La procesión de la Virgen del Carmen a medio camino entre lo oficioso y su barrio



Un nuevo 16 de julio junto a la Patrona. Y es que la gran diferencia, además de los 320 años de historia, es eso, que la Virgen del Carmen -por diferencia de otras representaciones de esta advocación en nuestra ciudad- es la Patrona de los isleños, y eso a veces crea dualidades y dudas.

La procesión de ayer fue, como viene siendo en los últimos años, una dicotomía en todos los sentidos. El recorrido, las marchas, el ambiente, la carga, todo tiene momentos muy distintos y que a veces llegan a no dejar entender cual es la procesión que se quiere para la Patrona.

Minutos después de las ocho de la tarde se abrían las puertas de la Iglesia del Carmen. Este retraso se debió a la llegada tardía de la alcaldesa, Patricia Cavada, que venía de cumplir funciones junto a la Virgen del Carmen de Gallineras en el pantalán de la Magdalena. Recuerden 320 años de historia.

Un retraso que se fue eliminando con el paso de los minutos cuando ya el cortejo enfilaba la calle Real. Y es que esta primera parte (hasta pasada la calle Comedias) tiene un punto oficialista raro, distinto, muy alejado de lo que es la devoción a la Virgen del Carmen, de lo que es el sentimiento que rezuma cada día por la mañana temprano en su altar, lo que había sido la mañana en su Besamano con coros, oraciones y colas hasta la puerta.

Pero antes, en la salida, un momento emotivo en la primera levantá dedicada al que fuera mayordomo de la Virgen, Antonio Valverde, tristemente fallecido hace algo más de un mes. En el interior del templo y mientras la cuadrilla de Pepe Mellao mecía el paso sobre el mármol carmelitano sonaba “Pasión, sal y azahar” de Sergio Flor por la Banda de Música de Agripino Lozano que estaba en el exterior mientras desde el ambón se recitaban los versos de José María Pemán a la Virgen, esos que dicen “Cargadores de La Isla, mecedla con suavidad...”. 

Y es que parecía que el mismo Pemán estaba ayer escribiendo sus versos en esa primera parte del recorrido que lleva a la Patrona hasta la Alameda para desde allí volver sobre sus pasos a su barrio. Una primera parte de prisas por llegar a una hora acordada a la Alameda. Parecía que Pemán estaba escribiendo aquello de ¿Qué te pasa, mi Señora, / Capitana de la mar, / que más que Virgen del Carmen, / pareces de la Piedad?

Y es que nada tiene que ver estos momentos a los vividos en la calle Carmen o en Olivarillo cuando la Virgen llega al epicentro devocional de su barrio. Suenan las marchas, pasos atrás de sus cargadores y gritos a la Patrona. La Isla y su Patrona. La Isla y la Virgen del Carmen.

Alfombras de sal que los más jóvenes han elaborado para la Virgen, un sentimiento que se crea y se trasmite, que se crea y se trasmite como se preparan las petaladas que luego inundan su paso. Es esa la devoción a la Virgen, es ese el sentido de una procesión de gloria con la Patrona. De una delantera del paso rodeada de fieles y devotos que les da igual que haya feria, fuegos artificiales o pase lo que tenga que pasar -como si le tiran deliberadamente cera desde unos ciriales-. 

La Virgen del Carmen en su apogeo es eso, la subida de la calle Carmen, la que se prepara con esmero durante semanas y en la que el dorado de la capa restaurada luce de manera más llamativa. Y es que ya lo dijo Pemán en esos versos que resonaron en el interior del templo antes de la salida No lloréis, Señora mía, / que dice un viejo refrán / que la fortuna y el sol / igual vuelven que se van. Esperemos vuelvan esos momentos junto a la Patrona como los vividos ayer subiendo la calle Carmen. La Isla y su Patrona no merecen menos. (ISLAPASIÓN).

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