El Centro de Congresos ‘Cortes de la Real Isla de León’ acogió ayer un nuevo acto dentro de la programación por el Año Jubilar que se celebra en el presente año organizado por el Arciprestazgo de San Fernando a través del Consejo local de hermandades y cofradías.
En términos taurinos se consiguió la mitad de la entrada, en un recinto de unas setenta personas la afluencia de público no superó la treintena, en lo que era una de las apuestas dentro de la programación de este Año Jubilar. Y es que siguiendo con los similes taurinos el matador -el conferenciante- suele repetir la faena una y otra vez cuando viene a San Fernando, es decir, domina de manera excepcional conceptos generales y la vinculación de estos con la imaginería y el arte en la capital hispalense pero cuando intenta hablar y adentrarse en lo propio del lugar -San Fernando-, pincha.
Y es que ayer la conferencia estuvo enfocada basándose primero en el concepto de la Esperanza para seguir su aproximación en el arte, encaminándose a la imaginería especialmente y a nuestra Andalucía como ámbito geográfico. Hasta aquí la faena completa, sin problemas.
Pero como decimos pincha -y siguiendo el simil hasta en dos ocasiones- cuando entra a matar hablando de las Esperanzas de San Fernando. Y aventurándose incluso a generar atribuciones o paralelismos con otras imágenes como la de la Virgen de la Esperanza de la Hermandad de la Expiración con la Esperanza de Triana. Más llamativo fue apreciar en la configuración de la boca de ambas dolorosas -tanto Esperanza como Gracia y Esperanza Coronada- una ejecución desarrollada a tenor de una advocación -la de la Esperanza- ya que hasta 1940 en la Virgen de la Esperanza o 1953 en Gracia y Esperanza Coronada no se le da estas advocaciones a las dolorosas, ya que ambas tenían otra anteriormente. Pinchazo, por dos veces.
Así finalizó la conferencia con la entrega de unas láminas de la Magna Mariana por parte del presidente del Consejo de hermandades, Manuel Antonio García López, y las palabras del Delegado de Urbanismo, José Luis Cordero Baro, con la que se ponía punto y final a este acto.







