La Divina Pastora de las Almas Coronada regaló un nuevo 15 de agosto en su salida procesional a un buen número de cofrades que la esperan cada año. Una procesión que auna tres tipos de público principalmente: el cofrade de San Fernando, el que viene de otras localidades y los vecinos del barrio que no quieren faltar a la cita.
Se presentaba una jornada calurosa, como los días de culto previo a esta procesión, con momentos rozando los 40 grados y con rachas de viento de Levante que marcaban que sería, como ya pasara en tantas otras ocasiones, una procesión calurosa. Nada nuevo, es agosto, y dentro del ADN pastoreño esto se presupone, se entiende y se tiene como un elemento más. Aún así estas temperaturas preocupaban por la participación del público algo que, pasadas las horas, se vio que no fue un motivo de preocupación alguno. Hubo público, mucho más que en otras ocasiones. Y aquí quizás el tercer elemento de la ecuación, la incorporación de una banda de música del primer nivel en la actualidad, la Municipal de La Puebla del Río, que logró también ser un nuevo reclamo a esta procesión. Con estos elementos se desarrolló principalmente un nuevo 15 de agosto pastoreño.
Un 15 de agosto que comenzaba, en su versión procesional, pasadas las siete de la tarde cuando en el interior del templo las distintas representaciones, hermanos y costaleros comenzaban a llegar. Un ambiente previo que auguraba un gran 15 de agosto que daba comienzo a las siete y media de la tarde tras el rezo por parte del director espiritula de la hermandad, el Rvdo. P. Luis Palomino Millán, y las palabras del Hermano Mayor Manuel Mira Guerrero que recordaba que «nada ni nadie os estropee el día».
La Santísima Virgen salía, con toda la luz de la tarde impactando sobre el dorado canasto, ante una plaza pastoreña con mucho público. Los allí congregados buscaban las zonas de sombra, y a la vez el paso por el arco instalado en la plaza por el ayuntamiento bajo el lema ‘Divina Pastora’. Allí paró el paso por vez primera, para continuar una primera parte del recorrido en la que destacó el paso por la calle Escultor Alfonso Berraquero, con el saludo habitual de la Hermandad del Ecce-Homo en su casa de hermandad.
No faltó tampoco el tradicional saludo a los ancianos que la esperan en la confluencia de Escaño y Colón. Allí la Virgen volvió a acercarse para, quizás, uno de los momentos más cercanos de su recorrido. La subida de la calle Colón mostró de nuevo que pese al calor, el público seguía acompañando a la Virgen buscando ya los puntos principales y más cofradieros de su recorrido. La calle Maestro Portela y el callejón San Miguel son, como cada año, de asistencia obligatoria. Allí se derrocha todo lo que la hermandad prepra durante el año en tan solo unos minutos. Y el público lo agradece.
En estos puntos destacó, como decíamos, la interpretación de las marchas por parte de la Banda de Música Municipal de La Puebla del Río, formación que ha venido a aumentar el nivel musical junto a la Copatrona isleña y que, además, atrajo a un buen número de cofrades que no quisieron perderse la cercanía para poder disfrutar de su interpretación musical. Muy destacable la interpretación, entre otras de ‘Caridad para mi Hijo’ tras pasar la calle Ancha o marchas de corte más alegre que encajan perfectamente con la idiosincrasia de la hermandad en la calle.
En el callejón San Miguel no faltaron los versos, pero no esta vez de Antonio Alías de la Torre, que cedió el balcón de su taller y este momento al cofrade isleño Angelo Montes de Oca. Como no faltaron los pétalos desde distintas casas de familias muy entroncadas en el seno de la hermandad en un regreso al templo en el que Marqués de la Victoria sigue siendo el bastión de lo natural, del barrio y las raíces que se ahondan en ‘la pastorita’. Desde aquí y hasta su recogida, que se marcó pasada la una de la madrugada, el público no bajó en afluencia, buscando rascar los últimos momentos junto a la Copatrona isleña llevada por la cuadrilla de hermanos costaleros.
Como una tanda torera, el remate final llegó con la llegada de nuevo a la plaza, el indispensable saludo a Casa Naca y el regreso bajo el arco hasta el templo poniendo, con la Salve pastoreña ya en el interior del templo, el broche final a esta jornada y cultos a la Divina Pastora de las Almas Coronada con una procesión en la que el buen ambiente cofradiero, el calor y las marchas sumaron cerca de 18.000 razones para no perderse cada año a la Pastora en las calles.









