Todo tiene un sentido y el de la Feria del Carmen y de la Sal, la festividad del 16 de julio y todo lo que se vive en estos días en San Fernando es el de ver procesionar por las calles de La Isla a su Patrona, la Santísima Virgen del Carmen Coronada como culmen de los cultos principales de su archicofradía.
Una procesión que daba comienzo quince minutos antes de las ocho de la tarde en una calurosa jornada, quizás la de más altas temperaturas de los últimos días, y en la que ni el calor, ni el horario, ni cualquier otra distracción pudo con un pueblo fiel que sale cada año en este 16 de julio al encuentro de su Patrona.
Una procesión que está arropada algo más en las aceras que dentro del cortejo donde la presencia de hermandades va fluctuando año tras año, reduciéndose en algunos casos. No así la representación militar que a diferencia de años anteriores mejoró en número. El recorrido el mismo de los últimos años, sometido a la dictadura del Trambahía y sus horarios, algo que marca y mucho el devenir de la tarde. En el acompañamiento musical Agripino Lozano estuvo a un gran nivel demostrando que le tiene cogida la medida a esta procesión.
El trayecto de ida quedó marcado especialmente por el paso por la Alameda del Carmen -con la instalación de alfombras por parte de jóvenes cofrades-, y el transitar por el callejón Manuel de Arriaga, con la interpretación de la marcha ‘Jesús Nazareno’ sin duda en uno de los momentos de la jornada. Tras este otro momento, quizás menos unánime que fue el paso por la calle Real. Es, y cada año más, un problema para la hermandad el transitar desde Manuel de Arriaga hasta Santísima Trindiad. Los horarios del Trambahía dejan en apenas catorce minutos, el paso de todo el cortejo. Sin duda una situación compleja para la organización del cortejo en la calle. En este año se tomó como solución -y quizás con unas vistas puestas en 2026- hacerlo al son de una marcha militar ‘La Gloriosa’ de Enrique Busto y modificando el andar de la cuadrilla haciéndolo en un asemejo a lo que podría ser un paso militar de desfile. Para el público fue sorpresivo, hubo a quien le gustó y aplaudió y quien no entendió aquello, aún a sabiendas de la circunstancia del Trambahía. Quizás una opción Ad experimentum que veremos si se mantiene en próximos 16 de julio.
Una vez dejada atrás la calle Real el cortejo se relaja y más aún si algunos metros más hacia delante las representaciones abandonan el mismo. Ya se hace un cortejo patronal en todo su sentido: Cruz parroquial y ciriales, hermanos, el paso y los fieles. Y entonces es cuando se vienen los mejores momentos. La bajada de la calle Comedia -Lope de Vega- siempre deja instantes muy cofradieros, y el paso por las cercanías de Manuel de Falla sirven como obligatorio tránsito para llegar a la calle Carmen, sin duda el momento más esperado, tras una pincelada con tintes rocieros antes de comenzar a subir la calle.
En esta se suceden las marchas, los vivas y petaladas con el sentimiento de algo a lo que le resta muy poco para su final. Emociones desbordadas y mucho sentimiento carmelitano en cada momento, en cada levantá y trepá. Y así poco a poco hasta salir de nuevo a la calle Real donde volvió a sonar otra composición militar ‘Ganando Barlovento’ en esta ocasión sin descomponer el andar habitual del paso. La recogida multitudinaria a los sones de su marcha y la Salve marinera ponían el punto y final a una jornada completa de Función, Besamano y procesión.







