La Divina Pastora, entre nardos y marchas clásicas, vuelve a reinar en un 15 de agosto completo de emociones



Como el canto que da entrada cada mañana de 15 de agosto en la Solemne Función, “feliz a la cita” volvieron los pastoreños al epicentro devocional de agosto en nuestra ciudad. No es para menos puesto que los días previos, con el Triduo a la Divina Pastora, ya anunciaba que un gran número de fieles, otro año más, acompañaría en su paseo por las calles a la Titular de esta corporación. No faltó nada.

Tras los nervios propios de las horas previas a las siete y media de la tarde se abrían las puertas del templo pastoreño para dejar paso a un coqueto pero completo cortejo procesional. Las piezas de orfebrería que anteceden al paso de la Pastora muestran sin duda el gran trabajo realizado en el aspecto patrimonial por su Junta de Gobierno en los últimos años.

Las hermandades de la parroquia acompañaron durante todo el recorrido a la Divina Pastora y antecedían junto a las representaciones políticas y de la junta de gobierno de la hermandad pastoreña al paso de la Divina Pastora. Cuando el cortejo comenzaba a salir el paso de la Pastora se movió dentro del templo tras la primera levantá que corrió a cargo de Rafael Rueda Cebada, hermano mayor de la Hermandad de San José, con motivo del aniversario fundacional que los josefinos celebran este año.

El paso se movió en el interior del templo y cuando ya encaró la rampa de salida, a diferencia de lo esperado, no sonó el Himno Nacional sino la marcha dedicada a la Santísima Virgen en esta advocación, “La Divina Pastora” de Camilo Pérez Monllor a cargo de la Banda de Música Enrique Montero de Chiclana de la Frontera. En una primera chicotá interminable a cargo de la cuadrilla de hermanos costaleros sonó también “Coronación” de Manuel Marvizón para dejar el paso en las inmediaciones de la confluencia de Santa Rosalía con Marconi.

El calor del mediodía no se dejó notar en las primeras horas en la calle y el público acompañó desde la salida en un número bastante más numeroso que en otros años. Tras recorrer las primeras calles del barrio el paso llegó a Cardenal Spínola donde cada año un grupo de ancianos de la parroquia, AFA Vitae y de las Residencias de la Cruz Roja, San José y Vitalia esperaban a la Santísima Virgen. Allí el paso se encaró ante estos ancianos y prosiguió su marcha. Hubo momentos en estos primeros compases del recorrido para el recuerdo de hermanos fallecidos o de cofrades reconocidos como Nene Carrillo. 

El cortejo se acercaba a la zona más céntrica de su recorrido, la calle Rosario, donde en la esquina con la calle Murillo se pudo ver una de las petaladas con las que hermanos y devotos agasajan a la Virgen. Tras Murillo, San Esteban y San Gaspar el giro ya tradicional con la marcha “Amarguras” para llegar al Convento de las Madres Capuchinas en el que se rezó una estación menor junto a una amplia representación de la Hermandad de Afligidos. Los cofrades del Lunes Santo, encabezados por su Hermano Mayor Manuel Muñoz Rivero levantaron el paso de la Pastora que continuó su transitar girando hacia la ventana de las monjas de clausura.

Por segundo año consecutivo los jóvenes pastoreños organizaron en esta misma calle del Convento de las Capuchinas una gran petalada que el paso de la Divina Pastora recibió mientras sonaba “Encarnación Coronada” y “Pasan los Campanilleros”. Sin duda otro lugar que se ha convertido en referente dentro de las seis horas en las que este cortejo pasea por las calles de La Isla. 

La vuelta al barrio, ya de anochecida, con una agradable temperatura y con el buen ritmo de la procesión hizo que en calles como Churruca o Ancha se congregara un gran número de personas que cada año acuden, de forma tradicional, a su cita con la Divina Pastora. Marchas de un corte más alegre como “Caridad del Guadalquivir” o “Aurora de Santa Marina” recibieron a la Pastora en Ancha para dejarla en Manuel Roldán tras el canto del coro que cada año canta unas sevillanas al paso de la Virgen por este punto.

El siguiente momento importante de la noche, el paso por el callejón San Miguel. Uno de los lugares que los jóvenes de la hermandad habían engalanado para el paso de la Pastora. Allí continuaron las marchas de corte más sobrio y no faltó la petalada que en la esquina con Doctor Cobos, otro de los aspectos que se han convertido ya en una tradición.

Las horas pasaban y se acercaba el último tercio del recorrido. El paso por la calle Bonifaz dejó un sabor agridulce. Allí, cada año, en la casa del imaginero isleño Alfonso Berraquero, no faltan los cantes, las marchas más alegres y el mecío acompasado de su cuadrilla de costaleros. Este año, a falta del propio Berraquero por razones de salud, faltaron todos estos aditamentos y los devotos y fieles de la Pastora rezaron, al llegar a su casa, por su pronta recuperación.

En las calles Marqués de la Victoria y Santa Rosalía si se notó un descenso de público, quizás motivado por el gran número de fieles que se congregó en la propia plaza de la Pastora para ver la entrada en el templo. Entrada que llegó a la una y media de la madrugada, tal como estaba previsto, tras pasar por el restaurante “Casa Naca” al que se le giró el paso, y tras varias marchas que dejaron de sonar cuando los cuatro zancos se posaron sobre el mármol pastoreño. Tampoco hubo Himno Nacional en la entrada, en la que sonó como última composición la marcha “Y en Triana la O”.

Tras esto el rezo de la Salve Pastoreña dentro de la Iglesia en la que algunos hermanos, con lágrimas en los ojos, despedían un 15 de agosto que mira ya a la próxima salida en el mes de septiembre como siguiente punto en el calendario pastoreño. Entonces se recordará el décimo aniversario de la Coronación Canónica de la Virgen y la Pastora irá hasta la Iglesia Mayor. Pero para eso aún queda algo más de un mes. Hasta entonces el recuerdo del 15 de agosto mantendrá las tertulias en un barrio que hoy ha vivido como es costumbre uno de sus días grandes. (ISLAPASIÓN).

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