Hoy miembros de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española se han reunido con el Papa León XIV en una audiencia pedida poco tiempo después de su nombramiento como cabeza visible de la Iglesia.
Esta reunión no ha implicado, de momento, aceptación de la renuncia de Rafael Zornoza como Obispo de Cádiz y Ceuta y por ende, tampoco nombramiento alguno de algún sacerdote que asuma la dirección del Obispado de Cádiz y Ceuta, ya sea de manera interina o definitiva.
Lo que si ha ofrecido el Santo Padre es un mensaje a los participantes en el encuentro «Construir comunidades que tutelan la dignidad». En este mensaje León XIV habla del «cuidado y la protección que el ser humano ofrece a su prójimo» que son «fruto de una mirada de saber reconocer, de un corazón que sabe escuchar». Añade que «al hacernos cargo de la vida del prójimo que aprendemos la verdadera liberta, la que no domina, isno que sirve, no posee, sino que acompaña».
En su mensaje el Santo Padre aseguró que alienta a «comaprtir experiencias y caminos de aprendizaje sobre como prevenir toda forma de abuso y cómo rendir cuentas, con verdad y humildad, de los procesos de protección emprendidos» así como exhorta a «continuar con este compromiso para que las comunidades se vuelvan cada vez más ejemplo de confianza y de diálogo, donde cada persona sea respetada, escuchada y valorizada».
No ha dejado el Santo Padre de invitar a seguir colaborando con la Comisión Pontifica para la Protección de los Menores.
Mañana comenzará la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española en la que podrá participar, si quiere, el Obispo Rafael Zornoza. De momento sin noticias de posibles cambios que pudieran llegar esta misma semana.
Mensaje del Santo Padre
¡Queridos hermanos y hermanas!
Saludo con afecto y gratitud a todos ustedes, representantes de diversas conferencias de religiosos y religiosas y de numerosos institutos de vida consagrada, apostólica y contemplativa, reunidos para reflexionar sobre un tema que llevo muy dentro del corazón: cómo construir comunidades donde la dignidad de cada persona, especialmente de los menores y de los más vulnerables, sea protegida y promovida.
La dignidad es un don de Dios, que creó al ser humano a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26). No es algo que se obtiene por mérito o por la fuerza, ni depende de lo que poseemos o realizamos. Es un don que nos precede: nace de la mirada de amor con que Dios nos ha querido, uno por uno, y nos sigue queriendo. En cada rostro humano, incluso cuando está marcado por el cansancio o el dolor, está el reflejo de la bondad del Creador, una luz que ninguna oscuridad puede apagar.
También el cuidado y la protección que el ser humano ofrece a su prójimo son fruto de una mirada que sabe reconocer, de un corazón que sabe escuchar. Nacen del deseo de acercarse con respeto y ternura, de compartir los pesos y las esperanzas del otro. Es al hacernos cargo de la vida del prójimo que aprendemos la verdadera libertad, la que no domina, sino que sirve, no posee, sino que acompaña.
La vida consagrada, expresión del don total de sí mismo a Cristo, está llamada de manera especial a ser casa que acoge y lugar de encuentro y de gracia. Quien sigue al Señor en el camino de la castidad, de la pobreza y de la obediencia, descubre que el amor auténtico nace del reconocimiento del propio límite: de saber que somos amados incluso en la debilidad, y precisamente esto nos hace capaces de amar a los demás con respeto, delicadeza y un corazón libre.
Aprecio, por tanto, y aliento su propósito de compartir experiencias y caminos de aprendizaje sobre cómo prevenir toda forma de abuso y cómo rendir cuentas, con verdad y humildad, de los procesos de protección emprendidos. Los exhorto a continuar con este compromiso para que las comunidades se vuelvan cada vez más ejemplo de confianza y de diálogo, donde cada persona sea respetada, escuchada y valorizada. Allí donde se vive la justicia con misericordia, la herida se transforma en una rendija de gracia.
Los invito también a seguir colaborando con la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores, que promueve y acompaña con dedicación el camino de crecimiento de toda la Iglesia en la cultura de la tutela.
Los encomiendo a Cristo, Pastor y Esposo de la Iglesia, y a María Santísima, Madre de todo consagrado y consagrada, y envío de corazón a todos ustedes mi bendición.






