Jesús Nazareno no entró por vez primera ayer por la noche en el Hospital de San Carlos. Noches y noches lleva entrando en cada una de sus habitaciones, en salas de espera, en la puerta de los quirófanos o simplemente en una cafetería ante minutos, horas y días de dudas, alegrías y despedidas.
Jesús Nazareno, junto a tantas otras devociones de nuestra ciudad, llevan estando presentes desde 1809, cuando San Fernando aún no tenía una identidad propia, pero, ya entonces, si tenía algunos de los referentes devocionales que hoy en día perduran. Uno de ellos, Jesús Nazareno, el Regidor Perpetuo de San Fernando desde hace ahora quince años, el referente devocional cristífero en la ciudad, ha estado presente en estos más de doscientos años entre sus paredes.
Ayer, su imagen, que no su presencia, atravesó los límites de los muros del centro hospitalario. Una visita criticada previamente por quienes no conocen nuestra historia, nuestras creencias y tampoco respetan los principios básicos que nos dimos en 1978 como ciudadanos. Una historia de la que tanto sabe Jesús Nazareno, el pasado militar, las recordadas monjitas, las penurias de las guerras y tantos otros momentos.
Pero el Señor está por encima de todas las cosas. Y nada surge por casualidad. La casualidad no existe, sino la causalidad. Ayer eran pocas las habitaciones que en el hospital estaban ocupadas, quizás también esto nos sirva para darnos un poco cuenta de la necesidades que tenemos como sociedad en este ámbito. De esas habitaciones, en una de ellas, estaba un hermano nazareno con pertenencia a su nómina desde hace muchas décadas. Un hermano nazareno que participó como miembro de su Junta de Gobierno y que ayer, justo ayer, cuando Jesús Nazareno llegaba al hospital, pasó al descanso eterno en el que contemplar junto a su venera, el rostro infinito del Señor.
Cuando Jesús Nazareno atravesó aquella puerta con el rótulo de ‘Consultas’ todo cobró sentido. Jesús Nazareno, el doctor de la bata morada, estuvo una vez más donde tanto se le necesita. Como tantas otras veces, como siempre.






