Tras la eucaristía celebrada en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario del Arsenal de La Carraca la Virgen del Carmen Coronada comenzó su regreso a su templo para completar un fin de semana de celebración por el 125 aniversario de su Patronazgo sobre la Armada española.
De La Carraca a Puente Hierro
Era la una y media de la tarde cuando se comenzaba a conformar en el interior del templo castrense el cortejo, reducido, que acompañaría a la Patrona durante esta jornada. En el exterior del templo las autoridades civiles y militares en un lado y al otro formada la Unidad de Música del Tercio Sur de la Armada bajo la batuta de Ignacio Borrego.
La Santísima Virgen, sobre parihuela, sorteó la salida de la puerta principal del templo como ocurriera en la tarde del sábado a su llegada. Ya en la explanada exterior sonó el Himo Nacional, la Salve Marinera y la marcha procesional ‘La Virgen del Carmen’ de Camilo Pérez Monllor, en un acompañamiento que supo a poco tras el anuncio por parte de la Archicofradía del Carmen que esta formación musical estaría acompañando hasta la salida del arsenal militar.
Tras los últimos compases de la marcha de Pérez Monllor el cortejo transitó por el interior del arsenal buscando la salida del mismo, en el primero de los hitos de este regreso. La Patrona se despidió de la puerta de Carlos IV con la incorporación de la Banda de Música de la Unión Musical Maestro José Ribera que la acompañaría desde el control de acceso del arsenal hasta la recogida en el templo carmelitano. Una formación musical que estuvo por encima de las expectativas en una jornada dura, donde el calor y el duro viento de Levante en los primeros tramos fueron la nota predominante y que no mermó el acompañamiento musical que fue, sin duda también, muy inteligente, sabiendo forzar cuando se debía.
Y es que tras salir de La Carraca la parihuela, portada por la cuadrilla de José González García, tornó en un compás distinto, al son del tambor, presuroso, para quitarse todos los metros que distaban hasta Puente Hierro y desde aquí al polígono adyacente. Este ritmo marcado por el tambor fue llamativo, pero también necesario, ya que las condiciones -poco público, calor superando los treinta grados y el viento de Levante en su máxima expresión- obligaban a ello. Meritorio también el trabajo de esta cuadrilla, no solo en la jornada del viernes portando en paso a la Patrona sino también en los traslados del sábado y domingo.
En el Rocío, un rengue
Eran las tres de la tarde y el cortejo pasaba ya el Puente de Hierro. En el polígono del mismo nombre se sitúa la nueva casa de hermandad del Rocío de San Fernando. Allí, desde el inicio del mediodía, se congregaba mucho público haciendo -valga el simil rociero- un rengue en la jornada. La hermandad había engalanado la carreta blanca para la ocasión y se esperaba el paso de la Patrona desde hacía algunos días.
El cortejo llegó y con marcha la Santísima Virgen se enfrentó cara a cara, a la carreta isleña. Momento de máxima emoción en el que no faltó el canto de la Salve Marinera, los piteros y una petalada a la Santísima Virgen. No faltaron tampoco los vivas a la Virgen del Carmen y la Virgen del Rocío, Patronas de San Fernando y Almonte. Con algo de premura el cortejo volvió a formarse para regresar al itinerario previsto. Sonó ‘Rocío’ y con la marcha la Patrona se fue despidiendo de la familia rociera isleña en una visita que seguro se recordará durante mucho tiempo.
La Bazán junto al palio del Amor
En menos de media hora el cortejo recorrió el trayecto que dista desde la casa de hermandad del Rocío hasta la Parroquia de la Sagrada Familia. Allí, en la puerta lateral, esperaban las representaciones de las hermandades de Tres Caídas y Gran Poder junto a una imagen insólita, la de la Virgen del Amor en su paso de palio como si de la misma madrugada del Jueves Santo se tratara minutos después de recogerse la cofradía. Con la cera gastada el palio asomaba al dintel de la puerta por la que tanto años salió. Allí llegó la Patrona y encaró para responder a estas representaciones que estaban acompañadas del párroco, el Rvdo. P. José Manuel Carrascosa. Vivas a la Virgen del Carmen y la Virgen del Amor, volvieron a sonar las marchas y con ellas buena parte del barrio que no quiso perderse esta estampa. Una vez finalizado el saludo el cortejo volvió a retomar por el camino marcado hacia el Puente de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y con esto la llegada al barrio de la Pastora.
La Pastora: Epicentro de devociones
Pasaban las cuatro y media de la tarde cuando la Santísima Virgen aparecía por el final de la calle Marconi. Allí en este tramo en la confluencia con la calle San Dimas esperaba la Hermandad de la Misericordia, junto a su casa de hermandad, como primer recibimiento dentro del barrio pastoreño. La Virgen fue recibida con una petalada que la llevó hasta la puerta de esta misma calle del templo pastoreño. Esperaba el párroco, el Rvdo. P. Luis Palomino Millán, junto a la representación de las hermandades. En este caso, a diferencia de la Sagrada Familia, la Santísima Virgen entró en el templo pastoreño.
Allí el párroco dio la bienvenida asegurando que «hoy se encuentran dos advocaciones muy queridas, nuestra Patrona la Virgen del Carmen y la Divina Pastora, Copatrona de La Isla». También tomó la palabra, para sorpresa de nadie, el Hermano Mayor de la Divina Pastora, Manuel Mira Guerrero, que quiso recordar que «hace 30 años en su visita a esta parroquia en el 75 aniversario de su Patronazgo sore San Fernando, la Hermandad de la Pastora concedió la medalla de oro a nuestra Patrona».
Los jóvenes de las hermandades -de las cuatro- entregaron un obsequio en forma de ramo de flores a las plantas de la Santísima Virgen que fue despedida entre vivas y rezos volviendo a recorrer el interior del templo y saliendo por la calle Marconi y teniendo como despedida de la plaza un gesto hacia la familia de ‘Casa Naca’.
Dentro del barrio pastoreño, y antes de encaminarse hacia la feligresía de la Iglesia Mayor la Patrona recorrió la calle Santo Domingo, donde se encuentra la sede de la asociación de Jóvenes Cargadores Cofrades (JCC) de la que la Virgen del Carmen es Madrina. Sorprendió -y alguien debería explicarlo- que nadie de su Junta Rectora o reprsentantes de la asociación estuvieran al paso de la Virgen por su sede.
El centro: Plaza San José y Siete Revueltas
Dejando atrás el barrio de la Pastora por la calle La Herrán el cortejo desembocó al barrio de la Iglesia Mayor para desde Pérez Galdós buscar la Plaza de San José. Allí, en la Capilla de los Desamparados, esperaba una representación de la Hermandad de los Desamparados que sirvió como nuevo saludo a otra corporación de la ciudad. Desde la Plaza de San José -donde sonó Nazareno de Pasión, al igual que otras marchas isleñas durante el recorrido- el cortejo bajó por la pequeña escalera que dista con Tomás del Valle y de esta forma acceder a las Siete Revueltas.
Aquí el ritmo rápido del tramo anterior a Puente Hierro se volvió de otra cadencia totalmente distinta. Sonaron las marchas, entre ellas ‘Cristo Rey’, y en la parihuela se dieron pasos atrás, se gritaron vivas y continuaron lloviendo pétalos sobre la Santísima Virgen. Sin duda llegados a este punto y sin un retraso horario muy signficativo, se aprovechó también para que los fieles y devotos pudieran portar la parihuela, y el traslado fue nunca mejor dicho, del pueblo.
De regreso al Carmen
Empezaba a caer la tarde, la temperatura ya no era ni por asomo la de las primeras horas del recorrido y hasta el viento había amainado de forma mayúscula. Todo se alineba para que momentos como los vividos en Siete Revueltas se volvieran a repetir. Y así fue. Se escucharon las marchas, ya cercanos a la Parroquia de San Marcos Evangelista, y desde allí se fue buscando poco a poco la subida de la calle Carmen. Una subida con sabor a 16 de julio. Fue como un 16 de julio adelantado -en el calendario y el horario- pero con todos sus elementos.
Caía ya la noche y el cortejo enfiló la calle Real, pero por el lateral más cercano a la Parroquia del Carmen para no interrumpir -o molestar- el paso del Trambahía. Eran muchos los fieles que se congregaban junto al templo carmelitano cuando minutos antes de las nueve y media de la noche la Santísima Virgen cruzaba de nuevo el dintel de su casa. Algo menos de ocho horas de recorrido, barrios de La Isla, momentos, instantes, el andar del tambor o las marchas, el calor del mediodía y el fresco de la anochecida. Todo se reunió en una maratoniana jornada.
Todo hasta llegar a las últimas palabras, al final del Salve Madre, con ese ‘más si mi amor te olvidare, nunca te olvides de mi’ que puso punto y final a un fin de semana extraordinario junto a la Patrona. La Patrona de una ciudad que nunca se olvidará de Ella. Que nunca se olvidará que en el 2026 se cumplieron 125 años de su Patronazgo sobre una Armada española que en ocasiones, se olvida de su Capitana General.









