En una velada cargada de emoción, devoción y esplendor artístico, la Hermandad del Museo de Sevilla llevó a cabo su procesión extraordinaria en la jornada del sábado 8 de noviembre, celebrando su 450.º aniversario fundacional.
La cita arrancó con la solemnidad propia del acto – una misa pontifical presidida por el José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla, en el interior de la Catedral de Sevilla – a la que siguió, ya por la tarde, el itinerario procesional que devolvió a los titulares de la corporación a su sede, la capilla del Museo, tras un recorrido por el centro histórico de la ciudad.
Un cortejo que reaviva la estética de antaño
La salida fijada a las 17:00 horas partió desde la Puerta de Palos de la Catedral y siguió por puntos emblemáticos de Sevilla: Plaza de la Virgen de los Reyes, Cardenal Amigo Vallejo, Alemanes, Hernando Colón, Plaza de San Francisco, Plaza Nueva, Tetuán, Rioja, la sede de la Iglesia del Santo Ángel, Plaza de la Magdalena, San Pablo, Cristo del Calvario, Canalejas, Gravina, Pedro del Toro, Bailén, Miguel de Carvajal, Plaza del Museo, Alfonso XII y entrada.
Salieron en la calle las dos imágenes titulares: el Santísimo Cristo de la Expiración y la María Santísima de las Aguas, unidas bajo la composición evocativa del Stabat Mater, juntos, como pocas veces se ha visto.
A lo largo del trayecto, numerosas marchas clásicas del mundo cofrade dieron marco sonoro al acontecimiento, entre las que destacaron «Amarguras», «Soleá dame la mano» y «Virgen de las Aguas». El ambiente era de recogimiento y al mismo tiempo de emotivo reconocimiento a la belleza de la obra que se procesionaba.
Expectación y reverencia entre el público
Desde primeras horas de la tarde, la Catedral y las calles aledañas fueron escenario de un público entregado. Turistas y cofrades aguardaban la salida, teléfono en mano, inmortalizando la bajada del paso desde el altar efímero, y la marcha del Cristo y la Virgen por la Puerta de Palos al exterior.
La noche, que se vistió pronto de frío en la calle, no fue impedimento para que el silencio respetuoso se intercalara con estallidos de aplauso al paso de las imágenes. En la estrechez de calles como Gravina o Pedro del Toro se vivieron momentos de especial recogimiento.
El hecho de que se recuperase la escena del Stabat Mater, con la Virgen de las Aguas arrodillada ante su Hijo, dotó de una intencionalidad estética y simbólica que muchos cofrades calificaron de “obra de arte en la calle”. Así lo recoge la prensa: “Un Stabat Mater para las bellas artes de las cofradías de Sevilla”.
Un itinerario con demora, pero cargado de significado
La procesión sufrió un leve retraso sobre el horario previsto, lo que no restó expectación al evento. Según recogió la crónica, la entrada del paso en su capilla fue poco antes de las once de la noche.
El tramo final por Bailén, Miguel de Carvajal, Plaza del Museo y Alfonso XII estuvo envuelto en una luz tenue y recogida, propicia para la contemplación de la imagen del Cristo y la Virgen bajo los candelabros antiguos, con la música acompañando cada levantá y cada giro de los costaleros.
Hitos y particularidades de la edición extraordinaria
Este regreso a la calle no era una salida habitual: con motivo del 450.º aniversario fundacional de la Hermandad, se habilitó esta salida extraordinaria que marca un hito en la historia de la corporación.
La corporación contó con la colaboración de la Banda de la Oliva de Salteras, que aportó su sonido a la procesión, reforzando ese ambiente de solemnidad y arte que se respiró en cada estación.
Asimismo, el recorrido permitió pasar por espacios tan emblemáticos como el Ayuntamiento de Sevilla, donde los titulares hicieron una breve estación. Este acto refuerza el lazo entre la Hermandad, la ciudad y su historia cofrade.
Repercusión humana y cofradiera
Para los hermanos de la corporación, el momento supuso una clara manifestación de identidad y devoción: la ciudad respondió con afluencia y respeto, recordando que las hermandades no sólo viven en la Semana Santa, sino que forman parte viva del calendario en Sevilla.
El adelanto de que “habrá que ver cuántos años habrán de pasar para volver a contemplar semejante obra” recogido en la crónica periodística, resume el carácter excepcional del evento.
La combinación de arte, música, devoción y participación popular hizo que la procesión funcionara como un acto cultural, turístico y cofrade a la vez. Para muchos asistentes, fue volver a “ver a Sevilla en procesión”, recordando que sus imágenes también tienen derecho a salir de forma extraordinaria más allá de la estacionalidad de la Semana Santa.
Cierre y legado de la jornada
Al llegar el paso a su capilla en la Plaza del Museo, ya pasada la noche, los aplausos se entremezclaron con el eco de la Marcha Real interpretada para la ocasión.
La Hermandad cierra así un año conmemorativo cargado de actos y lo hace con un broche que puede considerarse histórico. Ahora queda el legado de esta salida: imágenes que quedarán en el archivo de la corporación, en la memoria colectiva y en el corazón de la ciudad.
Queda por ver si esta experiencia marcará una nueva pauta para futuras salidas extraordinarias o proyectos estéticos dentro del mundo de las cofradías. En todo caso, la Hermandad del Museo ha recordado que Sevilla es, también fuera de la Cuaresma y la Semana Santa, una ciudad que vive y siente el cortejo, la marcha, el costalero y el clamor.







