formación. Y no de saber de la velita o el bordadito. De saber sobre la Iglesia. Pero nos han acomplejado. Nos hemos dejado acomplejar.

Por eso hace falta estar formados para que llegadas a ciertas situaciones saber plantar cara, plantarse ante situaciones de imposición o poder discutir con cierto nivel. Que a veces el interlocutor contrario no tiene (aunque se le presuponga).

Ahora se nos quiere para desarrollar labor social la llaman. Vamos obras de caridad. Que es parecido pero no es igual. Lo que llevan haciendo las hermandades desde sus inicios. Quizás, los que nos bajan de categoría respecto al resto, no sepan que la mayoría de ellas nacieron de gremios, hermandad gremiales le llamaban, que servían para pagar el entierro de sus hermanos como primera finalidad. Vamos, que van a venir a contarnos lo que llevamos haciendo primero con los propios hermanos y más tarde con el que venía sin importar raza, ni religión ni afiliación política, desde hace siglos.

Pero ahora es labor social. Y cuando vienen mal dadas ahora ¿quiénes aparecen? Las hermandades. Allí, en ese barrio de extrarradio que cada vez la cola para pedir es más larga. Las hermandades. Y detrás de ellas los acomplejados. Los que son de segunda.

Esos mismos que no solo amplían su ayuda al prójimo año tras año mediante distintas campañas sino que también hacen otras cosas importantes. Y es que detrás de la velita, el bordadito y el pasito existen oficios. Gente que come de esto. Personas que si las hermandades no trabajan y sus hermanos dejan su tiempo y dinero no comerían. Serían otros más en esas largas colas.

Llevamos casi un año sin ninguna procesión. Sin acto de culto externo alguno. Y algunos siguen sin enterarse de lo que son las hermandades y cofradías. Quizás por desconocimiento, quizás por no quererlo entender o quizás es que le vaya algún interés en ello.

Ahora llega una iniciativa para evangelizar. Sí, evangelizar durante la Semana Santa. Como cuando se labraban los pórticos de las Catedrales. Como cuando se sacan los pasos a la calle cada año. Para explicar la Pasión, Muerte y Resurrección de la manera que llega, de la que los cofrades saben hacerlo mejor que nadie. Pero igual alguno de los formados, de los que no nos quieren por los templos, pues cree que esto es un “show sin fundamento” y sí, está entrecomillado, pues igual no acepta.

O eso, o nos querrán limitar. Como limitan nuestras eucaristías. ¿Limitar las eucaristías? ¿Limitar el encuentro con el Señor? Sí, eso mismo. Y ojito con los horarios para los próximos cultos de Cuaresma, que habrá jaleo. Y es que cuanto menos tiempo estén, mejor. Pero eso sí, cóbrales. Cóbrales más que a ninguno. Que algo tendrán que aportar…

Ya lo dijo Jesús en el templo: “Mi casa será llamada casa de oración. Vosotros, sin embargo, la habéis convertido en una cueva de ladrones”.

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