El Real Teatro de las Cortes volvió a acoger en este Domingo de Pasión uno de los actos centrales de la Cuaresma isleña: el pregón oficial de la Semana Santa de San Fernando. En esta ocasión, Manuel Ángel Cano Vélez asumió la responsabilidad de anunciar la llegada de la celebración, pero lo hizo alejándose de los moldes habituales para ofrecer un discurso que trascendió la exaltación clásica y se convirtió en una narración profundamente personal.
El pregón se configuró desde el inicio como una obra íntima, emocional y autobiográfica, en la que el pregonero no se limitó a describir la Semana Santa, sino que la explicó desde su propia experiencia. Cano se presentó ante el público como cofrade, pero también como hijo, amigo y ciudadano, construyendo un relato en el que la vivencia personal se convierte en el eje del discurso.
Un comienzo en clave simbólica: poesía y teología de la Pasión
La intervención arrancó con un prefacio en verso que situó al oyente en un plano simbólico. En este inicio, la figura del Niño Jesús aparece descrita desde la ternura, pero con una clara anticipación de su destino en la cruz. Este recurso introduce desde el primer momento el eje teológico del pregón —la Pasión— y establece el tono emocional que se mantendrá a lo largo de toda la intervención.
Tras este arranque, Cano dirige su palabra a la Virgen del Carmen, que se convierte en una presencia constante en el texto. La devoción mariana del pregonero no aparece como un elemento puntual, sino como un hilo conductor que atraviesa el discurso, reforzando el carácter espiritual y personal del pregón.
Agradecimientos que construyen memoria
El bloque inicial de saludos y agradecimientos adquiere una dimensión que va más allá de lo protocolario. Cano lo utiliza como un espacio para visibilizar vínculos personales y afectivos, configurando desde el principio uno de los pilares de su intervención: la Semana Santa como herencia emocional.
En este apartado destaca especialmente la figura de su padre, a quien reconoce como el origen de su formación cofrade y cuya presencia se mantiene a lo largo del pregón a través del recuerdo. También cobra relevancia la mención a su amigo Pepe Fernández, con quien reconstruye una historia compartida de fe, amistad y vivencias cofrades que se remonta a décadas atrás.
Este enfoque refuerza una idea que se repetirá durante todo el discurso: la transmisión generacional como elemento esencial de la religiosidad popular.
San Fernando: historia, identidad y construcción simbólica
Uno de los tramos más amplios del pregón está dedicado a la ciudad de San Fernando. Cano no se limita a situar la acción en ella, sino que la convierte en protagonista del relato. A través de un recorrido histórico, el pregonero menciona distintas etapas y culturas que han formado parte de su evolución, desde los primeros asentamientos hasta su configuración actual.
Este recorrido histórico se combina con una lectura simbólica y poética de la ciudad. San Fernando es presentada como una creación singular, casi como una obra perfecta, lo que permite reforzar la idea de que la identidad de la ciudad y su Semana Santa forman una misma realidad inseparable.
En este planteamiento, la Semana Santa no es solo una celebración, sino una expresión de la propia ciudad.
Un pregón estructurado como un itinerario vital
El desarrollo principal del pregón se articula en capítulos vinculados a templos y enclaves de San Fernando. Sin embargo, estos espacios no funcionan únicamente como referencias geográficas, sino como puntos de anclaje de la memoria personal del pregonero.
El recorrido comienza en la Capilla de la Estrella, asociada al colegio de La Salle y a la infancia de Cano. En este pasaje, el pregonero evoca sus primeras experiencias cofrades, como la salida en la Borriquita, describiendo sensaciones propias de la niñez que conectan con la dimensión más temprana de la fe.
El capítulo dedicado a San José Artesano introduce uno de los momentos más íntimos del pregón. En él, Cano se detiene en el columbario donde reposan las cenizas de su padre, integrando el recuerdo personal en el discurso y mostrando la continuidad del vínculo más allá de la ausencia.
La Iglesia del Cristo abre paso a una evocación de la casa familiar construida a través de los sentidos. El pregonero asocia cada uno de ellos a distintos miembros de su entorno, componiendo una imagen emocional de la familia. En este mismo bloque, introduce una reflexión sobre el papel de la mujer en las cofradías, destacando su integración en la vida cofrade y su presencia en distintos ámbitos.
Experiencia estética y vivencias recientes
El capítulo dedicado a la Vera-Cruz recoge una vivencia cercana en el tiempo. Cano describe el impacto emocional de un momento vivido en la víspera del pregón, al abrazar al Cristo, una experiencia que presenta como especialmente significativa dentro de su trayectoria personal.
Este pasaje añade una dimensión estética y espiritual al discurso, reforzando el carácter vivencial del pregón.
La Semana Santa como realidad colectiva
Más allá de la experiencia individual, el pregón incorpora una reflexión sobre la dimensión colectiva de la Semana Santa. En el apartado dedicado a la Sagrada Familia, Cano pone en valor el papel de los cargadores, reconociendo su importancia dentro de las hermandades como quienes sostienen físicamente las imágenes.
Por su parte, el capítulo de la Divina Pastora recoge vivencias relacionadas con la juventud cofrade, destacando la importancia de los grupos parroquiales como espacios de convivencia, aprendizaje y construcción de la identidad cofrade.
La Casería y el anhelo de la Virgen de la Paz
Uno de los núcleos más relevantes del pregón es el dedicado a La Casería y a la Virgen de la Paz. Cano presenta su primera salida procesional como un sueño largamente esperado, compartido por generaciones de cofrades desde hace décadas.
Este momento es tratado como un acontecimiento de especial relevancia dentro de la Semana Santa de 2026, con un marcado componente emocional y simbólico.
La música como lenguaje del pregón
La música aparece de forma constante a lo largo del pregón, integrada en el discurso como un recurso expresivo que contribuye a reforzar su carga emocional. No se trata de un elemento accesorio, sino de una herramienta que acompaña y subraya los distintos pasajes del relato.
El cielo cofrade y la memoria de los ausentes
El pregón también incorpora referencias a quienes ya no están, pero siguen presentes en la memoria colectiva de las hermandades. Cano introduce esta idea como una forma de conectar la dimensión terrenal y espiritual de la Semana Santa, integrando el recuerdo en el propio discurso.
La Iglesia Mayor y el Nazareno como eje final
El recorrido culmina en la Iglesia Mayor, donde el pregonero centra su atención en las principales devociones de la ciudad. En este contexto, Jesús Nazareno aparece como la esencia de la religiosidad isleña.
Cano describe la relación cotidiana de los fieles con la imagen, aludiendo a prácticas habituales como las visitas, las oraciones y las peticiones, integrando así la devoción en la vida diaria de San Fernando.
Un cierre íntimo para un pregón autobiográfico
El tramo final del pregón mantiene el tono que ha definido toda la intervención: cercano, personal y emocional. Cano cierra su discurso reafirmando la idea de la Semana Santa como una experiencia vivida, compartida y transmitida.
El resultado es un pregón extenso, profundamente arraigado en la ciudad y construido desde la verdad personal. Más que una exaltación al uso, la intervención se presenta como una narración de vida en la que la memoria, la fe y la identidad isleña se funden en un mismo relato.







