El 2026 comenzó para la Banda de Música de la Unión Musical Maestro José Ribera con un concierto de música española que se desarrolló ayer en el salón de actos del Colegio La Salle. Un concierto que se dividió en dos partes.
La primera parte se abrió con Gitanería andaluza, de Pablo Cambronero, una obra llena de color y carácter que sirvió como carta de presentación del espíritu del programa. A continuación sonaron las Soleares de Germán Álvarez Beigbeder, donde la banda desplegó un sonido profundo y expresivo, evocando el cante jondo y la tradición andaluza. Uno de los momentos más emotivos llegó con la Canción húngara, de Alma de Dios, de José Serrano Simeón, interpretada con gran sensibilidad por la solista Julia Sánchez Gil, que arrancó una cálida respuesta del público. La primera parte se completó con Ronda en Castilla, de Ricardo Dorado, y El Capitán, de Camilo Pérez Laporta, dos obras de marcado carácter popular y descriptivo que pusieron de relieve la versatilidad y el empaste de la formación.
La segunda parte comenzó con la Romanza del Concertino para guitarra y orquesta de Salvador Bacarisse, en adaptación para banda de José Ramón González Barea. El guitarrista Jaime Bejarano Sánchez asumió el papel solista convirtiendo esta pieza en uno de los puntos álgidos de la velada. El programa continuó con Danza Oriental, de José Manuel Izquierdo, de atmósferas exóticas y contrastes rítmicos, y Granada, del compositor Agustín Lara, interpretada por el solista Adrián Molina Ruiz.
El tramo final del concierto estuvo marcado por Torre del Oro, de Ricardo Dorado, y Por el Puente Zuazo, de José Ribera Tordera, dos composiciones de gran fuerza evocadora que cerraron la actuación con un claro sabor a tradición y patrimonio musical español. El público respondió con prolongados aplausos, reconociendo el alto nivel artístico del concierto.
No quedó aquí la interpretación en este concierto puesto que se añadió la recuperación del pasodoble El espontáneo de Agripino Lozano Perea, una obra dedicada a Francisco Ruiz Miguel cuando aún no era matador de toros y saltaba a los ruedos como espontáneo en las distintas corridas. Esta obra, que no se ha tocado en décdas, ha sido posible gracias a un arreglo de Raúl Batista Maceas y Juan Antonio Duro López.






