La Virgen del Rocío procesionó por las calles de Sevilla coronada. La primera vez que recorre Sevilla con la presea de su coronación canónica, que ha tenido lugar este sábado en una ceremonia religiosa presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses. La dolorosa del Lunes Santo salió bajo palio de la Catedral por la Puerta de San Miguel, en una tarde mucho más benévola, en cuanto a altas temperaturas, que días anteriores. Hacía calor, pero no la sensación sofocante de jornadas pasadas. Un alivio en este verano en alerta naranja.
Un verano que tiene en los olores sus credenciales, como el aroma a nardos que desprendía el paso de la titular mariana de la Redención. Esquinas de flores que recuerdan la cercanía de otro 15 de agosto, cuando sale en procesión la patrona de Sevilla. Junto a los nardos, rosas blancas.
La Virgen del Rocío lucía todos los regalos entregados estos días por hermandades e instituciones con motivo de su coronación. Sobre sus sienes, la gran obra que lleva el nombre de dos orfebres de referencia en este arte: José Delgado en el diseño y Jesús Domínguez en la ejecución. Colocada sobre las sienes de la sagrada imagen, la presea -conformada por más de 500 piezas- adquiere la armonía de la que hablaba Domínguez. Pese a la cantidad de elementos que la componen, no resulta pesada, gracias al doble aro que contiene, una de sus principales características que le otorga gran transparencia, como la del techo de palio presidido por la paloma del Espíritu Santo.
Desde el templo metropolitano al andén del Ayuntamiento. Tras ser recibida por las autoridades municipales, llegó el momento más esperado por el público, el trayecto que la llevó hasta la plaza del Salvador, en cuya iglesia se ha celebrado el pregón, el besamanos y el triduo preparatorio de la coronación. Allí la esperaban las hermandades rocieras de la capital y los coros, que, junto al sonido de los tamborileros, le rindieron con sus voces un particular homenaje. Fue el principal guiño a la romería que se celebra en tierras almonteñas cada Pentecostés, fiesta que tan presente ha estado en la ceremonia de este sábado en la Catedral y en la procesión de alabanzas en la noche de este ya domingo 6 de julio.
Y de allí, ya en la madrugada del domingo, la procesión siguió por Cuna, Laraña e Imagen hasta llegar a la Plaza del Cristo de Burgos. Desde este enclave, una vez abandonado los espacios más amplios, se adentró la procesión por las calles que la cofradía recorre cada noche de Lunes Santo. A los sones de la Cruz Roja fue buscando Santiago por calles profusamente engalanadas. Flores de papel, arcos, colchas y mantones para recibir a la dolorosa que coronaron en su corazón, hace 70 años, un grupo de cofrades. Siete décadas después, volvió a su casa llena del mejor Rocío, cuando quedaban algunos minutos para las cinco de la madrugada.






