El Gran Poder de Sevilla llegó a los Pajaritos como inicio de la Santa Misión

Nadie dudó nunca de la devoción en Sevilla al Gran Poder. En Sevilla y fuera de ella. Pero hoy se ha materializado de la forma más contundente y certera que podía darse.

El Señor del Gran Poder descansa en la Parroquia de la Blanca Paloma, en el barrio de Los Pajaritos, tras una jornada histórica que daba comienzo a las nueve de la mañana cuando las puertas de su Basílica se abrían para dar paso al cortejo de cincuenta parejas de cirios y una pequeña presidencia que antecedían a los acólitos que daban luz a la luz.

Y es que la mañana sevillana abría los colores más intensos y jugaba con los vencejos cuando el Señor del Gran Poder afianzaba con su zancada los primeros tramos de la Plaza de San Lorenzo. El silencio solo roto por una saeta antecedía lo que iba a vivirse hasta más de diez horas después. Jesús del Gran Poder comenzaba la Santa Misión en Tres Barrios con su traslado a la Parroquia de la Blanca Paloma.

Y lo hizo por un camino en el que fue visitando y dejando para el recuerdo momentos que nunca más se olvidarán de la memoria de quienes los vivieron. Desde el paso por la Anunciación, la entrada en el Santuario de los Gitanos -el lugar en el que comenzara esta historia devocional hace cuatro siglos- con una saeta que desgarró el templo o las estampas en San Roque y los Negritos como ese transcurrir por el intramuros de la ciudad.

Y a partir de aquí cuasi una romería. Una romería de avenidas anchas que el Señor de Sevilla convirtió en estrechas. Luis Montoto, Marqués de Nervión o la Ronda del Tamarguillo. El paso por el templo de Nervión, donde ya pasara en 1965 y fuera el germen de la Hermandad de la Sed, seguía sumando fieles junto a la parihuela. Dio igual el horario. Ni si era el momento del almuerzo o de la siesta. Toda Sevilla -y mucho más- estuvo junto al Gran Poder hasta un punto en el que todo cambió. Pasó de una procesión extraordinaria a vivir el verdadero momento de lo que se estaba viviendo. Fue en la entrada, como si de una frontera se tratase, en Tres Barrios. Allí esperaban las cruces parroquiales de los tres templos que visitará el Señor.

Y a partir de aquí fue otra historia distinta. El Señor llegaba a los Pajaritos, pero no su hermandad. Ya que sus hermanos vienen trabajando en estos varios desde hace años para dar el verdadero y mejor testimonio cristiano posible: la ayuda al más necesitado. Y en eso en el Gran Poder andan sobrados.

Como andaba la parihuela por aquellas calles santificadas por el Señor a su paso. Hasta llegar a Galaxia y la entrada en la Parroquia de la Blanca Paloma. Allí cuando la parihuela volvió a posarse, el Señor de Sevilla bajo el inicio del Magnificat: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”. No era la Santísima Virgen ante su prima Isabel, era Sevilla y los cofrades los que se alegraban de esta llegada.

Ahora por delante tres semanas para vivir de cerca la fe en el Señor del Gran Poder en estos barrios, visibilizar su estado y la obra social de la hermandad.

El Gran Poder, de nuevo recordó que es la línea más corta entre dos puntos. Los que sean y cuando sea.

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