Las Glorias de La Isla han tenido este domingo, siete días después del de Resurreción, su anuncio, la llamada a un nuevo tiempo cofrade que en San Fernando tiene a cinco hermandades y un sexto referente letífico en una de las hermandades penitenciales.
Y ha abierto este tiempo con un acto que, tras varios años celebrándose en la Capilla de la Vera-Cruz, ha vuelto a un templo de mayor capacidad, en esta ocasión la Iglesia de la Divina Pastora. Los bancos se llenaron al completo, e incluso algunos cofrades siguieron de pie en los laterales y en el fondo del templo pastoreño. Todo un acierto el cambio.
Un dorado cartel, floreciendo al tiempo de Glorias
Y se ha abierto primero con el cartel que el jerezano Jaime Sánchez ha entregado a La Isla, una obra que tiene como elemento principal a la Santísima Virgen del Carmen Coronada y que se completa con distintos apuntes florales, cinco en concreto, uno por cada una de las hermandades de Gloria. Una pintura con colorido, con un dorado de fondo, como un atardecer de los meses que nos vienen por delante, y que no es solo un cartel, sino cinco, puesto que también se han presentado las cinco variantes individuales que anunciarán cada una de las salidas procesionales de San José, Santa Elena, Carmen, Pastora y Rocío: la rosa blanca del Carmen, la azucena de San José, el romero del Rocío, la granada de la Pastora y la flor de Santa Elena. El cartel se describe como «un espejo donde San Fernando se contempla y reconoce que sus Glorias no son devociones separadas, sino flores distintas brotando delmismo jardín de fe».

Un pregón muy familiar
Moisés Posada ha tenido hoy la dicha de pregonar a las Glorias en una exaltación extraordinaria. Así ha sido recibida por los cofrades presentes en la Pastora, en una intervención que no solo ha servido como rosario de cuentas en las que cada una de las corporaciones letíficas ha tenido su momento, sino que también ha servido para reivindicar el papel de estas hermandades y del propio Pregón.
El pregonero fue presentado por su hermano, Jesús Posada López, en una intervención que destacó tanto su trayectoria dentro del mundo cofrade como su dimensión personal. El perfil trazado puso de relieve una vida vinculada desde la infancia a la Iglesia y a las hermandades, con una formación marcada por la familia, la parroquia y una intensa devoción mariana.
El recorrido vital de Posada, descrito con abundantes referencias a su participación en distintas corporaciones, su implicación pastoral y su vinculación con la Hermandad del Rocío, sirvió para contextualizar el discurso que vendría después: el de un cofrade formado desde dentro y con un conocimiento directo de la realidad que iba a pregonar.
Ya en su intervención, Moisés Posada optó por un inicio de carácter poético en el que situó a San Fernando en un paisaje casi fundacional. La luz de la bahía, las salinas y el viento de levante fueron presentados como elementos que definen no sólo el entorno físico de la ciudad, sino también su identidad espiritual.
A través de ese prólogo, el pregonero introdujo una de las ideas centrales de su discurso: la relación entre la naturaleza de la Isla y la vivencia de la fe, entendida como algo pausado, profundo y arraigado en lo cotidiano.
El eje del pregón giró en torno al significado teológico de las Glorias. Posada insistió en que no pueden entenderse sin la Pasión y la Resurrección, estableciendo una conexión directa entre la Semana Santa y el tiempo glorioso que ahora se abre.
En este sentido, defendió que las Glorias no son un complemento menor del calendario cofrade, sino su culminación. “Sin la Cruz no hay victoria, y sin la Resurrección no tendría sentido la fe”, vino a resumir el planteamiento del pregonero, que vinculó esta reflexión con la vivencia reciente de la Pascua en la ciudad. Aquí también quiso pedir un paso más para estas hermandades y el pergón que cada año se desarrolla previo al mes de mayo.
El discurso incluyó un repaso por las principales advocaciones gloriosas de San Fernando, presentadas como hitos que estructuran el calendario y la identidad local: San José, Santa Elena, la Virgen del Rocío, la Virgen del Carmen y la Divina Pastora.
Cada una de estas devociones fue interpretada como una expresión concreta de la fe del pueblo, vinculada a distintos ámbitos de la vida isleña, desde el trabajo hasta la tradición marinera o el sentido comunitario de las hermandades. Lejos de una enumeración descriptiva, el pregonero articuló este recorrido como un relato unitario, en el que las distintas imágenes y celebraciones forman parte de un mismo discurso religioso y cultural.
Uno de los momentos más significativos del pregón llegó con la reivindicación explícita del papel de las Glorias dentro del calendario cofrade. Posada apuntó a la percepción de que este tiempo queda en ocasiones relegado frente a la Semana Santa, y defendió su valor como expresión esencial de la fe. Según expuso, en las Glorias se encuentra “el corazón más profundo” de la vivencia cristiana, al representar la victoria de Cristo y la esperanza que se deriva de ella .
El discurso estuvo atravesado por referencias constantes a la experiencia personal del pregonero. Su trayectoria en la Hermandad del Rocío, su vida familiar y su formación cofrade aparecieron como elementos que sustentan una intervención construida desde la vivencia directa. Esta dimensión autobiográfica se hizo especialmente visible en los agradecimientos y en el reconocimiento a su entorno más cercano, al que atribuyó un papel fundamental en su camino dentro de las hermandades.
Dos partes del pregón fueron principalmente emotivas. La primera de ellas dedicada al recordado Javier Nieto, y con él al resto de procesiones gloriosas de asociaciones o colegios. Y también una de las partes finales de la exaltación en la que el pregonero cogió de sus brazos a su hija Pastora, y, en un comentario entre padre e hija, como mejor herencia cofrade, quiso conectar a la Divina Pastora y la Virgen del Rocío. A la transmisión entre generaciones de las devociones de un pueblo. En definitiva, a la vida misma contada a través de los ojos de la Santísima Virgen.
No faltaron las referencias musicales, algunas en sonidos grabados, con el tamboril de Gustavo Pedrero o el coro de la Divina Pastora.
Con este pregón, San Fernando inicia un nuevo ciclo de celebraciones que se prolongará durante los próximos meses. Más allá del anuncio de cultos y procesiones, la intervención de Moisés Posada planteó una reflexión sobre el sentido de las hermandades como parte activa de la Iglesia y de la vida pública.
El acto concluyó con la sensación compartida de que las Glorias no son únicamente una sucesión de festividades, sino una forma de entender la fe en comunidad, profundamente ligada a la historia, el paisaje y la identidad de la ciudad.







