La memoria de los que ya no están y el fervor de un pueblo que se aferra a sus raíces se fundieron este domingo 2 de noviembre en una estampa irrepetible. Arcos de la Frontera vivió una jornada para los anales cofrades con motivo del centenario de la Hermandad de Nuestra Señora de las Nieves, marcada por la histórica visita de la Alcaldesa Perpetua al Cementerio Municipal de San Miguel para presidir la solemne misa en sufragio por los fieles difuntos.
Si la bajada matinal estuvo marcada por la sobriedad y el rezo temprano, el traslado de regreso al mediodía se transformó en una explosión de luz serrana, devoción popular y sabor a reencuentro que acompañó a la Patrona en su ascenso hacia la Peña arcense.
El adiós al camposanto
Al filo de las doce y media de la mañana, y tras concluir la eucaristía en el camposanto arcense, las andas de la Virgen de las Nieves se ponían en marcha. Entre los muros encalados del cementerio de San Miguel, el silencio respetuoso de los fieles dio paso a los primeros toques de campana y a las miradas emocionadas de quienes despidieron a la Señora tras una estancia histórica entre sus antepasados.
El cortejo inició su camino de vuelta desandando el desnivel del municipio bajo un cielo despejado de noviembre, arropado por una multitud de vecinos, representaciones corporativas y devotos que no quisieron dejar sola a la Virgen en ningún metro del recorrido.
La reconquista de las cuestas arcenses
El traslado de regreso exigió el esfuerzo medido y certero de los portadores, superando el trazado empinado y serpenteante que caracteriza el urbanismo de Arcos. Desde las inmediaciones del camposanto, la comitiva fue ganando altura con paso firme, dejando estampas de gran plasticidad plástica al enfilar vías neurálgicas como la Corredera y la empinada Cuesta de Belén.
A medida que el mediodía avanzaba, las calles se estrechaban y el calor de la feligresía se hacía más patente. En balcones y aceras se congregaron familias enteras para ver pasar de cerca a la Patrona, portada con elegancia en unas andas exornadas con sobriedad y elegancia para la ocasión. No faltaron los rezos cantados ni las salves espontáneas que rompían el racheo sosegado del cortejo al paso por los puntos más angostos del casco antiguo.
Entrada triunfal en Santa María
Tras superar Deán Espinosa la imagen patronal encaró la Plaza del Cabildo pasadas las tres de la tarde. El contraste de la cal con la majestuosa portada de la Basílica Menor de Santa María de la Asunción compuso el lienzo perfecto para el broche de oro.
Al filo de las 13:45 horas, la Virgen de las Nieves cruzaba de nuevo el dintel de su sede canónica entre el aplauso cerrado y unánime de los cientos de devotos que abarrotaban el templo y sus aledaños.
Con la entrada de la imagen se cerraba un hito histórico dentro de los actos conmemorativos de su centenario fundacional: una jornada donde la Patrona de Arcos bajó a confortar a sus difuntos y regresó a hombros de su pueblo, refrendando el arraigo inquebrantable de una devoción centenaria.










