Cualquier tópico de los ya repetidos durante el último cuarto de siglo en nuestras crónicas de la salida procesional de la Divina Pastora podría volver a repetirse. Y es que, aunque con algunas diferencias, la procesión de la Copatrona isleña mantiene unos estándares similares a años anteriores. Unos elementos básicos que se repiten cada año cuando agosto llega a la medianera del calendario y el calor es siempre la nota predominante de la jornada.
Por ello hablar del calor en la primera parte del recorrido, el mucho público en las aceras y el ambiente junto a la Virgen se da por sentado. Quizás los pequeños elementos que la modifican cada año hacen de esta una procesión diferente, con distintos atractivos. Sin lugar a dudas el más determinante en este 2026 fue el cambio horario de su salida, enclavada desde hace décadas en las siete y media de la tarde y que con un retraso de media hora sirvió para aminorar la exposición a estas temperaturas agosteñas en la primera parte del recorrido. Este cambio hizo variar especialmente las estampas del reflejo de la luz sobre el cortejo, y especialmente sobre su paso. Modificó ese primer golpe de luz que recibe la dorada canastilla y que, con esta leve modificación horaria, fue menor, como también modificó el momento quizás de la luz más especial de la tarde que en los últimos años coincidía con la primera parte de la bajada de la calle Maestro Portela -Ancha- y que en esta ocasión se daba en la subida de la calle Colón.
Con este elemento diferenciador sobre el pasado año a las ocho de la tarde se ponía sobre el enlosado de la Plaza de la Pastora la cruz parroquial que abría el cortejo pastoreño y que, a diferencia de años anteriores, marcaba en los primeros metros las representaciones de las hermandades parroquiales, así como la de la Pastora de Triana tras las Salineras del presente año. Junto a estas representaciones y abierto por el Simpecado de la hermandad -que volvió a procesionar- los hermanos pastoreños con cirios adelantándose a la presidencia del cortejo, último eslabón de esta cadena que finalizaba con el paso de la Santísima Virgen y la Banda de Música de La Puebla del Río que por segundo año acompañaba a la Copatrona isleña.
La Santísima Virgen se exponía entronizada en su paso procesional luciendo el manto de las granadas y la saya de las cartelas, tocada por la corona de Coronación Canónica. En la mano izquierda portaba el escapulario en recuerdo del LXXV Aniversario de la Coronación Canónica de la Virgen del Carmen, efemérides por la cual la primera levantá en el interior del templo corrió a cargo del Hermano Mayor de la Archicofradía carmelitana, Juan José Ruiz Richarte.
Sin variaciones en el itinerario, destacó el repertorio de la banda cigarrera con incorporaciones no habituales dentro de repertorios que se interpretan en San Fernando con marchas como ‘La Estrella trianera’, ‘Y María dijo: Sí’, ‘Virgen de la Granada’ o ‘Esos tus ojos’ entre otras. Un alto nivel interpertativo el de esta formación musical que repetía por segundo año.
Entre los momentos más destacados del recorrido destacó sin duda los instantes iniciales de la subida de la calle Colón con la luz de la tarde, el regreso del Coro Virgen del Carmen al final de la calle Ancha a interpretar su particular ofrenda en forma de canto a la Santísima Virgen. Fueron varias las petaladas, como siempre una habitual en San Miguel donde este año, junto a Antonio Alías, desde su balcón, fue María José Cao Rondán la que tomó la palabra ante el paso de la Divina Pastora. Sin duda en el ritmo de la procesión, se nota una celeridad más destacada en la segunda parte, haciéndose algo más lento los primeros tramos del itinerario.
El regreso por calles de una estética que acompaña menos a esta procesión siguió teniendo mucho público en las aceras, y también delante del paso, donde destacó la presencia de cofrades de otras localidades, en algún caso con formas no muy acordes a lo habitual dentro de este cortejo, y más en un intento de cantillanizar una procesión que intenta mantener la verdad de una procesión de barrio como hace tantas décadas.
Santo Domingo y Marconi sin duda marcan el final adelantado de la procesión. Pasada la medianoche el público no dejó de acompañar a la Virgen y además de las petaladas también Cayetano Fernández, dio la bienvenida de nuevo a su plaza a la Divina Pastora en forma de cante con su guitarra. Los últimos metros marcaban, ya pasada la una de la madrugada, el final de un nuevo 15 de agosto y el inicio de la víspera de 364 días para un nuevo día grande para los pastoreños de La Isla.













