Recordando en cierto modo al Viernes Santo, el domingo 2 de noviembre se escribió inicialmente sobre nubes y un cielo gris, un marco al que está acostumbrado desde hace casi cinco siglos la sagrada imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno. En esta ocasión, y de manera inédita con las efemérides de los 425 años de su bendición y 25 años como Regidor Perpetuo de Arcos como peso justificador, convirtió su extraordinaria procesión hasta el cementerio municipal de San Miguel en un acontecimiento a la altura de las expectativas que desde hace meses venía suscitando. Como señalaba la propia hermandad, todo estaba preparado “para que Jesús Nazareno se encontrara con el pueblo de Arcos el día de los Fieles Difuntos. Su pueblo. Por los que están, por los que partieron y sembraron un legado en la tierra. Es el día de honrarles, agradecerles tanto amor, devoción y respeto”.
El traslado, como prefiere denominarlo la hermandad, daría inicio a las doce del mediodía desde la iglesia de San Agustín con un atrio repleto de fieles y curiosos que acabarían acompañando a la imagen durante todo el atípico recorrido en un ejercicio de fe en Dios. El itinerario siguió por las calles San Juan, Alanises, Altozano, Piedra del Molino, Peña Vieja, Gavira, Puerta Carmona, Camino de las Nieves, Pozo Hondón, Alameda y Camino de Bornos hasta alcanzar el cementerio; un amplio recorrido de casi tres horas que poco tiene que ver con el habitual de la salida procesional del Viernes Santo. Por medio, momentos entrañables como la parada del paso a las puertas de familia Chamizo para dirigirse al patriarca enfermo.
La imagen de Cristo fue portada en un nuevo pequeño paso diseñado para eventos como este. Mostró a Nuestro Padre con túnica color burdeos y sobre un manto de flores moradas y rosas. Portarlo fue todo un privilegio para quienes prestaron sus hombros.
Momentos clave fueron las cuatro bendiciones de la imagen, inicialmente en el interior del cementerio, en la misma puerta del camposanto, en el convento de las madres mercedarias para conmemorar su 375 aniversario y finalmente en el mismo atrio de la parroquia de San Pedro.
La llegada del Nazareno al camposanto no pudo ser más emotiva. La imagen, precedida de la representación de la Iglesia con el párroco Manuel Jesús Ortiz, de la hermandad con su hermano mayor, Diego Albertos, un cuerpo de acólitos y miles de personas, se adentró por los pasillos del cementerio mientras los fieles, junto a las lápidas de sus seres queridos, miraban a Cristo como esperando recibir su gracia, o su consuelo. Momento duro fue cuando una madre lloraba con inusitada pena, en medio del silencio, la reciente muerte de su hijo de poco más de veinte años. Una de las muchas dolorosas historias vividas en medio de ese sepulcral silencio que resumiría el aluvión de sentimientos y emociones.
A la salida del cementerio, la imagen se detuvo para presenciar la inauguración de una placa conmemorativa, de lo que se encargaría la Corporación municipal presidida por el alcalde. Fue precisamente poco después cuando Miguel Rodríguez le haría entrega al Nazareno de las simbólicas llaves de Arcos que representan las puertas musulmana y cristiana de la antigua ciudad. El delegado de Cultura, Andrés Camarena, daría lectura al decreto correspondiente. Un detalle con el que el Ayuntamiento ha querido expresar una vez más su respeto a la hermandad del Nazareno por lo que significa para Arcos.
Otro momento clave de la tarde, con un sofocante e insospechado calor, fue la liturgia en la que el párroco y director espiritual de la hermandad recordó al repleto atrio del cementerio que la del Nazareno no deja de ser una imagen, “pero una imagen que nos abre las puertas a Dios”. Manuel Jesús Ortiz diría que la eucaristía es “el lugar donde se encuentran todos los cristianos”. Lo dijo en su espontánea y sentida homilía, desde un ocasional altar mayor presidido por Nuestro Padre Jesús mirando hacia los devotos. Junto a los miembros de la Corporación y representantes de numerosas hermandades de la ciudad, también se pudo ver en la cita al presidente del Consejo Local de Hermandades y Cofradías, Miguel Ángel Roldán.
La histórica visita del Nazareno también contó con la significativa asistencia del exalcalde de Arcos Juan Manuel Armario, quien precisamente hace veinticinco años concedió al Nazareno su título de Alcalde o Regidor Perpetuo en el transcurso de un solemne y unánime pleno. También recordaba ante ‘Viva Arcos’ su amplia experiencia como hermano y carguero del paso del Nazareno, una promesa que le legó su padre.
Tras la liturgia, ya con la tarde cayendo, la imagen ha puesto rumbo a la parroquia de San Pedro tomando en esta ocasión por las calles Camino de Bornos, Alameda, Peña Picada, Corredera, Cuesta de Belén, Deán Espinosa, Callejón de las Monjas, Marqués de Torresoto, plaza Boticas, Boticas, Núñez de Prado y parroquia, donde llegaría en torno a las nueve de la noche.
Las impresiones
El alcalde Miguel Rodríguez describía la jornada como “muy bonita” y emotiva por el reencuentro de la población con el Nazareno con el nexo de honrar a sus seres queridos, y matizaba ese carácter inédito e histórico de la visita, en lo que coincidía con el delegado de Cultura y Patrimonio, Andrés Camarena, que situaba una vez más este encuentro en el fomento de “la riqueza patrimonial de Arcos que hay que poner en valor”.
El hermano mayor del Nazareno se mostraba contento con la respuesta de la población, cumpliéndose así las elevadas expectativas de la organización, pero sobre todo satisfecho con el sentido de respeto y devoción con que transcurrieron el traslado y la estancia de la imagen en el cementerio.
Todos se congratulaban de la ingente cantidad de personas que el devocional acto congregó, no sin habilitar las necesarias medidas de precaución en torno a la seguridad pública, con la presencia en el recinto de Policía Local y Protección Civil. Además, el traslado extraordinario del Nazareno provocó el corte de decenas de calles. Asimismo obró el milagro de llenar bares que difícilmente ocupan todo su aforo. Y, por supuesto, los clásicos trastornos para encontrar una plaza de aparcamiento, lo cual fue más que predecible. Fue el otro lado de un evento que se comentará durante mucho tiempo.







