El último de los días del Triduo a la Virgen de los Dolores es, en los últimos años, el marcado con más actos aprejados a estos cultos. En primer lugar durante toda la jornada se expone a la Santísima Virgen en Besamano recogiendo el cariño de los fieles junto a la Titular mariana de la corporación.
Además tras la celebración eucarística del tercer día del Triduo se lleva a cabo una nueva edición -en este año la XXV- del Pregón a la Virgen de los Dolores. Para ello junto a la misma y de la manera que se había expuesto en Besamano se disponen bancos en esta zona del templo y se desarrolla el Pregón.
Un pregón que en esta edición estuvo a cargo de la cofrade isleña María de los Ángeles ‘Gelen’ Castro Carrillo que fue presentada a los asistentes por el asesor artístico de la hermandad, el bordador José Muñoz Moreno.
Castro Carrillo hiló un pregón muy familiar desde el inicio. Para ello recordó un reconocimiento que a su padre, histórico cofrade de la hermandad, le regalaron hace cerca de cuarenta años y que preside la entrada de su casa familiar, la misma en la que como dijo la pregonera, a la Virgen se la llama Dolores.
Sin pertenecer a la nómina de la corporación pero con estas vivencias familiares -también sus hermanos han participado de distintas maneras del cortejo de la madrugada del Viernes Santo- quiso entroncar este pregón que fue interrumpido hasta en dos ocasiones por los aplausos de los hermanos y fieles que acompañaron el acto.
Al finalizar el mismo el Hermano Mayor, José Fernández Mora, quiso hacer entrega de la insignia en oro de la hermandad a la pregonera, que correspondió con el regalo de un pañuelo a la Santísima Virgen que fue colocado en ese mismo momento en las manos de la dolorosa.







