Las hermandades franciscanas de San Fernando -Expiración, Divina Pastora y Medinaceli- han iniciado este pasado viernes un programa conjunto de actos con motivo del octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís, fallecido el 4 de octubre de 1226. La primera convocatoria se desarrolló en torno a la conferencia titulada “Francisco, ocho siglos”, pronunciada por fray Juan José Rodríguez Mejías, rector del Santuario de Nuestra Señora de Regla y guardián de la fraternidad franciscana de Chipiona.
Durante su intervención, fray Juan José Rodríguez Mejías planteó una cuestión central: qué deben hacer hoy los cristianos y las hermandades con la herencia espiritual recibida de San Francisco. El religioso defendió que el franciscanismo no puede contemplarse como una reliquia histórica ni como una tradición desligada de la vida cotidiana, sino como una forma concreta de vivir el Evangelio en el presente.
La ponencia se articuló en torno a cinco rasgos esenciales: la contemplación de Cristo crucificado, la fraternidad, la minoridad o sencillez, la perfecta alegría y la desapropiación. A través de pasajes bíblicos, episodios de la vida de San Francisco y ejemplos vinculados al mundo cofrade, el conferenciante propuso una revisión profunda de la identidad y la misión de las hermandades franciscanas.
El primer eje fue la cruz. Para San Francisco, explicó el ponente, Cristo crucificado no representa únicamente una imagen de devoción, sino la expresión suprema de un amor que se entrega sin reservas. La contemplación de los titulares cristíferos, por tanto, no puede quedarse en la emoción o en la admiración artística, sino que debe llevar a reconocer a Cristo en los enfermos, los necesitados y todas aquellas personas que reclaman atención, perdón y servicio.
La fraternidad ocupó buena parte de la reflexión. Rodríguez Mejías recordó que San Francisco resumió su experiencia con la expresión “el Señor me dio hermanos” y llamó a superar una concepción de las hermandades como simples organizaciones administrativas o grupos de socios. En su lugar, defendió comunidades capaces de acoger las diferencias, acompañar las fragilidades y convertir la convivencia diaria en una verdadera experiencia de fe.
En este sentido, también reivindicó el carácter de servicio que deben tener los cargos cofrades. El hermano mayor, señaló, debería entenderse franciscanamente como un “hermano menor”, llamado a servir y no a imponerse. La minoridad no consiste en aparentar pobreza ni en buscar reconocimientos, sino en vivir con sencillez, poner los propios dones a disposición de los demás y aceptar incluso las tareas menos visibles como una forma privilegiada de entrega.
La perfecta alegría fue presentada como una actitud de esperanza en medio de las dificultades. No se trata de una sonrisa fingida ni de ignorar los problemas, sino de conservar la paz interior cuando las circunstancias no responden a lo previsto. Las dificultades económicas, las inclemencias meteorológicas, los conflictos internos o las decepciones forman parte de la vida de las hermandades, pero no deben apagar la confianza en Dios ni la capacidad de perdonar.
El quinto rasgo, la desapropiación, fue definido como la libertad interior frente a los bienes, los méritos, los cargos y el prestigio. El ponente subrayó que la pobreza franciscana no consiste únicamente en carecer de posesiones, sino en evitar que cualquier objeto, reconocimiento o responsabilidad se convierta en el centro de la propia identidad. La conferencia concluyó con una llamada a que las hermandades de San Fernando sean instrumentos de paz y bien, capaces de encarnar hoy la sencillez, la fraternidad y la alegría de San Francisco.
La jornada finalizó con el agradecimiento a fray Juan José Rodríguez Mejías y la presentación de las próximas actividades del programa conmemorativo. Entre ellas figuran una vigilia de jóvenes el 3 de octubre, al término del triduo dedicado a San Francisco, y una peregrinación de las hermandades de Pastora y Medinaceli a San Francisco el 4 de octubre. Como recuerdo del encuentro, los hermanos mayores entregaron al conferenciante un rosario franciscano elaborado con madera del huerto de los olivos.










