La Virgen de las Aguas del Museo se entrelaza a Sevilla con su extraordinaria tras tres años de ausencia

Primaveral tarde de otoño para recibir a María Santísima de las Aguas en las calles de Sevilla, dos siglos y medio después de ser modelada por Cristóbal Ramos, en 1772. Quedó ajustada la cuenta, tras un trienio sin procesionar el Lunes Santo a causa de la pandemia y la lluvia, con una tarde para enmarcar y una noche llena de momentos inolvidables.

Un altar efímero se había instalado en la explanada contigua a la Capilla del Museo, donde la Virgen presidió una misa estacional entronizada su paso de palio, presidida y predicada por el arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses. Junto con la posterior procesión, este pontifical ponía el broche a la Misión Evangelizadora iniciada el año pasado con motivo de la citada efeméride. Cientos de sillas blancas rodeaban el altar, ocupadas por hermanos, representaciones de hermandades invitadas y autoridades, en la confluencia de la Plaza del Museo con la calle Alfonso XII.

El pastor de la Iglesia sevillana se centró durante la homilía en la importancia de la oración. “La fe es la fuerza que cambia en mundo y lo transforma en el reino de Dios, y la oración es expresión de la fe. Cuando la fe se colma de amor a Dios, reconocido como padre bueno y justo, la oración se hace perseverante, insistente; se convierte en un grito del alma que penetra en el corazón de Dios… Ella, María Santísima de las Aguas, está presente entre nosotros, y nos enseña a rezar, a meditar cada acontecimiento de nuestra vida, en el silencio del corazón. Ante Dios, ante la Sagrada Expiración de Nuestro Señor Jesucristo, para poder entender su voluntad; para ser capaces de aceptarla”, manifestó el prelado.

Estuvieron presentes durante la ceremonia el teniente de alcalde y delegado de Gobernación y Fiestas Mayores del Ayuntamiento de Sevilla, Juan Carlos Cabrera; el delegado del Gobierno de Andalucía en Sevilla, Ricardo Sánchez; la delegada de la Consejería de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, Minerva Salas López; el presidente del Consejo de Hermandades de Sevilla, Francisco Vélez; así como demás portavoces de grupos municipales.

Dentro de la citada Misión Evangelizadora, y en alusión a la advocación de esta Dolorosa, patrona de Emasesa desde 1998, la Hermandad del Museo ha proyectado la ejecución de varios pozos de agua potable en zonas rurales de Zambia, a través del proyecto denominado “Aguas de vida”, en colaboración con Manos Unidas, abasteciendo a 6.500 personas. La colecta de la misa estacional fue en favor de esta causa.

Minutos antes de las nueve de la noche, el capataz Vicente Nieto llamaba a sus hombres para comenzar este elegante paseo a la Virgen de las Aguas por la collación de San Vicente. Volvía a sonar la marcha Virgen de las Aguas tras el manto azul liso, en una estampa típica de la noche del Lunes Santo, ante una densa multitud que la acompañó durante todo el recorrido. Le siguieron las marchas Virgen de la Paz y La Estrella Sublime.

Calles engalanadas y gran ambiente. Algunos de los momentos más destacados se produjeron con la visita a la Parroquia de San Vicente, en la calle Cardenal Cisneros, donde residen las hermandades de las Penas y las Siete Palabras. Más tarde se produjo la Capilla del Dulce Nombre de Jesús, sede de la Hermandad de la Vera Cruz, en la calle Jesús de la Vera Cruz, y la Capilla de Nuestra Señora de las Mercedes, en la Puerta Real.

Majestuoso el trabajo del florista Javier Grado, una vez más, adornando el paso de palio de María Santísima de las Aguas, esta vez con mini orquídeas phalaenopsis, nardos, sedum morganianum y hedera hibernica. Tecnicismos aparte, el exorno se componía de pequeñas flores blancas sobre un fondo de hojas verdes. Elegante combinación de colores que hacía juego con la pedrería que lucía la Virgen sobre su pecho y en su diadema.

Se recuperó una estampa desaparecida hace un siglo. Los hermanos del Museo habían aprobado, en un cabildo general extraordinario, que la Virgen portase sus primitivas manos entrelazadas, sustituidas en 1922 por las que tallara Antonio Infantes Reina. Cabe recordar que esta imagen fue concebida para formar un Stabat Mater junto al Cristo de la Expiración, de ahí su peculiar fisonomía.

El atavío de la Virgen de las Aguas presentaba cambios significativos. Para su tocado se había empleado una mantilla donada por Gonzalo Fernández, en lugar del tradicional tul blanco; en su parte frontal lucía un encaje de Bruselas del siglo XIX; y a su espalda una mantilla del mismo siglo, donada por Dolores Mejías Guerra, viuda de Mariano Bellver y camarera de honor. Mención especial para la nueva saya, realizada en el taller de Manuel Soleano para ser estrenada en esta ocasión, bordada en oro sobre tisú artesanal de plata.

Sones de la Banda Municipal de la Puebla de Río en la trasera del palio, dirigida por José Peña Rubio, que venía sustituyendo a la formación musical que habitualmente acompaña a esta Dolorosa. La Sociedad Filarmónica de Nuestra Señora de la Oliva tenía otro compromiso para esta misma tarde, en Salteras. Por la mañana acudieron varios representantes de la banda a la Capilla del Museo, ofreciendo un centro de flores a la Virgen de las Aguas.

Un año extraordinario. Desde el pasado mes de enero, la Hermandad del Museo ha desarrollado una amplia agenda de actos y cultos especiales que todavía no han concluido. En el mes de diciembre tendrá lugar un triduo con especial solemnidad y un besamanos extraordinario en la Parroquia de San Vicente.

Procesión extraordinaria de la Virgen de las Aguas de la Hermandad del Museo | Sevilla | 4K | 2022

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