Como cada tercer sábado del mes de mayo desde cerca de dos décadas la Hermandad de Santa Elena muestra en las calles de San Fernando la más joven de las procesiones letíficas de la ciudad. Más joven por su fundación, aunque en apariencia en su puesta en escena podría ser de una hermandad consolidada en el tiempo puesto que en la visión completa de su cortejo se admira el trabajo constante que han llevado a cabo hasta esta forma de procesionar con la Santa Emperatriz.
Este año, y como novedad con respecto a los anteriores, la salida se retrasó del horario previsto. A las seis y media de la tarde se abrieron las puertas de la Vaticana y Castrense de San Francisco. Se abrieron sí, pero no salió el cortejo. Ya que todo lo que comentemos de esta segunda procesión letífica en San Fernando está marcado de forma indisoluble por el Trambahía. Sus encajes son cada vez más complicados y los hermanos de Santa Elena, además de las preocupaciones normales de sacar una procesión a la calle suman este inconveniente que marca totalmente el ritmo de la procesión en la calle y su recorrido. Además de esto este año también se han encontrado con un nuevo escollo como es la instalación de un evento en la Plaza del Rey, lugar de paso habitual del cortejo. Esto, como tantas otras cosas, no se solucionó en favor de la hermandad en cuestión.
Con todos estos elementos minutos después de las seis y media de la tarde salía el cortejo conformado por hermanos y representaciones de las distintas hermandades de la parroquia así como las letíficas y el propio Consejo de hermandades. Se ponía en las calles el paso de la Santa Emperatriz tras los sones en la puesta en carrera del ya tradicional ‘Pescador de hombres’ con la que el paso llegaba hasta las cercanías del dintel de la Castrense. Allí el conjunto del dorado paso que se mezclaba en cromatismos con los estrenos de corona y atributos de Santa Elena en este año, comenzaban a recibir los primeros rayos de sol en una tarde en la que la meteorología jugó a favor de esta procesión.
Los sones, como desde hace más de quince años, estaban a cargo de la Banda de Música de la Hermandad del Nazareno con un repertorio con marchas de corneta en su primera parte, intercalándose ya en el final del recorrido con otras de corte más solemne. Era el regreso de esta formación musical a las calles tras una Semana Santa completa de sus compromisos con las hermandades.
El recorrido suele tener, y si miran crónicas de años anteriores, los mismos puntos álgidos, así como los mismos momentos de ritmo acelerado y pausado debido a los cortes con el tranvía. No puede hacer mucho más los hermanos de Santa Elena que adaptarse a estas circunstancias y así lo traduce en sus andares una disciplinada cuadrilla de hermanos cargadores a las órdenes de Javier Padillo Cabrera.
El público fue de menos a más, como es costumbre en esta procesión. Con la llegada a la Plaza de San José -donde recibían los hermanos de Desamparados- y la caída de la tarde el público fue en aumento siguiendo hasta su recogida minutos antes de la medianoche. Como novedad el paso por la Alameda Moreno de Guerra se completó con el arco municipal para las hermandades letíficas que recorrió este altar itinerante a los sones de ‘Virgen del Valle’.
Santa Elena, y por ende sus hermanos, volvieron a demostrar que la fórmula de éxito está más que asentada. Pequeños retoques que solo hacen mejorar la estampa en las calles, en la que solo sobra el paso del tranvía.









