La Hermandad del Ecce-Homo inició este pasado sábado los cultos con motivo de la festividad de la Natividad de la Virgen con una Solemne Función que dio comienzo a las ocho de la tarde. La misma fue oficiada por el Rvdo. P. Luis Palomino Millán y contó con el Ensemble Jubilate Deo como acompañamiento musical.
Durante la celebración eucarística se bendijeron e impusieron los escapularios a los hermanos que previamente lo habían solicitado, como símbolo de amor a la Santísima Virgen. La eucaristía finalizaba con el canto de la Salve ante las plantas de la Virgen de la Salud que se exponía, por segundo año, en la parte baja del altar de diario junto a San Juan Evangelista.
Tras la celebración eucarística se llevó a cabo la II meditación a María Santísima de la Salud a cargo del cofrade isleño, y hermano de la corporación, Antonio Manuel Tocino Gómez.
Durante su intervención, Tocino Gómez profundizó en el misterio de la Encarnación y en el «sí» de María, antes de detenerse en los rasgos dolorosos de la imagen. Presentó a la Virgen como una madre cercana, especialmente junto a quienes atraviesan la enfermedad, la angustia o la pérdida, y subrayó que su dolor refleja la profundidad de su amor.
La meditación estuvo marcada también por la dimensión familiar de la devoción. El meditador recordó cómo aprendió a querer a María a través del ejemplo de su madre y evocó la figura de su abuela, ya fallecida, como una mujer que vivió estrechamente unida a la Virgen. En este sentido, destacó que la fe se transmite principalmente mediante los gestos, la oración y el testimonio cotidiano.
Antonio Tocino, colaborador de ISLAPASIÓN, reflexionó asimismo sobre la fragilidad de la fe y la necesidad de regresar a casa después de las dudas, los miedos o los momentos de alejamiento. Afirmó que creer no siempre significa tener todas las respuestas y que la devoción a la Virgen debe reflejarse en la forma de vivir, servir y acompañar a los demás.
En el tramo final, la meditación puso el acento en la esperanza y en la permanencia de María como madre a través de las generaciones. La hermandad agradeció al meditador sus palabras y su entrega, destacando que no se limitó a hablar de la Virgen, sino que abrió su corazón ante ella.
El acto concluyó con la entrega de un recuerdo por parte del hermano mayor, Ramón Cao Rondán, y con una invocación a María Santísima de la Salud como mujer de esperanza, pastora, consuelo y guía en el camino de sus hijos.










