La Hermandad del Rocío de San Fernando alcanzó en 2006 uno de los hitos fundamentales de su historia al ser reconocida como filial número 104 de la Hermandad Matriz de Almonte. Dos décadas después, una conferencia reconstruyó este pasado sábado aquel año decisivo a través de documentos, fotografías, boletines, publicaciones y noticias de la prensa local y provincial. La exposición, a cargo de Natalia Gómez Torres, repasó los preparativos, los actos religiosos y comunitarios, el primer camino junto a la Hermandad de Puerto Real y la presentación en la aldea, además de conectar aquel comienzo con la evolución posterior de la corporación isleña. Fue presentada por Alejandro Gómez Torres, miembro de la Junta de Gobierno de la hermandad rociera isleña.
El reconocimiento se produjo durante el mandato de la junta de gobierno presidida por Manuel Torres Oneto, correspondiente al periodo 2004-2008. En aquella etapa, la hermandad contaba, entre otros miembros, con el padre Pedro Velo González como director espiritual, San Fernando ya había solicitado anteriormente ser filial, pero aquella primera petición no había prosperado debido al número de hermanos. La situación cambió cuando la Hermandad Matriz revisó el listado de filiales y retiró el título a Badalona, número 59, disuelta por el arzobispado de Barcelona y sin acudir a la romería desde 2003. El movimiento de puestos dejó libre el número 104, que finalmente recibiría San Fernando.
La Hermandad Matriz acordó nombrar filiales a San Fernando y Palomares del Río, como números 104 y 105, respectivamente. La noticia llegó a la corporación isleña por teléfono y la entrega de las credenciales quedó fijada para el 4 de febrero de 2006. Aquella jornada comenzó por la mañana con la presentación de 17 niños ante el Simpecado en la parroquia de la Sagrada Familia y continuó por la tarde en la parroquia de la Asunción, donde se celebró la misa y se hizo entrega oficial de la documentación. El acto estuvo acompañado por un discurso de agradecimiento del hermano mayor a la Hermandad Matriz, al Ayuntamiento de San Fernando, al Consejo de Hermandades, a las corporaciones rocieras y a todas las personas que habían contribuido al crecimiento de la filial, con una mención especial a la Hermandad de Puerto Real, designada madrina.
La obtención de las credenciales abrió una intensa etapa de preparación religiosa y organizativa. San Fernando participó en los actos cuaresmales, entre ellos el vía crucis diocesano celebrado en Algeciras, donde tuvo asignada la lectura de la décima estación. En mayo se celebró el Rosario de la Aurora por las calles de la feligresía, seguido de una misa cantada por el coro y un desayuno de convivencia. Después llegaron los primeros cultos de la hermandad como filial: el triduo y la función principal, predicados por el canónigo de la catedral de Cádiz Jerónimo Bernabéu Oset. El cartel de la romería fue presentado por José Moreno Fraile y el pregón corrió a cargo de Manuel Balcero, hermano de Puerto Real, presentado por María del Carmen Pedemonte Quintana.
La participación experimentó un crecimiento notable. Frente a los poco más de 50 romeros del año anterior, en 2006 se inscribieron 215 personas, integradas en una comitiva formada por 14 vehículos todoterreno, cinco tractores con sus bateas y tres carriolas. La hermandad comunicó su nuevo estatus al presidente del Voto de Doñana y explicó que en aquella primera ocasión caminaría junto a Puerto Real, aunque ya anticipaba su intención de realizar el camino en solitario al año siguiente. También se coordinaron distintas colaboraciones para facilitar el paso de la comitiva, entre ellas una ofrenda floral promovida por una asociación rociera de El Puerto de Santa María vinculada al convento del Espíritu Santo y gestiones relacionadas con el tráfico.
El lunes 29 de mayo, a las nueve de la mañana, San Fernando celebró su primera misa de romeros como filial. La comitiva salió de la parroquia de la Sagrada Familia y recorrió distintos lugares significativos de la ciudad: se despidió de la Virgen del Carmen, atravesó la calle Real y llegó a la Iglesia Mayor para rendir homenaje al patrón, San José. La Hermandad del Carmen recibió a los romeros y entregó varios ramos de flores, mientras otras corporaciones isleñas acompañaban la despedida. A las cinco de la tarde se produjo otro momento histórico: el Simpecado cruzó por primera vez el puente Zuazo, una imagen cargada de simbolismo para una hermandad que durante años había expresado en sus sevillanas el deseo de cruzar el río y llegar hasta la romería.
La primera noche se pasó en Puerto Real y, al día siguiente, ambas hermandades continuaron juntas hasta el embarque. Tras entrar por primera vez en el coto, San Fernando llegó a la aldea el jueves, aunque la presentación no se realizó hasta el sábado 3 de junio, a diferencia de la fecha habitual en la actualidad. La estancia fue todavía sencilla, con tiendas de campaña, carpas cedidas por el Ayuntamiento y lonas acondicionadas como capilla para proteger el Simpecado. La presentación junto a Puerto Real estuvo marcada por la emoción de los hermanos, que vivieron entre abrazos, lágrimas y celebraciones la llegada conjunta de las dos carretas al santuario. Después, la madrina ofreció una merienda a San Fernando y le entregó un rosario. La filial isleña participó además en la misa pontifical y en el rosario de antorchas.
La actividad de aquel primer año no terminó con la romería. San Fernando participó en diversos actos de la ciudad y del calendario rociero, como la solemnidad del Corpus Christi, el Rocío Chico, los cultos de la Virgen del Carmen y distintas bendiciones de Simpecados y retablos. El 24 de septiembre celebró su primera misa anual, en una jornada que también incluyó otros acontecimientos destacados en la ciudad. Tras la celebración, el Simpecado fue trasladado hasta la casa del abuelo Justo, en la calle Baltasar Tercero, con ofrendas florales y víveres destinados a la Hermandad Matriz. La primera Semana Cultural como filial y las iniciativas solidarias de diciembre, con la recogida de alimentos para Cáritas parroquial, completaron un año de intensa actividad.
La conferencia concluyó vinculando aquel momento fundacional con la trayectoria posterior de la hermandad. En 2016, con motivo del décimo aniversario, se celebró un quinario, se expuso el documento de nombramiento en el altar de cultos y se organizó una mesa redonda con antiguos hermanos mayores. Al llegar a 2026, la mirada se proyecta sobre veinte años de camino, crecimiento y compromiso. La historia de la filial 104 comenzó con un grupo de hermanos que hizo realidad el sueño de cruzar hacia el Rocío y continúa hoy con una corporación que sigue sumando integrantes, fortaleciendo su patrimonio y trabajando para mantener vivo el espíritu de aquella primera peregrinación.










