Los hermanos de la Divina Pastora celebraron este jueves el segundo día del Triduo a la Copatrona isleña. Una segunda jornada aplicada por las asociaciones deportivas y el barrio de la Pastora, así como por las Salineras del presente año.
Como en estos días los cultos daban comienzo a las ocho de la tarde con la Exposición de Su Divina Majestad, el rezo del Santo Rosario y el ejercicio del Triduo. La eucaristía, que volvió a oficiar el reverendo padre fray Juan Carlos González del Cerro, O.P., prior del Real Convento de Santo Domingo de Jerez de la Frontera, estuvo acompañada por representaciones del CD San Fernando 1940, el CD Pastora 1966, las asociaciones vecinales del barrio así como de los Jóvenes Cargadores Cofrades (JCC) y las citadas salineras.
En su homilía, Fray Juan Carlos González, presentó esta jornada como preparación para la solemnidad de la Virgen y la vinculó con la Asunción de María, profundizando en su título de Madre de la Santa Esperanza.
Durante la predicación, la esperanza fue presentada, junto con la fe y la caridad, como uno de los pilares de la vida cristiana. María fue mostrada como mujer de esperanza por su capacidad para escuchar y acoger la palabra de Dios. La verdadera sabiduría, explicó el celebrante, consiste en conocer la voluntad divina y encontrar en la Escritura la luz necesaria para discernir y tomar buenas decisiones. La reflexión se detuvo también en la presencia de María en los Hechos de los Apóstoles y en su maternidad sobre la Iglesia y los creyentes. En este contexto, el pasaje de las bodas de Caná adquirió un papel central, especialmente a través de las palabras de la Virgen: «Haced lo que él os diga», entendidas como una invitación a escuchar a Cristo y llevar su palabra a la práctica.
El milagro de Caná fue interpretado como expresión de la intercesión de María, presentada por los Padres de la Iglesia como «omnipotencia suplicante». El vino simboliza así la esperanza, la alegría y la vida que Cristo ofrece al mundo, mientras que el agua transformada anticipa la entrega de Jesús para la salvación de la humanidad. La homilía concluyó con una invitación a vivir bajo el «callado» de la Divina Pastora mediante la obediencia a Cristo. La palabra de Dios fue comparada con una azada que remueve la tierra endurecida del alma y con el agua que la prepara para recibir la gracia. El mensaje final volvió a las palabras de María en Caná: «Haced lo que él os diga».
Tras finalizar la eucaristía, y tras el canto de la Salve pastoreña, se hizo entrega por parte del Hermano Mayor, de los diplomas acreditativos a aquellos hermanos que cumplen en este año sus bodas de plata en la pertenencia a la nómina de hermanos pastoreños.










