Este pasado viernes se ha dado a conocer, en el Molino de Mareas del Zaporito -una instalación municipal con un estado totalmente deplorable- la imagen en barro de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, una obra realizada por el imaginero malagueño Juan Vega, encargada para ser el origen de un movimiento asociativo cofrade que aún está por determinar.
Y es que este movimiento, que en un principio estaba encaminado a enrraizarse en San Fernando, parece que tiene visos de marchar a Cádiz y poder ser germen de un nuevo movimiento cofrade que tiene en esta imagen en barro su primer punto de partida.
Nuestro Padre Jesús de la Pasión se concibe, según su autor Juan Vega, como una representación de Cristo maniatado y humillado durante la Pasión, en el instante previo a su camino hacia el Calvario. La obra busca unir un marcado naturalismo anatómico con una profunda carga espiritual, evitando una representación excesivamente dramática para centrar la atención en la dignidad, el silencio y la soledad del momento.
El cuerpo, se representa en una composición de gran verticalidad y movimiento contenido. La cabeza aparece ligeramente inclinada hacia un lado, generando una expresión de recogimiento, abandono y dolor interior.
El paño de pureza constituye uno de los elementos escultóricos más relevantes. Su tratamiento presenta pliegues amplios, profundos y dinámicos, que contrastan con la precisión anatómica del cuerpo y proporcionan a la imagen una silueta especialmente rica desde diferentes puntos de vista.
La composición está concebida para ser contemplada en tres dimensiones, no únicamente de frente. Los paños, brazos y giro de la cabeza generan diferentes planos y permiten que la imagen conserve interés durante su exposición desde varios puntos.
El contraste entre la fortaleza física del cuerpo y la vulnerabilidad de Cristo maniatado constituye uno de los principales recursos teológicos de la obra. Es el hombre sometido exteriormente que, sin embargo, conserva toda su dignidad divina.
Concepto para Pasión
Dentro del proyecto de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, esta iconografía permite construir una lectura muy concreta: Cristo no pierde su dignidad cuando es atado. Es precisamente en su entrega donde comienza a manifestarla.
La obra puede convertirse así en una imagen con una identidad profundamente sacramental y penitencial.










