El administrador apostólico, Monseñor Ramón Valdivia Jiménez ha dirigido un mensaje a las hermandades y cofradías de la diócesis con motivo del inicio de la Cuaresma 2026, en el que anima a los cofrades a afrontar este tiempo litúrgico como una oportunidad real de conversión personal, renovación espiritual y mayor implicación en la vida de la Iglesia y de la sociedad.
En su carta, fechada en febrero y dirigida a las hermandades de Cádiz y Ceuta, el administrador apostólico expresa su reconocimiento y el agradecimiento de la Iglesia diocesana por la labor que desarrollan, especialmente en los días que conducen al Triduo Pascual, eje central de la fe cristiana.
Valdivia subraya que la Cuaresma es “un tiempo precioso” para hacer memoria, revisar las propias conductas y contribuir a la transformación de la sociedad desde la fe en la Resurrección de Cristo. En este sentido, invita a los fieles a preparar la Semana Santa desde el silencio de la oración y el examen sincero de conciencia, dejando espacio a la voz interior que, en muchas ocasiones, queda acallada por el ritmo acelerado de la vida cotidiana.
El prelado recuerda también las prácticas tradicionales del tiempo cuaresmal —ayuno, oración y limosna— como herramientas concretas para reconocer las propias debilidades, superar el orgullo y abrir el corazón al perdón y la misericordia de Dios. No se trata únicamente de reconocer los errores, advierte, sino de emprender un camino nuevo siguiendo el ejemplo de Cristo.
En su mensaje, insiste en la necesidad de fortalecer la vida sacramental, especialmente mediante la participación en la Eucaristía y la reconciliación. Asimismo, advierte de que el estilo cofrade no puede limitarse al tiempo de Cuaresma o a la salida procesional, sino que debe sostenerse durante todo el año en la vida parroquial y en la fraternidad cotidiana.
Uno de los aspectos centrales de la carta es la estación de penitencia, que el administrador apostólico define como uno de los servicios más significativos que ofrecen las hermandades. Este acto, señala, no es solo una manifestación externa, sino un camino de conversión personal que conduce, a través del sacrificio y la reflexión, a la alegría de la Pascua.
Además, Valdivia anima a las cofradías a asumir un papel activo en la vida social, recordando su origen como corporaciones de ayuda mutua. Frente al individualismo contemporáneo, propone recuperar el sentido auténtico de la fraternidad cristiana, basada en el diálogo, la escucha y la búsqueda del bien común.
El mensaje concluye con una invitación a vivir una “nueva Cuaresma” que dé verdadero sentido a la vida cristiana y prepare una Semana Santa marcada por el retorno al amor de Jesucristo, confiando este camino a la intercesión de la Virgen María en sus diversas advocaciones.






