En la primera década del siglo XXI, el este mismo medio publiqué un pequeño artículo de opinión que se titulaba “la muerte de la carga”. Eran unas líneas jóvenes y pasionales en las que critiqué por aquel entonces a la cuadrilla de la Hermandad de Misericordia por haberse permitido innovar. Presagié en aquel momento, hiperbólicamente, que la carga de la isla corría serio peligro de desaparecer si se permitía otros estilos de carga. En aquel momento me sentía fiel defensor de las tradiciones de la isla.
El tiempo, la vida, la formación me han hecho ir modulando esta postura. No critico quien fui, sino que lo miro con cierto cariño y ternura. La pasión propia de un veinteañero, supongo.
Hoy me encuentro en otro punto. Considero que en la Isla no morirá nunca la carga tal y como muchas personas la entienden. La carga a las bandas, los quietos, los pasitos atrás. Nada de eso morirá. Muy posiblemente, la carga cañaílla permanecerá el tiempo que los cofrades de San Fernando quieran.
No deberíamos ser excluyentes. La Real Isla de León, cuna de la libertad en otros tiempos, puede permitirse acoger en su seno otros conceptos. Nuestra tradición está inspirada por diferentes corrientes. Y en las hermandades existe el anhelo de mejorar cada día sus cofradías. De ahí que encontremos cada año elementos que no son esencialmente propios de San Fernando: desde los ciriales y acolitados, las agrupaciones musicales, los palermos, los estandartes bacalaos, lo servidores y libreas y tantas otros elementos o tradiciones que otrora no se hacían en nuestra ciudad (penitentes repartiendo caramelos o estampitas, por ejemplo).
Muchas hermandades actualmente han decidido eliminar de sus cortejos elementos tan simbólicos y propios como eran las campanitas de las secciones, las campanas de pasos de palios, las banderas de la cofradías, las cruces que llevaban la hermandad del Perdón, los cirios de gasoil, los encuentros de los pasos en la recogía… elementos característicos y propios de San Fernando. Y sin embargo, todavía permanecen. Algunas hermandades mantienen algunos de estos elementos y otras tantas mantienen otros. En todas hay algo identificable con nuestra ciudad.
Lo mismo ocurre con los estilos de carga. Si bien esencialmente permanece la herramienta tradicional. No parece descabellado reconocer que ha existido una depuración de estilo en muchas de nuestras corporaciones. Y se han ido añadiendo elementos propios de la carga gaditana o sevillana. Y sin embargo la tradición se mantiene.
Hoy en día, creo que en San Fernando cabe todo lo que sus cofrades quieran. Desde la carga al hombro de la Hermandad del Rosario, hasta el denominado doble paso del Perdón. La Isla no es un elemento estanco sino en constante evolución. Enriquecer las tradiciones y permitir a las hermandades tomar sus propios caminos, permitir equivocarse o rectificar. O sencillamente cambiar de opinión habla de una sociedad madura y flexible.
Me gusta pensar en una Semana Santa que acoge, no que excluye. Una Semana Santa que sea reconocible para los isleños pero que también permita la individuación.
Estoy convencido que la carga de la isla no morirá. Al igual que lo estoy que se puede permitir una diversidad que engrandece.
Pablo Lobato de Enciso.






