Cuando pasaban pocos minutos de las doce del mediodía el telón del Real Teatro de Las Cortes se ha abierto para dar cabida a un nuevo anuncio de la Semana Santa isleña. Esta vez el encargado de hacerlo ha sido el cofrade de Medinaceli, Eduardo Coto Martínez, que fue presentado al auditorio por su amigo y cofrade tambén de la corporación del Lunes Santo, Javier Álvarez.
Un acto que ha contado con la participación de la Banda de Música de la ACM San José Artesano que con ‘Alma de la Trinidad’ y ‘Amarguras’ ha servido de hilo conductor para llegar hasta la intervención del pregonero.
El comentario de texto del pregón
Tras la presentación y la interpretación de ‘Amarguras’ el pregonero se acercó al atril y comenzó su disertación. El inicio, en un prolongado verso, quiso despertar al cofrade del letargo, preguntándole si había estado dormido en todo este tipo, La Isla hablándole al cofrade haciéndole ver cada uno de los elementos que conforman este tiempo, esta ciudad.
Los versos se remataron con un despertar del sueño, pero afirmando, en lo que sería el leitmotiv del pregón que “nuestra Semana Santa es todo el año”. Tras los saludos protocolarios y un guiño a las Glorias se adentró en los distintos capítulos que irían concatenándose; el primero: el Domingo de Ramos.
Un largo verso para referirse a esta jornada, un verso salpicado de versículos también con amplias referencias a las tres hermandades que centran la jornada. Tras el paso por el Domingo de Ramos el pregón se fue mediante una anécdota personal a hablar de la ‘escuela de cofrades’ en un guiño claro a los que han ido marcando la historia de las cofradías.
Una vez pasado por el taller de Manuel de los Ríos el pregón se fue al Martes Santo; misma estructura que el domingo, en versos -a diferencia del apartado anterior en prosa-. También tras el paso por los barrios cofrades del Martes Santo el pregón se fue, en verso, a la Pastora para dar una pincelada sobre la Hermandad del Ecce-Homo.
Llegados a este punto el pregón hizo un quieto en la devoción del pregonero, Medinaceli. Aquí el pregonero quiso dedicar esta exaltación a su padre, “por tanto que sigue dando, y por toda su devoción”. No se quedó en esta referencia familiar puesto que aseguró el pregonero que “hablar de Medinaceli es hablar de mi familia y hablar de mi familia es al mismo tiempo hablar de mi hermandad; es un binomio indisoluble”.
Desde aquí el pregón se fue a los ‘nazarenos’ a Jesús con la cruz al hombro. Desde Afligidos, Gran Poder, Tres Caídas o Misericordia fueron concatenándose en el verso del que sería el noveno capítulo de este pregón. Con la Virgen de la Piedad el pregonero quiso hacer un guiño a su mujer, Almudena, y la conexión que con esta dolorosa tuvieron en sus inicios como pareja. Esta escena del pregón también tocó la carga, en la que el pregonero ha desarrollado buena parte siendo parte de la JCC.
La cruz fue el siguiente eslabón de esta cadena pregonera. Con un guiño a la dedicación hacia los otros, el pregón volvió a buscar los versos para unirse a Nazareno y Dolores en una nueva madrugada de Viernes Santo. A los sones de ‘El último mohicano’ el pregonero ahondó en otra generación de cofrades poniéndole nombre y apellidos a muchos de los que en sus hermandades han dado una buena parte de su vida.
El acompañamiento musical también siguió con ‘La Pasión de Cristo’ para ahora acercarse a la crucifixión. Perdón, Expiración, Vera-Cruz y Sangre fueron dejando estrofas en verso para cada uno de los crucificados isleños. Aquí, en este recorrido casi evangélico de la Pasión, el pregón tuvo un nuevo alto, para hacer un guiño a las hermandades sacramentales, recordando la falta de una hermandad de la Santa Cena en nuestra ciudad.
Cristo muere en La Isla, y a los sones de nuevo de la banda sonora de ‘La Pasión de Cristo’ el pregonero se acercó a los Servitas -junto al Cristo de la Buena Muerte-, el Cristo de la Redención -de la Hermandad de la Soledad- o el de la Salvación -de la Caridad-, en otra ristra de versos concatenados.
No dejó pasar, ya en el último recorrido del pregón a las hermandades del Santo Entierro y Rosario, para dar una pincelada sobre la ONG Solidaridad Internacional Trinitaria y ver su labor por el mundo. No faltó, rematar esta parte, con una clara alusión a la Resurrección. La llegada de la Virgen de la Trinidad marcó el siguiente -y penúltimo capítulo- en un elogio en todas las dimensiones hacia la Madre de Dios.
El pregón llegó a su final, a su epílogo, junto a la música de ‘La Misión’ en un recuerdo al inicio de esta exaltación. En un llamamiento a los cofrades a “salir a la calle con fuerza y convicción” el pregonero gritó al despertar a una nueva Semana Santa, sin olvidar, y fueron sus últimas palabras “que la Semana Santa en La Isla, no es solo cosa de unos días, que la Semana Santa, en la Isla, para nosotros los cofrades, dura todo el año”.







