El primer domingo de octubre volvió a teñirse de luz y clasicismo en la feligresía de San Román y Santa Catalina. La Hermandad de la Sagrada Cena puso en la calle a su titular letífica, Nuestra Señora de la Encarnación, en una procesión que combinó la solemnidad del patrimonio histórico y musical sevillano con un firme testimonio de sensibilidad social hacia las personas con trastorno del espectro autista.
El preludio de esta salida procesional tuvo lugar durante la mañana en la iglesia de Nuestra Señora de Consolación (Los Terceros). A las 12:00 horas, la corporación del Domingo de Ramos celebró la Función Solemne en honor a la Santísima Virgen, culminando así los cultos anuales dedicados a la talla de gloria y congregando a hermanos y devotos en torno a su altar antes de la cita vespertina.
A las 19:00 horas se abrían las puertas del templo de la calle Sol. Bajo las órdenes del capataz Manuel Miguel Cabello Lara y su cuadrilla de costaleros, el paso procesional de la Virgen de la Encarnación ganaba la calle entre el fervor de los cofrades congregados a las puertas de Los Terceros.
Como es tradición, el acompañamiento musical corrió a cargo de la prestigiosa Banda de Música del Maestro Tejera, dotando al cortejo de ese sello inconfundible de sobriedad y elegancia clásico del repertorio cofrade hispalense desde los primeros metros de su discurrir.
Uno de los momentos más significativos e inéditos de la procesión de este año tuvo lugar al alcanzar las inmediaciones de la calle Santiago. En colaboración con la asociación Autismo Sevilla y a propuesta del Grupo de Autoprotección de Protección Civil de Sevilla, la hermandad habilitó un tramo libre de música con el objetivo de hacer la fiesta accesible a menores con autismo y sus familias.
El silencio se impuso de manera rigurosa en el instante en que el paso completó la revirá desde la calle Santiago hacia la calle Cardenal Cervantes. Durante ese trayecto, la ausencia de sones musicales permitió disfrutar del rachear de las zapatillas de los costaleros y del tintineo de los respiraderos y candelabros de guardabrisas, brindando un espacio de calma sensorial para que niños y familias con hipersensibilidad sonora pudieran contemplar de cerca la imagen de la Virgen.
Tras abandonar el tramo silencioso, la comitiva continuó su itinerario por el corazón de su feligresía. En el epílogo de la procesión, ya con la noche cerrada y de regreso hacia la iglesia de Los Terceros, la cuadrilla encaró los últimos metros al son de marchas emblemáticas de la hermandad, destacando la interpretación de «María Santísima del Subterráneo», con la que la corporación cerró un domingo de Glorias ejemplar tanto en lo estético como en lo humano.










